La sombra de los perros románticos (Navona, 2026) es el último libro de Jose Serralvo, un autor al que conocíamos en su faceta como narrador, en concreto como escritor de novelas como Los elegidos (2013) o El niño que se desnudó delante de una webcam (2015). Enrique Murillo lo ha reivindicado últimamente en numerosas entrevistas y más concretamente en su ya mítico Personaje secundario, sus memorias de editor. Fue esta furibunda reivindicación lo que me hizo interesarme por este autor del que ya tenía noticia, aunque no había leído nada suyo. Entonces me topé con La sombra de los perros románticos, una biografía sobre Roberto Bolaño. Me apetecía, para conocer el talento narrativo del autor, acercarme a sus novelas, no precisamente a una biografía. Sin embargo, me equivocaba; con este nuevo libro uno puede apreciar perfectamente el talento narrativo de Jose Serralvo igual que si leyese una novela. Y es que al abrir las páginas de La sombra de los perros románticos uno no siente que esté leyendo una biografía al uso, es decir, un texto plagado de datos que resulta difícil de seguir para cualquier lector que no tenga un desmesurado interés hacia el biografiado. Muy al contrario: uno lo que percibe es que está leyendo una novela de aventuras donde vida y literatura se dan la mano en cada página. Y no solo porque Bolaño represente por igual a esos dos tipos de escritores de los que hablaba Borges: los que han leído y los que han vivido. Porque en esta biografía Serralvo nos desgrana buena parte de los libros que devoraba Bolaño, ese enfermo de la lectura y la escritura; al tiempo que nos habla de los múltiples viajes que realizó por todo el mundo, sus diferentes residencias, los trabajos de todo pelaje que desempeñó para pagar las facturas antes de convertirse en un escritor profesional y, poco después de su muerte, en un mito. Hablamos, además, de que en estas páginas, junto a la vida, se da cita la literatura porque esta biografía está escrita, a diferencia de muchas que se publican, con pulso narrativo y una prosa rica, personal, inteligente que, a ratos, despliega un sugerente lirismo. Quizá el pasaje de mayor voltaje lírico sea aquel en el se recogen esas veladas sensuales entre Bolaño y el primer gran amor de su vida, Lisa Johnson, donde el biógrafo emula el estilo de aquel archiconocido capítulo de Rayuela, una de las obras de cabecera de nuestro detective salvaje.
No obstante, esta novela de aventuras, narrada con un cautivador ritmo narrativo y una prosa por momentos brillante, no es una bagatela bien contada, una bolsa de patatas fritas enorme y colorida pero con más aire que patatas. Se trata de una biografía perfectamente documentada, en la que cada palabra se sustenta en alguna carta, testimonio o algo que lo refrende.
Pero Serralvo no pretende atosigar al lector con toda la información que ha recabado. Cuando considera necesario hacerlo, utiliza, además, las notas a pie de página para evitar interrumpir el flujo de la narración. Es ahí donde, a menudo, plasma testimonios que contradicen la versión que el propio Bolaño aporta sobre su propia vida o que sirven para dar veracidad a lo que estamos leyendo. Por ejemplo, cuando nos habla del tiempo que Bolaño pasó entre rejas al poco de estallar el golpe de Estado de Pinochet. En aquellos ocho días resulta que Bolaño se topó con dos carceleros que fueron con él, en la adolescencia, al Liceo de Hombres de Los Ángeles, en Chile. Gracias a este encuentro fortuito, en el que los dos jóvenes reconocieron a nuestro autor pese a que hacía años que no lo veían, Bolaño pudo salir de aquella cárcel por su propio pie y no con los pies por delante. Esto, que resulta difícil de creer, y más sabiendo que Bolaño era dado a las mistificaciones o, mejor dicho, a la mentira —como cuando dijo que tenía un abuelo coronel del ejército cuando en realidad era un burócrata—, queda confirmado mediante las notas a pie de página, donde Serralvo nos da suficientes referencias para convencernos de que ahí Bolaño no mentía. Por otra parte, cuando resulta poco fiable lo que este dice de sí mismo pero no hay pruebas para llevarle la contraria, Serralvo nos lo hace saber. Como cuando, a lo DiCaprio en Titanic, trató de colarse en unos camarotes de primera clase para asistir a un baile.
Y toda esta novela de aventuras apasionante no pierde de vista en ningún momento lo fundamental: que la mayor obsesión de Bolaño, más que los viajes y las mujeres, fue siempre su vocación literaria. Y que en ningún momento la perdió de vista. Ni cuando andaba enamorado de Lisa Johnson, ni cuando pasó aquellos ocho días interminables en la prisión, ni cuando se mudó a Barcelona y ejerció de vigilante de cámping o de mayordomo. La lectura y la escritura siempre estuvieron ahí, en los momentos más desesperanzados. Como dice el propio Bolaño: “Como una culebra en el Polo Norte, pero escribiendo”.
Y fue ese empeño, esa obsesión, y el talento inconmensurable que tenía los que le llevaron al éxito. Un éxito del que muchos dudan y consideran el resultado de una elaborada campaña de publicidad. A aquellos que sostengan esto, les invito a leer esta biografía. Si la leen, enseguida cambiarán de opinión. Serralvo nos desvela a un verdadero obrero de la pluma, un tipo que partió de la nada y que, después de mucho escribir, de mucho cortar cabelleras (como él llamaba a ganar a premios literarios) y de mucho recibir noes de todas las editoriales que en este mundo han sido, consiguió eso que llaman gloria. Pero una vez que la obtuvo, la enfermedad de escribir no remitió. Y siguió escribiendo. Nunca se acomodó en el éxito, sino que siguió dedicando jornadas maratonianas a la escritura. Serralvo nos deja claro que la enfermedad de escribir de Bolaño era más fuerte que todo lo demás, más fuerte incluso que la enfermedad que lo estaba devorando. Desmayado en algún autobús, el último pensamiento antes de quedar inconsciente era la escritura, ese viaje largo largo largo, que a diferencia de aquellos de su juventud, nunca dejó de emprender con cada poema, con cada relato, con cada novela. Un viaje que sus lectores de siempre y las nuevas generaciones siguen, sin que él lo sepa, recorriendo de su mano.
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Autor: Jose Serralvo. Título: La sombra de los perros románticos. Editorial: Navona. Venta: Todostuslibros.


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