Samanta Schweblin ha sido la ganadora de la primera edición del premio Aena de Narrativa Hispanoamericana, dotado con un millón de euros, por el libro de relatos El buen mal (Anagrama). Los españoles Enrique Vila-Matas (Canon de cámara oscura) y Marcos Giralt Torrente (Los ilusionistas), el colombiano Héctor Abad Faciolince (Ahora y en la hora) y la chilena Nona Fernández (Marciano) eran los otros candidatos a este galardón.
El jurado de esta edición ha estado formado por Rosa Montero, como presidenta, Pilar Adón, Luis Alberto de Cuenca, Jorge Fernández Díaz, José Carlos Llop, Elmer Mendoza y Leila Guerriero. Como entidades colaboradoras han participado en el premio la Fundación Gabo y la Cátedra Vargas Llosa.
La dotación del premio principal iguala a la del Premio Planeta, el más cuantioso hasta ahora. Le siguen el Premio Alfaguara, con 175.000 dólares o el Fernando Lara, con 120.000, la misma cantidad que el Cervantes, que concede el ministerio de Cultura y es el más prestigioso de las letras hispanas.
En El buen mal, su nuevo libro de cuentos, los personajes de Samanta Schweblin se encuentran en un punto de no retorno, encandilados por el fulgor de la inminente tragedia. Vulnerables y profundamente humanos, están atrapados en ese instante en que lo extraño asoma a sus vidas para transformarlas, dejando a algunos de pie frente al dolor, a otros dialogando con la culpa o la ternura y a todos atravesados por la incertidumbre.
La prosa de Schweblin combina tensión y verdad para construir un universo literario en el que los monstruos de la vida cotidiana nos miran desde tan cerca que casi podemos sentir su aliento. Su escritura provoca en el lector asombro e inquietud, un estado de alarma que al mismo tiempo lo transporta a un mundo hipnótico tan reconocible como extraño



Para empezar, pido que nadie me malinterprete. Soy una firme defensora de la literatura y ávida lectora, y creo que los premios son un incentivo estupendo para reconocer el trabajo de los escritores. Dicho esto, hay algo que no me acaba de convencer de este premio en concreto.
Me parece genial que se premie el talento literario y que se siga fomentando la lectura, que siempre es necesaria. Otra cosa, no obstante, es que este premio lo financie Aena, una empresa de capital semipúblico (51% estatal), es decir, con dinero de todos los contribuyentes. No ocurre lo mismo con otros grandes galardones de inversión privada, como el Planeta o cualquier otro, cuya financiación no sale directamente de nuestros impuestos.
Además, no solo la ganadora recibe 1.000.000 €, sino que cada uno de los cinco finalistas ha recibido 30.000 €. Esta cantidad, por sí sola, equivale al premio Nadal, por poner un ejemplo. Vamos, que no es una inversión baladí.
No critico el fondo (la literatura siempre es y será bienvenida), sino la procedencia del dinero en un contexto donde los aeropuertos tienen serios problemas de gestión, huelgas y falta de servicios. 1.000.000 € da para muchas cosas, quizás y por qué no, también para crear bibliotecas itinerantes o salas de lectura en los aeropuertos, en lugar de regar con dinero público a escritores ya consagrados (y con grandes editoriales detrás). Eso sí que sería fomentar la lectura de verdad. Y la equidad.