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Santiago Muñoz Machado: «Elegiría a Miguel de Cervantes como miembro de la Academia»

Santiago Muñoz Machado: «Elegiría a Miguel de Cervantes como miembro de la Academia»

Santiago Muñoz Machado ocupa el sillón con la letra R, e ingresó en la Academia el 26 de mayo de 2013 con el discurso titulado Los itinerarios de la libertad de palabra, al que le respondió, en nombre de la corporación, José Manuel Sánchez Ron. Desde el 10 de enero de 2019 es el director de la RAE. Muñoz Machado acaba de publicar Cervantes (Planeta, 2022), un libro contado a partir de los fragmentos de autobiografía que el escritor dejó en sus obras. Este libro convoca y cruza, de un modo enriquecedor y novedoso, la biografía, la crítica literaria, el contexto histórico y el análisis de los conjuntos temáticos que más atrajeron a Miguel de Cervantes.

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—Uno se enfrenta a su nuevo libro de casi mil páginas pensando que es una biografía de Cervantes y se encuentra con un mundo.

—Efectivamente. No se trata de una biografía, sino que es un libro que recoge la vida, la obra y el tiempo de Miguel de Cervantes. Esa sería la manera justa de subtitular este libro.

—Pero después de Astrana Marín, ¿qué se puede decir?

"No se trata de una biografía, sino que es un libro que recoge la vida, la obra y el tiempo de Miguel de Cervantes"

—Muchísimas cosas. Para empezar, se pueden decir las cosas de otra manera y de forma más ordenada. Astrana escribió unos magníficos siete volúmenes que fueron, indudablemente, una aportación fundamental al conocimiento de Cervantes. Una obra en su momento “definitiva”. Pero desde 1948 algunas cosas nuevas han ido apareciendo en los archivos y todo eso debe ser incorporado con rigor y orden a lo que él aportó, enriqueciendo con nuevos estratos el conocimiento de Miguel de Cervantes y de sus escritos.

—Unos estratos de quinientos años aportados por los numerosos biógrafos de Cervantes que parecen haber atendido más a las luces que a las sobras de este hombre.

—Claro. Todo el mundo quiso contar, incluido Astrana, que fue el epígono, no el iniciador de esto, la vida de un soldado valeroso y ejemplar. Pero los investigadores poco a poco fueron descubriendo que detrás de esa leyenda construida había un ser humano. Singular o excepcional, si queremos, pero humano, al fin y al cabo, con todos los vicios y todas las peculiaridades de una vida compleja, como fue la suya.

—¿Cuáles son, a grandes rasgos, esas sombras humanizadoras del hombre Miguel de Cervantes?

"Las relaciones de pareja cruzan, divertidas, trágicas, singulares, todo el Quijote"

—Pues por citar un tema recurrente, era un hombre con amantes, hijas naturales y hermanas abarraganadas. Tal vez por eso su vida familiar fue mantenida en la más discreta de las sombras por sus biógrafos. Sin embargo, estudiada ahora su época con mayor detalle y con una historiografía más completa y objetiva, podemos mirar con otro tipo de moralidad y valores aquel momento y aquel tipo de sociedad, donde las relaciones extramatrimoniales eran tan normales como pudiera serlo el matrimonio. Simplemente se planteaban como una alternativa.

—Tal vez por eso la obra cervantina atiende una y otra vez a ese tema.

—Es innegable que la vida sentimental de Cervantes fue agitada. No hay argumento más repetido que las relaciones de pareja que cruzan, divertidas, trágicas, singulares, todo el Quijote. Y su obra más querida, editada póstumamente, el Persiles, trata precisamente de parejas que peregrinan juntas cada una con su pequeña historia, pero ninguna de ellas se narra con excepcionalidad, sino como algo natural. Esto de tener un pie en el mundo pretridentino y otro en el tridentino supuso para el Cervantes escritor una suerte de fuente literaria extraordinaria.

—Otro tema cervantino recurrente que usted refleja en este libro es el mundo mágico.

"Cervantes maneja la literatura de su tiempo con soltura"

—Es evidente que en el Quijote aparecen muchas situaciones que tienen que ver con el mundo mágico, extraordinario o maravilloso. Los encantamientos y los magos, algo propio de los libros de caballerías, es un argumento literario muy reiterado en Cervantes. Pero también las brujas. En El coloquio de los perros son tres brujas las que centran la parte sustancial del cuento y en el Persiles aparecen distintas hechiceras, por poner solo dos de los más famosos ejemplos. En fin, este es un tema que indudablemente le apasiona porque en su época la creencia en las brujas está muy generalizada. Por tanto, al contrario de lo que pudiera haberse dicho en alguna ocasión, tratarlo en la literatura no denota una persona poco cultivada, sino alguien que está dentro de su tiempo. Yo en el libro, y a propósito de esta contextualización, cuento cómo el escritor de ciencia política más importante de final del siglo XVI, Juan Bodino, contemporáneo de Cervantes y autor de una obra fundamental, Los seis libros de la República, en cuyos fundamentos se inspirarían Locke y Hobbes, escribió nada menos que el Démonomanie des sorciers, “sobre la adoración demoníaca de las brujas”, que sirvió como argumento en innumerables procesos inquisitoriales contra brujas, convirtiéndose además en uno de los libros más prestigiosos de su tiempo.

—Pero la fuente de inspiración para la obra cervantina emana, sobre todo, de la calle.

—Cervantes, hombre culto, toma fundamentalmente sus inspiraciones de dos fuentes: de la calle y de los libros. Como hombre culto es hombre muy leído, y esto es innegable. Él maneja la literatura de su tiempo con soltura. Pero a eso hay que unir, como decíamos antes, que es un hombre de su tiempo que además posee muchos argumentos personales. Todas esas vivencias, unidas a su fructífera imaginación, asientan el brillo novedoso de su escritura.

—El contexto histórico es fundamental para poder no solo entender, sino disfrutar en toda su dimensión, la obra de Cervantes. Esta biografía se ocupa ampliamente de ello.

"Su ajetreada biografía le dio muchas oportunidades de conocer la ley a fondo"

—El contexto histórico en el que Cervantes escribió sus libros es algo que no ha sido tan cultivado como otros aspectos de su biografía y su obra. Hay muchísimos análisis de la obra cervantina, pero la época histórica en la que él escribe en relación con su obra está menos trabajada, me parece. Uno de los volúmenes de la Historia de España de Menéndez Pidal se llama El siglo de Cervantes y hay referencias a todo esto, claro. También en el Quijote de Rico hay un capítulo de Domínguez Ortiz dedicado a este asunto, además de alguna monografía suelta. Pero el estudio sistemático de la época —cómo eran los reyes y condes y validos, la corrupción en la designación de los altos cargos y un largo e interesante etcétera desenmarañado de la obra de Cervantes— me parece que, de una manera sistemática, documentada y exhaustiva, es la primera vez que se hace.

—¿Sabía Cervantes de leyes?

—Muchísimo. Sabía de leyes como persona culta, pero también como hombre que las había sufrido. Su ajetreada biografía le dio muchas oportunidades de conocer la ley a fondo. Pero también su ámbito familiar. Se sabe que sus hermanas e hijas mantuvieron numerosos pleitos. Hay obras de Cervantes que están cruzadas por argumentos jurídicos. Por destacar lo más notable, la historia de los galeotes es un episodio lleno de reflexiones jurídicas.

—¿Cuál es el mejor crítico del Quijote en su opinión: Menéndez Pelayo, Juan Valera o Menéndez Pidal?

—Bueno, Menéndez Pidal más que crítica lo que hizo fue apuntar una fuente posible del Quijote. Personalmente, me parece muy valiosa la posición de Valera, pues resaltó como ninguno que lo que había que ver en el Quijote, por encima de los estudios sesudos, era la maravillosa obra de entretenimiento. Se sublevó contra los otros críticos, tradicionales y eruditos, defendiendo a capa y espada la felicidad lectora de una obra gustosa hecha para entretener sin por supuesto renunciar al reconocimiento del Quijote como un ejercicio literario extraordinario e irrepetido. Todas fundamentales visiones, y otras tantas, quedan revisadas en profundidad en esta biografía que ahora presento.

—En su faceta de lector ¿se enfrenta usted al Quijote por divertimento o por erudición?

"Es una obra literaria grandiosa, irrepetible, maravillosa. Se agotan los adjetivos"

—A mí me parece un documento muy importante para conocer esa época porque es un reflejo lúcido y complejo de la sociedad y la política de su tiempo, pero sobre todo es una obra literaria grandiosa, irrepetible, maravillosa. Se agotan los adjetivos. Hay muchos que han intentado encontrar en la obra de Cervantes al gran economista, o al jurista, al astrónomo o al sabio universal. Yo opino que no era nada de eso. Cervantes fue un hombre imaginativo y curioso que se interesó por todas esas ciencias y las utilizó literariamente.

—¿Qué puede hacer la RAE para devolver la lectura gozosa del Quijote a las aulas en particular, y a las manos del lector en general?

—La Real Academia y su director lo que pueden hacer es lo que están haciendo este año, que es recordar que Cervantes es el mayor novelista que hemos tenido y por tanto una persona y una obra que deben ser continuamente recordados. Imponer la lectura del Quijote o de cualquier otra obra es imposible. La literatura no entra a base de forzar. Lo que hay es que hacerla circular y difundirla todo cuanto podamos. Propagar a los cuatro vientos la calidad de esta obra literaria.

A propósito de esa difusión pienso en el Barrio de las Letras de Madrid, con la Casa-Museo de Lope de Venga reconstruida hace dos siglos a instancias de la RAE. ¿Cree usted que se podría hacer algo similar para cervantizar el Barrio de las Letras?

—Ya no es tiempo de esto. Esa idea la manejaron algunos literatos ilustres a mediados del siglo XIX. No se debió tirar la casa en la que había vivido y muerto Cervantes, pero se tiró y se hicieron apartamentos. Deberíamos plantar estatuas en más lugares y solo se plantó una en la plaza de las Cortes, tardíamente. Yo creo que ahora la memoria histórica de Cervantes como persona está suficientemente defendida. Lo que hay que procurar es que se mantenga en la vida cotidiana y que sea utilizada y leída su obra. En ese sentido la Academia acaba de abrir una Semana Cervantina, inaugurada con Jean Canavaggio y Francisco Rico.

—¿Ha leído ya don Francisco Rico su libro?

—Ha debido de leerlo, porque se lo mandé la semana pasada.

—¿No ha tenido feedback, como dirían los jóvenes?

—No he tenido feedback, pero estoy seguro de que le ha gustado muchísimo porque él es una persona conocedora del asunto y este libro le parecerá muy novedoso. Rico no se ha dedicado a lo que yo me he dedicado; su dedicación ha estado centrada en anotar y hacer una edición crítica del Quijote.

—¿Hay más cervantistas o más quijotistas en este país?

"Cervantistas hay muchísimos, desde luego"

—No lo sé. Buena pregunta. Cervantistas hay muchísimos, desde luego. Pero los cervantistas son inevitablemente quijotistas, claro. En fin, afortunadamente, el que haya muchos que se proclamen cervantistas significa que hay todavía buen gusto literario en este país.

—Cervantes es un personaje que cae bien. ¿A qué cree que se debe?

—Cervantes tuvo en general una vida muy desgraciada: huye de España no se sabe muy bien por qué; lucha en Lepanto y le desgracian un brazo; es secuestrado y está a punto de morir; lo encarcelan en Argel, regresa y no le conceden el único cargo que pide para empezar una nueva vida en América; tiene una familia desastrosa, vive miserablemente porque no consigue dinero para sus obras y, para colmo, sus mecenas tampoco son demasiado generosos, a pesar de las dedicatorias enfáticas y muy generosas del pobre Cervantes. Y todo eso lo lleva con una paciencia infinita y admirable y sin abandonar el buen humor. Con estas condiciones y siendo los españoles como somos, ¿cómo no va a resultar el desgraciado Cervantes una persona adorable? (risas) Pues bien, a pesar de todo eso, la obra de Cervantes está llena de simpatía. Yo todavía a estas alturas me río con su gracejo y su manera de contar las cosas.

—Cómo Director de la RAE ¿a quién propondría como nuevo académico: a Lope, Quevedo o a Cervantes?

—No me quedo con ninguno de los tres (risas). Menos mal que no hemos tenido que plantearnos aquí ese espinoso asunto.

—Pero si tuviese que elegir a uno de ellos…

—Elegiría a Cervantes.

—Pues con eso está dicho todo. Otra cosa es que el resto de los académicos lo votaran, porque en esta casa todo puede pasar… Muchas gracias, director.

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Pepehillo
Pepehillo
2 meses hace

Claro que abundaban las relaciones extramaritales en tiempos de Cervantes… Y la prostitución, la sodomía, etc. Lo único es que no era percibido como un ‘derecho’, sino como algo incorrecto y, en cierta medida, inevitable. En Salamanca tenían que llevarse a las putas el miércoles de Ceniza al otro lado del río, pero en Pascua volvían. La represión ilimitada, la superstición del ‘hombre nuevo’ y las utopías terrenales son ideas modernas, no de los tiempos de Cervantes

Bixen
Bixen
1 mes hace
Responder a  Pepehillo

‘El Lazarillo de Tormes’ es anterior y anónimo, todavía.