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El sendero, el primer libro

El sendero, el primer libro

“Hace 565 millones de años un ser vivo hizo algo prácticamente sin precedentes en este planeta: se estremeció, se hinchó, se estiró, se encogió, y al hacer todo esto, a un ritmo imperceptiblemente lento, empezó a moverse a través del lecho marino, dejando un rastro tras de sí.” Nacía el primer camino, según nos recuerda Robert Moor en este volumen primorosamente editado por Capitán Swing, en el que el colaborador del New Yorker, Harpers y New York Magazine entre otros, se plantea por qué se forman los caminos y qué sentido tienen para la existencia animal. En su indagación, Moor viaja de la isla de Terranova al Atlas marroquí, de Botsuana a las tierras heladas de Islandia. Pastorea cabras para comprender sus movimientos sobre el terreno, se lanza a cazar para saberlo todo del arte de seguir rastros y, sobre todo, recorre la Senda de los Apalaches, el inmenso trazado que atraviesa de sur a norte la costa este americana donde un día le nacieron todas las preguntas y al que vuelve varias veces en estas páginas en busca de respuestas.

"El camino es aquí descrito como invitación a la búsqueda del bien común"

El resultado de sus pesquisas es otro camino, el que va de la ignorancia acerca de cuestiones jamás exploradas de manera sistemática a un conocimiento poliédrico que incuba otras múltiples preguntas que auguran otros muchos senderos. Porque el camino es aquí descrito como memoria externa de las especies, como protoescritura anterior al habla misma o como invitación a la búsqueda del bien común. Concurren en este volumen desde meticulosos investigadores del siglo XVIII obsesionados por el trazado de las orugas a modernos profetas del ordenador interconectado del siglo XXI, desde sanadores de grandes constructores de caminos, es decir, de elefantes, a implacables cazadores de venado del medio oeste americano. Todos ellos reflexionan, siquiera sea de forma intuitiva, acerca de la naturaleza de los senderos a los que, de una u otra manera, han entregado su vida. Y a todos ellos interroga Robert Moor para saber también por qué, por una parte, nos hemos alejado de los caminos y por otra, por qué los buscamos para huir de las obligaciones de la vida moderna.

"Los caminos sirven para ordenar el caos"

Porque una de las conclusiones que más inquieta a Moor es que los caminos, además de para transmitir información cuando no existe lenguaje alguno o para preservar el acervo de los antepasados cuando de éstos ya ni queda el recuerdo, sirven para ordenar el caos, para limitar la infinita posibilidad de todas las opciones posibles y parecen por lo tanto ideados para todo lo contrario por lo que los desea el hombre actual: para ejercitar la libertad perdida. “Hay momentos”, escribe sin embargo Moor en su diario de los Apalaches, a los que acudió en busca de aventura, “en que no puedes por menos que sentir que tu vida está controlada por algún dios no del todo benévolo. Desciendes bordeando una cresta sólo para volver a subirla; asciendes un pico empinado cuando es evidente que hay una ruta que lo rodea; cruzas el mismo arroyo tres veces en el curso de una hora, sin razón aparente, empapándote los pies al hacerlo. Y haces todo eso porque alguien, en algún lugar, decidió que era por ahí por donde tenía que ir el camino.”

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Autor: Robert Moor. Título: En los senderos: Reflexiones de un caminante. Editorial: Capitan Swing. Venta: Amazon