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Sí, leer nos hace mejores personas

Sí, leer nos hace mejores personas

Imagen de portada: Joven leyendo, de Mary Cassatt

Josan Hatero, reciente ganador del Premio Barco de Vapor con La memoria de las bicicletas, reflexiona sobre la importancia de la lectura, especialmente entre niños y jóvenes.

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En septiembre del año pasado, una personalidad de Internet, de cuyo nombre no quiero acordarme, colgó en alguna red social un vídeo en donde sentenciaba que los que disfrutamos de la lectura: “no sois mejores porque os guste leer”.

Se equivocaba, por supuesto. Hay abundante evidencia científica que así lo demuestra. Pero ya llegaremos a eso. Antes me gustaría manifestar mi sorpresa por la falta de vergüenza de semejante declaración, ese llevar a gala no leer. Que alguien clame algo así en un escaparate público y un buen puñado de iletrados lo aplauda, ¿no es una derrota de nuestra sociedad? ¿En qué momento se volvió aceptable e incluso motivo de orgullo el presumir de incultura?

"Ellos no leían (ni siquiera mis libros, su único hijo), pero lo sentían como una falta, no como una ufanía"

Mis padres no eran lectores. Los dos se criaron en la posguerra en situaciones de pobreza extrema, especialmente mi padre. Obligado a trabajar desde los ocho años, apenas pudo asistir a la escuela, lo justo para aprender las cuatro reglas, como él decía. Cuando necesitaba apuntar algo, le pedía a mi madre que lo hiciera. Ella no iba sobrada de ortografía, pero poseía una caligrafía bonita, sinuosa, de otra época. Ninguno tuvo oportunidad de desarrollar el hábito de la lectura en su infancia y, sin embargo, entendían la importancia de que hubiera libros en casa, a mi alcance. No se compraban zapatos nuevos, se remendaban; los jerséis los tejía mi madre y ella misma me cortaba el pelo (hay testimonio gráfico de ello, ese flequillo a lo Bruce Lee); y sin embargo, si yo pedía un libro, tanto daba que fuera para el colegio o para saciar mi avidez lectora, se me compraba o se me prometía para Reyes, para mi santo, para mi cumpleaños, si aprobaba todas las asignaturas. Los libros y los tebeos eran un regalo y un premio al mismo tiempo. Ellos no leían (ni siquiera mis libros, su único hijo), pero lo sentían como una falta, no como una ufanía. No leían, insisto, no tenían estudios, pero entendían los beneficios de la lectura y la importancia de alimentar mi curiosidad.

Ah, la curiosidad, el motor de todo avance humano. Sentimos curiosidad por el mundo que nos rodea, por los demás, por nuestro cerebro. Hace pocos años se descubrió que, según estudios sobre la actividad cerebral, leer la historia de un personaje de una novela es casi igual a vivirla. En palabras de Véronique Boulenger, investigadora en Neurociencia Cognitiva del Laboratorio de Dinámicas del Idioma en Lyon, Francia: “Las regiones motoras del cerebro que se activan cuando leemos un verbo de acción están muy cerca de las regiones que se activan cuando se lleva a cabo dicha acción. De alguna manera, el cerebro simula lo que lee”.

"La lectura aumenta la empatía; es decir, literalmente, leer nos hace mejores personas"

Es decir, nuestro cerebro no distingue claramente entre leer sobre la experiencia de un personaje de ficción y realizar esa misma actividad en la vida real. Como explicó en 2016 Raymond Mar, doctor en psicología de la Universidad de York, en Canadá, esa es la razón por la cual “sentimos miedo cuando leemos una historia cuyo protagonista se enfrenta a una situación peligrosa”. Además, este científico añadió que “si lees una rica descripción de una escena se activa la corteza visual del cerebro. Hay evidencias de que cuando se lee creamos fotos mentales de esa descripción”.

También según el doctor Mar, “esto significa que al leer mejoramos nuestra capacidad para entender a otras personas. Por ejemplo, no podemos saber cómo es vivir con una discapacidad, pero podríamos acercarnos a entender esa experiencia si leemos un relato muy bien escrito que nos ponga en el lugar de una persona discapacitada”.

De esto podemos sacar una conclusión evidente: la lectura aumenta la empatía; es decir, literalmente, leer nos hace mejores personas. Y oigan, tal como están las cosas por ahí afuera, ¿no les parece que ya es un buen motivo para animar a la lectura? Especialmente a los niños. No se me ocurre una mejor inversión de futuro.

Ahora que la premisa de esta columna ha quedado probada, vamos a pensar cómo llevarla a cabo.

"Este punto me parece clave: no debemos entender la lectura como una obligación, sino como lo que es: un placer"

Para empezar, si usted no es lector y ha decidido darle una oportunidad a la lectura, ¡bravo y enhorabuena! Tiene un mundo casi infinito de historias por delante. No se abrume. Si no sabe por dónde empezar, acuda a una librería o la biblioteca municipal más cercana y pida consejo. Y si le recomiendan una novela, comienza a leerla y no le convence, déjela y busque otra. ¡Si será por libros! Hay que perder el miedo a abandonar una lectura que no nos está seduciendo. Esa idea de que una vez empezado un libro, hay que terminarlo como sea, ha dejado en la cuneta a muchos lectores. Especialmente jóvenes.

Este punto me parece clave: no debemos entender la lectura como una obligación, sino como lo que es: un placer. Intelectual, estético, sensorial; también un entretenimiento, no hay ningún sonrojo en ello. No nos forcemos a leer y, por favor, no obliguemos a los niños a leer historias que consideramos necesarias porque trasmiten un determinado mensaje. Por sí sola, la lectura ya es un valor. No me crean a mí, confíen en los estudios científicos: está sobradamente probado que la lectura mejora la imaginación, la creatividad, la capacidad de toda de decisiones, la inteligencia comunicativa y verbal… ¡Incluso reduce los niveles de estrés!, hasta en un 68%, según reveló una investigación de la Universidad de Sussex, Reino Unido.

Por todo ello, reitero, animemos a los niños a leer, ofrezcámosles lecturas, vayamos con ellos a las librerías y bibliotecas, y dejemos que ellos escojan lo que más les llame la atención. Que construyan el hábito de la lectura sin forzarlo, con naturalidad. Serán más felices. Y, sí, cuando crezcan, serán mejores personas, no les quepa la menor duda.

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Robert
Robert
1 mes hace

Hay genios lectores que te traicionarían mirándote directamente a los ojos, médicos abusadores, analfabetas odiosos, campeones del mundo que ni han terminado la escuela, personajes históricos con varios doctorados y también muchos iletrados que han hecho mejor a la humanidad que 100 académicos juntos. La evidencia científica no puede decir que nos hace “mejores personas” porque ni siquiera está dentro de las posibilidades de la ciencia definir con exactitud qué es ser “buena persona”. La lectura desarrolla habilidades, eso es lo que la ciencia sabe de sobra, habilidades que no definen tu valor como persona, como si lo hacen tus acciones. Es importante abandonar la ignorancia del complejo de superioridad, una capacidad de atención mejorada o un pensamiento abstracto superior no te vuelven el mesías, eso es una ridiculez.

Juan
Juan
1 mes hace
Responder a  Robert

Estoy de acuerdo contigo. Que bueno que escribiste este mensaje; lo aplaudo. Leer no nos hace mejores personas.

Yda
Yda
1 mes hace
Responder a  Juan

Leer es viajar.obtemos conocimiento,ing
Formación.

Andrés
Andrés
1 mes hace
Responder a  Robert

Que punto de vista tan más interesante. Justo hace poco estaba leyendo sobre “relatividad moral” y como nos es imposible definir lo que es “una buena persona”. En realidad sigo sin saber mucho del tema pero, wow, gracias por recordarmelo.

Samu
Samu
1 mes hace
Responder a  Robert

De hecho el decir que somos “mejores personas” no solo se puede enfocar en lo ético por así decirlo, podemos ser “mejores personas” en cuanto a las habilidades que ayudamos a desarrollar. Quizás la respuesta del segundo párrafo en base a las palabras dichas entre comillas en el primer párrafo (Porque se que tuviste como base esos dos párrafos) no se refiere a que somos “mejores” en cuanto a buenas personas, se refiere a que somos “mejores” en cuanto a las habilidades que poco a poco adquirimos, que como tú mismo dijiste, desarrolla la lectura. Es verdad que no podemos definir a una persona solo porque Lee o no Lee, pero la intención del artículo es expresar que la lectura nos ayuda a ser buenas personas, más no nos hace buenas personas. De igual forma él decir si alguien es bueno o malo, va ligado por las leyes de la sociedad en específico, es algo que no define la ciencia, pero si las reglas de una comunidad, religión o cultura.

Última edición 1 mes hace por Samu
Vic
Vic
1 mes hace
Responder a  Robert

Estoy de acuerdo. Basta de romantizar esta idea. Leer por sí solo no te hace mejor. Si fuera por eso Fidel Castro por ejemplo, una de las personas que más leyó en el mundo, no hubiera sido una de las más malvadas. Leer solo te da la posibilidad de ser mejor,que es muy diferente.

JOSÉ
JOSÉ
1 mes hace

Creo que ciertamente ha quedado claro el efecto beneficioso de la lectura en las capacidades neuronales y en otras disposiciones de nuestra fisiología cerebral. Y creo que se ha quedado corto el autor en los beneficios de aumento de capacidades y habilidades. Estoy de acuerdo con Robert en que ser bueno o malo no depende de nuestras capacidades lectoras. No voy a entrar en el larguísimo debate de la existencia del bien y del mal, de la moral o de la fuente de nuestra capacidad de elegir entre el bien o el mal. Pero ese no es el debate, ni tampoco que nos puede hacer mejores tener esas capacidades, lo que es obvio. El debate está en la desfachatez de quien cree que no leer es tan beneficioso como leer. Y esa es la idea que pérfidamente se quiso meter en la cabeza de los que se sienten satisfechos por no leer. No existe en mi caso una superioridad moral, al contrario, quien la pretende es quien dijo que no se es mejor por leer. Se trata de una justificación de la necedad. Claro que no somos mejores por leer, ni peores por no hacerlo, es de Perogrullo el tema hasta ahí. Lo que no es de buena persona es justificar la vagancia del que no quiere leer, justificar la ignorancia del incauto, del osado, del intrépido sin causa. A lo mejor podemos encontrar algunos casos de estos en los libros. Eso si nos hace tener motivos para aprender a elegir entre el bien y el mal, entre ser honrados o villanos. Pero en cualquier caso esto será una elección personal, como la que tuvo Cervantes al escribir la segunda parte del Quijote tras el enfado que le produjo un tal Avellaneda, mal intencionado y oportunista. De esto va el tema.

Adrián
Adrián
1 mes hace

Leer nos hacer mejores, por supuesto, sus grandes conocimientos filológicos y su amor por la narrativa, convirtierom a Goebbels en un mejor Nazi.

Elena
Elena
1 mes hace

Qué casualidad, hace un rato respondí a un artículo de Pérez-Reverte comentando también sobre la lectura, entre otros asuntos.

Lo que considero que es el telón de fondo para el, tan atrevido como ignorante, comentario del idiota de turno “no sois mejores porque os guste leer” es la perfectamente orquestada mediocridad en la que vive. Mediocridad social que, más que permite, aplaude el no pensar. Porque pensar, razonar, deducir, es peligroso para las “autoridades” (y aquí entraría en lo que los lerdos llaman “conspiraciones judeomasónicas”, y que yo catalogo como “se gobierna mejor a los borregos que a los ilustrados”).

Interesa el que los individuos, los votos, no piensen, no cuestionen. De hecho, hay ciertas preguntas, ciertas reflexiones que, hoy en día, si las haces puedes acabar en la cárcel o desterrado (“1984” viene a la memoria).

El “dejar de leer” no es un acto anecdótico, sino dirigido. Y aún diré más (Hernández y Fernández). Gran parte de lo que se publica (no diré todo, conservo una miajita de esperanza) está corrupto por la misma manipulación. Por eso, con contadas excepciones, la única literatura contemporánea que leo son novelas de entretenimiento. Cualquier otra lectura tiene que ser anterior a mediados del siglo XX o me puedo llevar desagradables sorpresas.

En mi opinión, es muy difícil mantener una integridad mental si uno no criba las lecturas. Triste, pero en este punto estamos.

Última edición 1 mes hace por Elena