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¡Silencio!, estoy leyendo

¡Silencio!, estoy leyendo

El silencio es la esencia del conocimiento, la esencia de la naturaleza. Como dice Corbin: “el silencio no es solo ausencia de ruido”. El silencio es la base de la creatividad, en la que se fundamenta todo el proceso creativo, pero ante todo sin silencio no hay quietud y sin quietud no hay descanso. Durante la lectura de este libro, he intentado evocar el lugar más silencioso del mundo, y creo que puede ser el silencio nocturno en un desierto o a 8.000 metros de altura, en mi vida ya solo podré tener la oportunidad de “escuchar” el primero.

Convivimos con el ruido, las alarmas constantes de los móviles, las ciudades despiertas, los viajes, las fiestas, las reuniones. Asociamos el silencio a la meditación, el yoga y sus variantes, la reflexión, la timidez, el secreto, la muerte, la oración y el encuentro con Dios, pero también hablamos de escuchar el silencio, lo que es una paradoja. Identificamos el oído como un sentido de la noche; cuando los ascetas, místicos, pensadores o filósofos, tienen como compañero vital al silencio. El silencio que se impone en los funerales, cines, teatros, conferencias, exposiciones de arte, trenes, aviones, representa de un modo silencioso el respeto a los demás.

"Alain Corbin nos deleita con este estupendo y documentado recorrido por cientos de textos literarios y musicales donde el silencio es el protagonista"

Alain Corbin nos deleita con este estupendo y documentado recorrido por cientos de textos literarios y musicales donde el silencio es el protagonista, recorre la literatura y la música universales de forma plausible y minuciosa, dejando referencias de incalculable valor. Se preguntará el lector de esta reseña, ¿por qué son de incalculable valor?, y yo le respondo que solamente por el tiempo vital invertido por Corbin para buscar y comprar los libros y discos, leerlos, escucharlos, tomar notas y transcribirlas a este libro, me parece una labor ímproba e inconmensurable.

El arte de callar está asociado a situaciones tan dispares como la servidumbre, sumisión, poder, respeto, religiosidad, aunque el silencio también aumenta el deseo, la curiosidad y la sorpresa. En los Proverbios de Salomón dice que quien cierra los labios pasa por inteligente, pero el refranero cuenta que “quien calla, otorga” o “la palabra es plata y el silencio es oro”, “por la boca muere el pez”, porque lo bueno, si breve, dos veces bueno.

También dice el refrán que te arrepentirás de tus palabras, mas no de tu silencio. Como dice Baltasar Gracián: “Las cosas que se han de hacer no se han de decir, y las que han de decir no se han de hacer”, porque el discreto debe callar cuando decir la verdad es peligroso, aunque la ignorancia se refugia en el santuario del silencio. Monsieur de Moncade, señala que “si solo dijéramos cosas útiles, se haría un gran silencio en el mundo”.

"El silencio es la esencia de la lectura y la escritura, porque sin silencio no puede haber producción artística"

En un libro de 1771, rt de se taire, del abate Dinouart, deja establecidos once tipos de silencios que perfectamente pueden resumir este gran ensayo, a saber: el silencio prudente, artificioso, complaciente, burlón, espiritual, estúpido, el que es signo de aprobación, de menosprecio, de humor, de capricho, de astucia política, y yo, desde la quietud, añadiría el silencio creador, porque el silencio es la esencia de la lectura y la escritura, porque sin silencio no puede haber producción artística, sea literatura, música, pintura, escultura. Reivindiquemos el silencio laico, que es desde donde nace la cultura. Aunque como postula Corbin, muchos escritores harían bien en inspirarse en el silencio y no publicar nada.

Hace un año escribí un artículo en el periódico La Nueva España, sobre un insigne pintor asturiano y amigo, y lo titulaba “Avelino Mallo, el arte del silencio”, y decía que su obra está impregnada de un grito social tan fuerte que se queda afónico dentro de la profundidad de sus propios cuadros, como ese silencio de los espacios que Corbin documenta de forma ejemplar.

Callemos pues, y disfrutemos en silencio con la lectura de este ensayo silencioso. ¡Chisss!

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Ricarrob
Ricarrob
13 ddís hace

Estamos en el país del ruido. Todo el país es ruido. Cada vez es más difícil poder concentrarse para leer… en silencio. Sobre todo si se vive en una ciudad. Porque el ruido es enemigo principal de la lectura. Y como los políticos son los mayores generadores de ruido, no se legisla contra él. Tantas leyes para los microgrupos, las microofensas, las mil y un cuestioncillas que no interesan a nadie y ni una sola ley contra el ruido que afecta a los humanos. No hay legislación al respecto en los ayuntamientos y si la hay no se cumple. Porque los ayuntamientos son los mayores generadores de ruido (y de contaminación) con sus cientos de maquinoides que pretenden hacer determinadas funciones: limpieza de calles, de hojas, riegos, poda, etc. Maquinoides que solo producen ruido, contaminación y levantan el polvo de las calles que se deposita en nuestros hogares luego.

Tanta tecnología y no pueden fabricar (y el ayuntamiento exigirlo) una podadora que no produzca un ruido infernal (y si no es posible, podar a mano que daría más trabajo). Tanta tecnología y no se puede exigir que estas máquinas no quemen combustibles fósiles con el escape abierto. Tantas exigencias hacia los ciudadanos de a pie con sus coches, sus diesel y su huella ecológica y ninguna hacia los ayuntamientos que contaminan mucho más.

Ruido, ruido, ruido… Políticos, políticos, políticos.

Lectura, paz, silencio… la antítesis.