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Tesoros en la arena oscura

Moonlight, de Barry Jenkins.

Dos niños corriendo por la playa vacía en invierno. Dos niños levantando arena con los pies; qué digo arena: tierra, lodo, mugre. Plástico. La exaltación de los primeros días, sin embargo, lo puede todo: los niños dan vueltas por la bahía como si el mundo estuviese a punto de nacer. Ocurre en un instante: uno de ellos nota el tacto metálico en la planta de sus pies aún sensibles, aún suaves, aún libres del contacto con el mundo. Se detiene, se agacha, introduce las manos calientes y blandas en la superficie terrosa. Como un destello librado de la oscuridad, un largo collar dorado emerge de la arena oscura. Los niños siguen corriendo, con el brillo en sus espaldas.

1. Lo dicen los periódicos.

Hay cadáveres
en el decaer de esta escritura

Néstor Perlongher

En la mañana, las personas se agolpan a las puertas del kiosco. Lo gritan los periódicos: el mundo se viene abajo. La actividad cesa en la peluquería, en las tiendas de ropa, en las fruterías del barrio. Todos los ciudadanos se preocupan, claro. El mundo, al fin y al cabo, les afecta a todos. Los niños, descentrados, se alejan de la multitud y empiezan a correr por las calles. De la mano de ellos corre la poeta María Ángeles Pérez López (Valladolid, 1967), que captura las coordenadas de las cosas en su último libro, Interferencias, editado con valentía por La Bella Varsovia.

***

La indagación de esta poeta en los rincones oscuros del lenguaje es una herencia que recibiremos todos: su dominio de la palabra quedó definitivamente al descubierto con Fiebre y compasión de los metales (Vaso Roto, 2016), un libro en el que la fonética burbujea con poderosa insistencia. Si allí las palabras se dibujaban como posibles ventanas a la emoción primitiva, Interferencias cambia por completo el registro y coloca a la escritora detrás de los cristales: si hasta hoy su poesía se perfilaba como un detallista ejercicio de carpintería lingüística, este es un proyecto en la distancia. Un conato de sabiduría arquitectónica.

Pensé rápido en la imagen de los niños corriendo por la playa al comenzar el poemario, dado que la poeta trabaja en buena medida con esa inercia, con esa inocencia que habilita lo milagroso del hallazgo. María Ángeles Pérez López no escribe ninguna de las palabras contenidas en Interferencias. Su instinto poético trabaja aquí con los verbos de otros, buscando la belleza en la intercalación entre versos de poetas ilustres y recortes de periodismo social contemporáneo. Así, fundiendo a Dante con una noticia acerca del desempleo, el libro se propulsa a sí mismo:

¡Tan amarga es, que es poco más la muerte!
(desempleados de larga
duración)

2. Lo dice la radio.

Así pues, si la fonética era el campo de cultivo poético fundamental en Fiebre y compasión de los metales, la semiótica se desvela como el principal recurso empleado por María Ángeles Pérez López para enhebrar discurso en Interferencias. Este texto mutante, amontonado y rabioso sólo puede leerse como una escritura física y tridimensional. Sus contornos han de contemplarse desde todos los ángulos, pues en su permanente diálogo no cesan en su resignificación. Los sonidos de las palabras concretas se diluyen en los espacios en blanco, en las interferencias que provocan los saltos radicales que propone la poeta.

Interferencias sugiere un diagnóstico oscuro. Su análisis de la realidad social es, en su aspecto literal y aparente, puramente pesimista: todas las noticias seleccionadas hacen referencia, de hecho, a cada una de las grandes tragedias de nuestro tiempo. Desde el citado desempleo al cambio climático pasando por la violencia de género, la poeta radiografía la decadencia con crudeza, interviniendo en los cortes del texto para acentuar su dramatismo con repeticiones violentas; abandonando palabras cuya devastadora fuerza se acentúa en soledad, lejos del acolchado entorno de los determinantes.

Una vez más, la lucidez llega en las interferencias. Parapetados en la agresividad expositiva de toda la información recibida, los lectores de este misterioso artefacto poético nos vemos golpeados por el látigo de una belleza que, al igual que los niños en la arena oscura, consigue alzar tesoros de la penumbra. «¿Alcanzará la palabra gracias a sumar tantas voces?», se pregunta María Ángeles Pérez López en su nota a pie de poemario, que, como un epílogo prologante, vuelve a ponerlo todo patas arriba. La poesía encontrada antes, sumergida bajo la inapelable violencia de los datos mostrados, se revela entonces como un bloque de cemento armado, como un ejercicio de resistencia. Si juntamos a Pizarnik, a Perlongher, a Cristina Rivera Garza, a César Vallejo, a Lorca, ¡a Shakespeare!, si los juntamos a todos… quizá podamos evitar el peso de los días. E incluso revertirlo.

3. Lo dice la televisión.

¡Las imágenes! Las huellas de los niños en la playa. El rastro que el collar dorado deja en la arena después de abandonarla para siempre. Los rostros hinchados de los pequeños, rojos, rebosantes de calor en un día frío. Las imágenes son las protagonistas de Interferencias: María Ángeles Pérez López las manipula como una artesana del montaje. Tijera en mano, recorta los fotogramas y los vuelve a pegar con calculada precisión. Es entonces cuando la magia sucede: la inercia antes mencionada se mezcla con el cálculo y lo difumina, permitiendo que lo insospechado se filtre en las grietas del relato. De repente, en el cruce entre dos imágenes en apariencia inocentes, surge una cosa diferente, una cosa de la que resulta imposible desviar la mirada.

Interferencias reivindica el poder de las imágenes en la construcción del discurso social contemporáneo: sus propias páginas, pese al soporte —el aparentemente inocente papel—, devienen rápido en construcciones cinematográficas, en espacios físicos en los que uno puede perderse, en los que uno aprehende el impacto de lo visual. Regreso ahora a aquella cosa que mencioné arriba: la valiente edición llevada a cabo por La Bella Varsovia, una editorial que, en base a riesgos de este tipo, se ha labrado su derecho a ser considerada un valor irrenunciable de nuestro mercado librero. La concepción física de esta pieza casi museística —así como, por ejemplo, la traslación a texto de Phantasmagoria, el proyecto visual de Sara Torres— es un ejemplo más de ello.

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Los niños regresan de la playa con la cadena dorada enredada entre sus dedos. Gritan por las paredes de la casa, encendidos: alcanzan a su madre, despliegan el collar y cubren su cuello de oro. Tesoros que encontramos, mamá, enterrados en la arena oscura.

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Autora: María Ángeles Pérez López. TítuloInterferencias. Editorial: La Bella Varsovia. VentaAmazonFnac y Casa del Libro.

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