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Un ciclista duda como si de Hamlet se tratara (Tiempos de coronavirus 23)

Un ciclista duda como si de Hamlet se tratara (Tiempos de coronavirus 23)

¿Es usted, animado lector, de los que pedalean cuesta abajo? Si es de esos, mal vamos. Yo soy de los que se dejan deslizar por la pendiente, con la sonrisa abierta, disfrutando de esa velocidad inesperada, de ese airecillo que me limpia el cuerpo por fuera y por dentro.

Llevo ya tres días saliendo cerca de las nueve con el ímpetu de Bahamontes pero en la primera pendiente compruebo que el peso de mi nuevo perímetro me pasa factura. Salgo a pasear sin mayor propósito que contemplar la ropa tendida y fijarme en los chalets de las urbanizaciones (estos tienen que tener chimenea, lástima que les falte un poco más de jardín, qué pena de ladrillos, ¿a quién se le ocurre diseñar unas ventanas tan ridículas?).

"Esta gente, ¿habrá desayunado antes o han salido a cuerpo gentil y después de la ducha se zampan dos huevos fritos con chorizo?"

Al mínimo repecho cualquier abuelito me sobrepasa con facilidad y el escaso ánimo se me derrumba cuando son dos septuagenarios, que además hablan entre ellos animadamente. ”Lo hacen a propósito, para demostrarme que soy un intruso, un dominguero de la bicicleta”. Unos minutos después ya ni me acuerdo de la afrenta y me dejo llevar por las melodías de la radio que escucho con unos cascos minúsculos.

—“Qué pena que no esté abierto este parque”, me digo.

—“Menudos gemelos que tiene el muchacho, por lo menos sale tres días por semana”.

—“No sé por qué tienen que salir vestidos como si fueran a correr el Tour. Con cualquier pantaloncillo vale. A saber cuánto les ha costado esas zapatillas que se acoplan al pedal como si fueran su prolongación”.

—“Esta gente, ¿habrá desayunado antes o han salido a cuerpo gentil y después de la ducha se zampan dos huevos fritos con chorizo?”.

—“Esas camisetas de propaganda ¿se las darán gratis? ¿Son todas de la misma talla? ¿Es necesario que las lleven tan ceñidas?”

—“Seguro que ninguno de estos fuma, que tendrán pegado en la nevera un folio con el menú de la semana: hoy espaguetis, por la noche una ensalada de rúcula con trocitos de pavo y algo de salmón, los martes merluza hervida…”.

"Aprovecho que vienen dos ciclistas expertos, uniformados, fibrosos para despedirme y allí dejo aquel hombre con la duda, un Hamlet en la mañana de lunes que se está nublando"

No ha sido mucho, pero me he caído. La culpa ha sido mía, por mirar a un hombre que estaba recogiendo algo del suelo. ”¿Conoce usted a este joven?”, me dice enseñando un carnet de identidad, otro de conducir y una tarjeta de crédito. Le digo que no, que lo mejor es que lo lleve a una comisaría, que si lo mete en un sobre y lo lleva a un buzón tardará varios días en que se entere ese joven, pero no me hace mucho caso. Mira y remira los carnets y dice algo sobre que se lo dirá a su mujer. Pero el hombre no se va y por no dejarle solo allí, en ese caminito donde me acabo de caer por no atropellarlo, una vereda en pendiente con demasiada tierra, no me decido a irme. La escena es algo ridícula y se prolonga más de lo debido. Aprovecho que vienen dos ciclistas expertos, uniformados, fibrosos para despedirme y allí dejo aquel hombre con la duda, un Hamlet en la mañana de lunes que se está nublando.

“Igual”, se me ocurre luego, “ese hombre quería que me hiciera cargo de los carnets. Ni de coña. A saber quién es el individuo. Y puede que se refiriera a que igual en la comisaría daban una pequeña recompensa por ser buen ciudadano”.

Mis dudas, las que no acabo de despejar, se centran cuando tengo que atravesar una calzada, si tengo que esperar a que el semáforo se ponga verde. A veces, cuando estoy completamente solo, espero y al final cruzo, aún en rojo. Soy buen ciudadano pero no del todo. Creo que lo hago por si hubiera un municipal al acecho (siempre creo que hay un municipal al acecho), como para que se diga «no voy a multarlo, ha tenido buena intención». Es como esperar en una de esas carreteras lisas y sin límite del medio oeste americano a que el semáforo se acuerde del aburrido conductor. El caso es que mientras cruzo cuando no debo se me queda un resquemor que me fastidia. Se me pasa porque tengo que concentrarme en la nueva cuesta. Siempre creo que hay más cuestas arriba que al revés. “Eso les pasará a todos”. Puede ser. Lo que no les pasará a todos es qué hacer cuando ya me he duchado y desayunado como corresponde. Me dejaría caer en la cama, o en el sofá (no es lo mismo) un buen rato. Es un poco como lo de los semáforos.

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