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Un paraíso de escombros, notas de lectura

Un paraíso de escombros, notas de lectura

¿Qué hay en los mitos clásicos para que nombres como Pasifae, Eurídice, Atalanta o Helena sigan acudiendo a nuestros labios en los momentos en que sentimos el temblor de alguna verdad? 

A continuación reproducimos estas notas de lectura que Gustavo Martín Garzo ha escrito de su última obra Un paraíso de escombros (Galaxia Gutenberg).

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  1. En uno de los fragmentos de su libro de poemas en prosa Ocnos, Luis Cernuda recuerda el asombro que experimenta de niño cuando cae en sus manos un libro de mitología griega. Ha sido educado en la severidad del mundo católico, y de pronto descubre en ese libro una vitalidad y una alegría que jamás encontró en su propia religión. “¿Por qué se te enseñaba a doblegar la cabeza ante el sufrimiento divinizado, escribe Cernuda, cuando en otro tiempo los hombres fueron tan felices como para adorar, en plenitud trágica, la hermosura?”. 
  1. En la Grecia antigua había caminos que desembocaban en lo que llamaban el “prado de Aletheia”: El lugar de la verdad. Las historias de los mitos griegos son como los caminos que nos llevan a ese lugar sin ocultación en que todas las preguntas que importan vuelven a vivir: quiénes somos, por qué no podemos dejar de desear, por qué existen el sufrimiento y la muerte. Estas historias nos preceden y fundan. Son el humus que alimenta nuestra alma, las protectoras de nuestro pensamiento. Es en ellas donde se produce la invención de lo humano.
  1. No podemos vivir sin estas fábulas eternas, aunque apenas las recordemos. Viven a través de nosotros. Lo maravilloso que hay en ellas lejos de apartarnos de lo real, nos enseña a mirar el mundo con los ojos del asombro y a descubrir en las cosas nuevos sentidos. Escribir es mirar con esos ojos, lograr que lo más extraordinario parezca natural, y que lo más común se vuelva extraordinario. Ícaro y Orfeo se confunden en esa mirada, y el escritor no deja de invocarlos. Acercar lo lejano y alejar lo cercano, tales son sus leyes. En mis libros he tratado de seguirlas. Mi novela El jardín dorado se inspira en la historia del minotauro. El árbol de los sueños, en los cuentos orientales de Las mil y una noches. El lenguaje de las fuentes, en la Biblia; Tres cuentos de hadas, en el mundo de los cuentos maravillosos del norte de Europa, los cuentos de los hermanos Grimm y de Andersen. Al escribir estos libros siempre he tenido la convicción de que me ocupaba de los hombres y mujeres de hoy, de otra forma, ¿por qué iba a contar cosas así? La historia más realista de nuestros días encierra ecos de esas fábulas eternas. Una pareja de enamorados entona cada noche el Cantar de los cantares, aunque no lo hayan leído ni lo vayan a hacer. Los relatos de Las mil y una noches no hablan de un mundo ajeno, sino de esas otras vidas y de esos otros deseos que hay en nosotros, de la “incurable otredad que padece lo uno”. Cualquier mujer, al desear un hijo, vuelve a contar en el mundo la historia de María y el ángel de la Anunciación, y una niña pequeña imitando a su madre es como la ninfa Eco cuando loca de amor repite por el bosque las palabras de Narciso.
  1. Detengámonos un momento en esta historia. Las mariposas toman el color de sus alas de las flores más cercanas, los camaleones cambian de aspecto según el medio en que se encuentran, y los niños se inician en la vida imitando lo que hacen y dicen sus mayores. Nada nos pertenece. Nuestras palabras, nuestros gestos fueron tomados de los demás y, como la criatura del doctor Frankenstein, estamos hechos de fragmentos de otras vidas, de otros cuerpos. Somos Eco y Narciso, a la vez. Quien espía detrás de los árboles, y toma los gestos y las palabras de los que ama; y ese otro que se aparta, que quiere quedarse a solas para contemplar la imagen que le devuelven las aguas.
  1. En este libro se cuentan catorce historias inspiradas en la mitología griega. Casi todas están protagonizadas por mujeres que, como Penélope, Nausicaa o Helena, apenas son figuras secundarias en los relatos de los héroes. ¿Cómo contar sus historias si ellas, al contrario que sus compañeros varones no tienen hazañas que les sean propias? Sin embargo, todas a través de sus deseos, en palabras de Ildefonso Rodríguez, “habitan un mundo donde no hay insignificancia, todo significa, conduce a fines que no son utilitarios, todo se desvía de la utilidad, lleva al prodigio”. Por eso he querido hablar de esos deseos, hacerlo no como se hace en una clase de mitología, tratando de transmitir una información académica sobre el mundo al que pertenecieron, sino como se cuentan a los niños cuentos olvidados. Haciendo que sus historias vuelvan a vivir, y que quien los escucha encuentre en ellos el relato de sus propios deseos y anhelos. La historia de su propia alma. 
  1. La novela se titula Un paraíso de escombros, porque estas historias ¿qué son sino solo una colección de fragmentos, ruinas o escombros de un mundo que hace tiempo dejó de existir, y que misteriosamente siguen teniendo el poder de conmovernos e iluminar lo que somos? Aún más, ¿no es toda cultura, y mucho más en estos tiempos, un paraíso de escombros en el que se guarda la memoria de cuanto de maravilloso y no vivido hay en nuestras vidas? El centro de todos estos relatos es la pregunta por el amor. Ese amor que todo lo quiere, que siempre anda pidiendo lo que no le pueden dar. El amor de los místicos y de las leyendas medievales; el de Medea, Nausicaa y Helena. Algo que no pertenece a ese mundo de la sociología o la psicología que define nuestro mundo, sino al del hechizo. Y hablar del hechizo es hacerlo de una experiencia que te arranca del mundo de la identidad y de la razón, y te lleva al mundo del mito y de las metamorfosis. A esa cueva donde Psique se encuentra con Eros, el dios del deseo, y donde el cuerpo en la entrega se vuelve de oro.
  1. De ese mundo de fogatas en la noche y de secretos de los que no somos dueños, es de lo que se habla en esta novela. Puede parecer algo fuera de lugar en unos tiempos como estos, pero más allá de los propósitos de los hombres y mujeres de hoy, tan racionales y calculadores, todos en sus adentros siguen deseando cosas así. No importa lo que piensen o digan. A todos ellos el amor les hará perder la cabeza y, como aquella joven de la canción que se acercaba al mar en busca de naranjas, anhelarán ciegamente lo que tal vez la vida nunca podrá darles. Las ropas mojadas con que ella regresaba a casa cada tarde son el don misterioso de ese dulce y amargo amor que cantara Safo en sus poemas.
  1. Nos empeñamos en comprender el mundo, pero para abrirnos a las verdades de la existencia necesitamos los misterios. Los misterios de la felicidad, de la muerte, del amor. Y estas historias hablan de ellos. No nos ofrecen un espejo donde mirarnos, como los que tanto abundan hoy, sino una fuente que nos conduce al mundo inagotable de lo Otro, una fuente de la que manan árboles y auroras, lunas y cuerpos hermosos.
  1. “¿Qué había sido de las criaturas que poblaron las fantasías y sueños de los hombres y mujeres antiguos?, se pregunta uno de los personajes de este libro. ¿Qué había sido de los piadosos centauros, para los que todo era santo; de los caballos alados, que permitían a los héroes alcanzar las cuevas donde vivían los monstruos y matarlos con sus lanzas; de las delicadas ninfas, cuyos cuerpos de agua hechizaban a los que se acercaban a las fuentes; de los faunos cuyas danzas en la noche llevaban al éxtasis a quienes las contemplaban? ¿Dónde estaban aquellos gigantes de un solo ojo, devoradores de carne humana, a los que la sola contemplación de una pastorcilla con su rebaño volvía tan mansos como las ovejas que llevaba?, ¿dónde aquel niño con cabeza de ternero que provocaba en las mujeres que estaban criando el deseo incontenible de darle de mamar?”
  1. Ahora que las hemos apartado de nosotros con la soberbia del que ya no cree necesitarlas, ¿qué será de nosotros sin estas criaturas fabulosas? El mundo será más pobre sin ellas, desaparecerán las vastas regiones donde moraban. Proceden del mundo ardiente y diverso del deseo, y nunca han sido más necesarias que en un mundo como este, tan pródigo en información como pobre en historias memorables. Nos devuelven al bosque de los cuentos. El bosque donde niños y ciervos se encuentran, donde se esconden los amantes, donde los ladrones guardan sus tesoros. Un lugar lleno de amenazas, pero también de inesperadas delicadezas. Donde se mezclan la oscuridad y la luz. Un lugar desconocido, del que nunca se regresa del todo, en el que se guarda la verdad de lo que somos.
  1. Mas no debemos temer, estas criaturas siempre se las arreglan para volver. Lo hacen cuando leemos a Homero, cuando amamos a alguien, cuando jugamos con un niño, cuando buscamos la compañía de los animales o hablamos con los muertos. Regresan en nuestros sueños. Representan todo lo que vive más allá de las fronteras de nuestra razón, todo eso que somos y que no cabe en lo real. Estaremos a salvo mientras nos sigan visitando en la noche para conducirnos a su paraíso de escombros.

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Autor: Gustavo Martín Garzo. TítuloUn paraíso de escombrosEditorial: Galaxia Gutenberg. VentaTodostuslibros.

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