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Un robo, ladridos, pesadillas… vuelve el desencanto

Un robo, ladridos, pesadillas… vuelve el desencanto

Entro en el verano y salgo de él igual que hay mañanas en las que regreso a la noche o madrugadas desde las que me instalo en el mediodía, así que eso de que con el fin de agosto vuelve la rutina me suena a otros tiempos. Las  vacaciones (para quienes se puedan hacer con ellas) saben mejor en mayo o en septiembre, eso nadie lo duda, pero hay un empeño por irse con el calor y así se vuelve como se vuelve, harto y enfadado con los otros y con uno mismo. Casi nunca se hace lo que se quiere y esa rémora se suele arrastrar hasta el puente de Todos los Santos, que es cuando se pone de nuevo en marcha el trajín de nuevos proyectos para Navidad, un aplazamiento para otro desencanto.

Se me acabó la atonía cuando el portero (“llámeme Dioni, no Dionisio”) me preguntó si no había oído ruidos por la noche. ”Es que han robado en el segundo. Parece ser que no sabían que había una caja fuerte escondida en un armario y cuando la vieron hicieron un boquete hasta que la sacaron, pero como no pudieron abrirla se la llevaron. Yo me encontré con todo tirado por el suelo”.

—¿Y cómo entraron en la casa?

—Todas las cerraduras se pueden abrir, si hasta los cerrajeros hablan con los ladrones. Los del segundo tenían anclaje porque la puerta estaba blindada, pero da igual. Luego vendrá la Científica y les daré las cintas de las cámaras de seguridad.

"Pero lo más llamativo es que en la calle se había congregado un tumulto de personas esperando que se asomara Piqué por la ventana"

Conozco a un tipo que el dinero (en billetes, uno tras otro) también lo tiene en una caja de seguridad, pero en un banco; no digo que lo tenga en una cuenta corriente, no: en una caja de seguridad.

Hace un año o así, no me acuerdo del mes pero no era en verano porque la vecina llevaba un pijama de franela de manga larga y pantalón hasta el tobillo, a alguien le dio por meter silicona en algunas cerraduras de la casa donde vivo. Me libré, pero el vecino de enfrente estuvo afanado su buena media hora intentando desmontar la maquinaria para salvar la faena. Y yo delante, en plan solidario, porque no era cuestión de irme a la cama. Por eso sé lo del pijama de ella. “Iba con corbata, son los peores”, me dijo Dioni meses después sobre el autor de la broma.

Lo de los perros es otro cantar. Me parecía haber oído voces pero lo achaqué a que formaban parte de un sueño, que suelen ser de aúpa: hace dos noches estaba delante de una casa de cinco pisos de la que salía Rajoy paseando con un chucho pequeño y cuando me aproximé para decirle que se le veía más feliz que unas Pascuas desde que ya no era presidente se acercó un móvil a la oreja y dijo: “Hola mamá, qué tal estas”. Resulta que en ese inmueble también vivía una amiga que la conocí en la carrera, pero en el sueño no tenía los dos niños rusos que adoptó hace ya más de 10 años y que le costaron un riñón. Pero lo más llamativo es que en la calle se había congregado un tumulto de personas esperando que se asomara Piqué por la ventana (vivía en un doble ático con Shakira) o saliera a correr: era el día siguiente de haber perdido 2-8 contra el Bayern u horas después de que Messi anunciara que se quería ir del Barça.

"Las voces que yo creía formaban parte de un sueño venían del piso de arriba, tal y como comprobé horas después"

A lo que iba. Las voces que yo creía formaban parte de un sueño venían del piso de arriba, tal y como comprobé horas después: el perro exigía su paseo matinal con sus ladridos de rigor. A fe mía que tiene grabado a fuego su horario y lo cumple con la misma exactitud con la que Kant salía a pasear a las cinco de la tarde: esa pulcritud era más valorada por sus conciudadanos de Königsberg que la hora que podía dar el reloj de su iglesia.

Esto me recuerda que he de poner mi pequeño reloj de pared en marcha, lo malo es que acabo de comprobar que se paró en un momento «delicado»: las cuatro menos cinco; y a esas horas o bien estoy durmiendo o estoy durmiendo. Y no es recomendable atrasarlo: dar cuerda a las cinco para retroceder la manilla hasta las cuatro. No lo veo fácil. A no ser que lo ponga en marcha y espere una semana a ver en qué encrucijada me deja. Y otra cuestión: ¿seguro que no influye que el reloj haya estado parado varios meses (como es el caso) o sólo quince días?

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