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Un tapiz de relámpagos

El ala izquierda es la primera escala en un viaje del sueño a la realidad, del símbolo a la materia, del yo al aquel. Ida y vuelta

Mircea Cărtărescu escribe a relámpagos. ¿Quizá por eso decidió alumbrar una trilogía que llevase como título aglutinante una sola palabra, Cegador?

El autor más importante de la literatura rumana contemporánea la concibió entre 1996 y 2010 como una mariposa dividida en tres partes: dos alas y un tronco. Ahora, la primera acaba de posarse en España publicada por la editorial Impedimenta y bajo un título evidente, El ala izquierda. Aunque no por evidente es de lectura simple, como advierte el propio autor al calificar su novela de ilegible, y con eso tal vez defina lo escrito antes y después, que ha sido prácticamente todo.

Ilegible puede ser, pero no impenetrable.

"Cărtărescu explica su universo hecho de tormentas eléctricas que engarzan a chispazos ideas magistrales aduciendo que no ha escrito una sola palabra de ficción en su vida"

Tiene razón Cărtărescu: su prosa (y también su poesía, que fue primero) está escrita con fogonazos de luz que componen un tapiz. Leídos a puntadas son ilegibles, sí, pero juntos forman una constelación de impresiones que acciona automáticamente el interruptor de la emoción a la vez que el de la razón. Y eso, ¿no es verdad?, es o debe ser la literatura.

Impedimenta ha apostado fuerte por Cărtărescu y sabe que lleva una mano ganadora. De él ha publicado Nostalgia, El Levante, Lulu, Las bellas extranjeras, El ojo castaño y Solenoide, entre otros. Ahora se embarca en la publicación en español, siempre con una excelente traducción de Marian Ochoa de Eribe, de la trilogía Cegador. A El ala izquierda, recién llegado a España, seguirán Cuerpo (2020) y El ala derecha (2021). Mano ganadora, sin duda alguna, porque Cărtărescu no solo es un autor definitivo, sino, posiblemente en un futuro no muy lejano, el primero de su país que obtenga el Premio Nobel.

Cărtărescu explica su universo hecho de tormentas eléctricas que engarzan a chispazos ideas magistrales aduciendo que no ha escrito una sola palabra de ficción en su vida. Lo dijo en Solenoide, cuando Cegador ya había incendiado a sus lectores. Y a nadie extrañó.

Si es así como se define el propio autor, fácil es suponer que no exista forma humana de reseñar El ala izquierda bajo los cánones de inicio, nudo y desenlace. Ni Cărtărescu lo busca ni la reseñadora lo intenta. Sin embargo, sí hay ciertas… tramas, llamémoslas así, en una narración a la que a veces da forma de diario.

Hay una madre, la del escritor, que planea en cada página, con su gran mancha rosa-violácea en la cadera izquierda en forma de mariposa, caminando por la calle Ştefan cel Mare:

“más alta que los edificios, volcando a su paso camiones y tranvías, aplastando con sus gigantescos pies los quioscos de metal, barriendo a los transeúntes con su falda barata de dubetina…”.

Y hay más madres, como la de Anca, que “había venido a este mundo para vivir sin alegría y sin esperanza alguna”.

"Pero todo lo que hay en este libro ilegible de Cărtărescu, lo real y lo imaginado, lo descrito y lo deseado, son siempre, o casi siempre, alucinaciones"

Hay una ciudad, Bucarest, que es la historia palpitante y resumida de Rumania, desde Stalin a Ceauşescu. Hay agentes de la Securitate. Hay sectas místicas e insondables. Hay paisajes urbanos y bodegones desoladoramente rurales, como “el campo que conducía al Danubio y a la redención, cubierto por la nieve que les llegaba hasta el pecho a los caballos”. Hay transformaciones entomológicas y, con ellas, hay algo de Kafka y una ráfaga de Gregorio Samsa. Hay una obsesión onírica por el doble, el que se me parece pero en realidad es mi gemelo, mi otro, mi reflejo, y hay reminiscencias del hálito del fraile Medardo, de Hoffmann, que grita exultante que su yo se ha escindido…

(“¡Oh, gemelo mío, abre tus párpados cargados de rímel, aprieta tus dulces labios pintados, hínchate hasta hacer añicos el matraz y, a través de las esquirlas del cráneo, a través de los mucílagos orgánicos, sal a la luz! Ilumina con el ojo entre las cejas las páginas de piel nacarada de este libro. De este libro ilegible, de este libro”, (dice el de Cărtărescu).

Y también hay un desdoblamiento no solo en otra carne sino en el cemento de la ciudad, de calles y moles grises convertidas en venas y esqueleto en las que el escritor se despliega:

“Intento desordenar mis pensamientos y leer las runas en las ventanas y los balcones llenos de coladas de ese bloque de enfrente que ha partido mi vida en dos, como el nautilo que tapia cada compartimento en el que ya no cabe y se muda a uno mayor, en la espiral de nácar que resume su vida…”.

Pero todo lo que hay en este libro ilegible de Cărtărescu, lo real y lo imaginado, lo descrito y lo deseado, son siempre, o casi siempre, alucinaciones…, ensoñaciones que descienden al Hades o sobrevuelan por encima de la confusión, un viaje del sueño a la realidad, del símbolo a la materia, del yo al aquel. Con un billete de ida y otro de vuelta que no caducan nunca.

Relámpagos de luz y prosa brillante. Magnífica y sensorial literatura. Única y cegadora. Un caleidoscopio de resplandores en forma de inmensa mariposa.

Y El ala izquierda es solo el primer aleteo. Aún quedan dos destellos más.

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Autor: Mircea Cărtărescu. TítuloEl ala izquierdaEditorial: Impedimenta. VentaAmazonFnac y Casa del libro

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