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Una conversación apasionante y lúcida

Una conversación apasionante y lúcida

La barbarie de la ignorancia es una lúcida conversación de George Steiner con Antoine Spire, de la que Zenda recoge el siguiente epílogo, en el que Spire rememora un encuentro no del todo fácil con el filósofo. Una fiesta dialéctica por la lucidez y la combatividad de un autor como Steiner, cuya libertad de pensamiento y exigencia intelectual y moral siguen constituyendo hoy un aldabonazo para nuestras conciencias. Este libro es un relato vivo y apasionado, que nos lleva al límite de la paradoja y la provocación.

El libro que tienes en las manos es la transcripción exacta de las conversaciones que mantuvimos Georges Steiner y yo en enero de 1997. Lo cierto es que nunca había tenido la oportunidad de contar el desarrollo de los acontecimientos en esa discusión. Estábamos en un estudio de Radio France cara a cara. Yo desgranaba los encabezamientos de los capítulos de la biobibliografía de George Steiner, quien me respondía precisando el contenido vivido de cada momento, cuando acabé evocando el libro que Steiner había dedicado a Heidegger: Martin Heidegger (Éditions Flammarion, trad. cast.: Heidegger, Madrid, Fondo de Cultura Económica, 2001). Le pregunté cómo había podido marcar su obra la biografía de Heidegger. «Comprendo que se sienta usted fascinado por una filosofía del ser que lo investiga en profundidad por detrás de sus manifestaciones, pero ¿cómo puede celebrar la misma Grecia que Heidegger, como si el patrimonio griego no se hubiera enfrentado al patrimonio del mundo hebreo?». Steiner pretendió primero echar balones fuera invitándome a formularles esa pregunta a Hannah Arendt, a Löwith o a Derrida, apuntando así que el rector nazi tuvo alumnos judíos que lo admiraban. No obstante, enseguida admitió una inquietante patología en esos judíos que, al igual que él, veneraban a Heidegger o a Wagner, y relató su encuentro con Ser y tiempo, en cuya primera lectura no entendió absolutamente nada. Entonces me permití señalarle al maestro que el hecho de citar a los numerosos judíos que cedieron a la fascinación por Heidegger no exoneraba a estos.

¿Podría ser que se hubieran equivocado todos ellos al pasar a pérdidas y ganancias la adhesión al nazismo, la denuncia de intelectuales judíos y la ausencia total de autocrítica después de la guerra? Entonces Steiner montó en cólera, una cólera terrible que acompañó con esta frase despectiva: «¿Puede usted, joven —¡yo tenía cincuenta años por entonces!—, citarme los libros eruditos que ha dedicado a Heidegger?». Yo respondí con una frase que lamentablemente no se transcribió en este libro: «Si desea indicar a nuestros oyentes que usted es un gran creador y que yo soy un periodista mediocre, no estoy seguro de que tengan necesidad de que les pongan los puntos sobre las íes». Steiner respondió desconcertado: «Me toca hablar a mí o interrumpimos este programa». De hecho, se levantó, dio unos pasos hasta la puerta del estudio e hizo ademán de salir, sin gesto alguno por mi parte para retenerlo. Dos segundos al menos de vacilación que duraron una eternidad, hasta que volvió a sentarse y murmuró: «El problema radica en la alianza tremendamente inquietante entre filosofía y despotismo». Entonces le dejé pregonar su odio a Sartre, que habría sido víctima del mismo mal que Heidegger, de un compromiso abyecto con el comunismo, otra forma de totalitarismo. Por fin sentenció: «Heidegger fue el más grande de los pensadores y el más pequeño de los hombres», lo cual no resolvía nada y explicaba todavía menos el problema. Terminamos la grabación de las emisiones sin más conflictos. Pero, concluido nuestro diálogo, Steiner me preguntó si tenía coche y si podía llevarlo al centro de París. Por supuesto, lo hice. Cuando llegamos en mi Citroën 2 CV a Saint-Germain-des-Prés, pidió bajarse tras un viaje en el que ambos guardamos silencio. Hizo ademán de salir del coche, pero, tras cambiar de parecer, se inclinó sobre mí para abrazarme. Jamás volvimos a vernos.

Por supuesto, estas conversaciones sobrevolaron la obra de Steiner, y La barbarie de la ignorancia tuvo un éxito enorme. Veintitrés años después, permítaseme hacer un añadido al título: «Barbarie de la ignorancia y… barbarie de una cierta cultura».

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Autor: George Steiner. Título: La barbarie de la ignorancia: Conversación con Antoine Spire. Editorial: Alfabeto. Venta: Todostuslibros y Amazon.

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