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Una larga e intensa noche

Una larga e intensa noche

La idea de escribir una novela que transcurriese en una noche siempre estuvo presente en mi cabeza. Probablemente mi afición por el cine y por el teatro desde muy joven tuviese algo que ver en el asunto. Y pienso, de pronto, en Cinco horas con Mario, el sobrecogedor texto de Miguel Delibes, con esa impresionante Lola Herrera que aún sigue dando vida a Carmen Sotillo en los escenarios. En Opening Night (la parte fundamental transcurre en esa accidentada noche de estreno), de John Cassavetes, con una Gena Rowlands que compone una de las interpretaciones más sublimes de la historia del cine de todos los tiempos. O la obra maestra de Edward Albee, ¿Quién teme a Virginia Woolf? En la versión teatral, tantas veces representada, y en la cinematográfica, interpretada por Elizabeth Taylor y Richard Burton, con dirección de Mike Nichols. No en vano, el tercer y último capítulo de mi novela se titula “Domingo todo el día», que es una frase que se cita al final de la obra de Albee, cuando el amanecer entra lentamente por la ventana y los personajes de Martha y George, ya derrotados por los continuos y salvajes enfrentamientos y el abundante alcohol, dan por finalizada la noche. Otra larga e intensa noche que no deja indiferente ni a las pieles más curtidas.

"Como en un cuento o en un poema, cada palabra está medida con precisión. A eso he dedicado las madrugadas de los últimos tiempos"

Pero empecemos por el principio. Llegado el momento, con las ideas rondando, puedo sentarme a escribir un cuento, un artículo, una reseña, un ensayo… Pero a la hora de ponerme a escribir una novela siempre necesito una imagen. Esa imagen tiene que aparecer en un momento dado en mi cabeza de una manera muy poderosa. Como si la hubiese visto en la vida real o en alguna película. Y esa imagen apareció. Se trataba de una mujer cercana a los cincuenta años, sentada en la parte de atrás de un taxi, en el amanecer de un caluroso domingo. ¿Hacia dónde iba? ¿De dónde venía? Esos fueron los hilos de los que empecé a tirar. Así comencé a perfilar el personaje de Julia Aguado, la protagonista de esta historia. Su pasado, que vuelve una y otra vez a lo largo de esa noche, y su presente. Sus momentos de alegría, sus decepciones, sus desengaños, sus pérdidas y, finalmente, su serenidad. Esa serenidad que se tambalea en esa larga noche que narra la novela cuando Milagros Martín, la anciana adinerada y enferma que cuida todas las noches, le dice en un momento de extraña lucidez que ya no aguanta más y le pide que la ayude a terminar con su vida. “Mátame”, le dice en un momento dado. A partir de ahí, Julia se replantea todo: la vida, la muerte, el amor, el deseo, la enfermedad, el dolor, la angustia… (“Cómo pesa la vida”, escribe Soledad Puértolas en Una vida inesperada, una de sus mejores novelas, “más que la muerte”, añade). Y duda, como no podía ser de otro modo. Y bebe whisky, aunque sabe que no debe hacerlo aunque no llegue a los límites de Rowlands en la película de Cassavetes. Y recibe alguna visita inesperada. Y recuerda aquellas noches, las de la juventud, cuando estudiaba letras y no cuidaba ancianas, y “Looking For the Heart of Saturday Night» era una de sus canciones favoritas. Y Tom Waits, uno de los suyos.

La noche se detiene es mi décimo libro, mi tercera novela. Para ella, más que nunca, dado uno de los temas que toca (la eutanasia, de fondo), necesitaba el lenguaje más depurado, más preciso que nunca. De ahí que, como en un cuento o en un poema, cada palabra esté medida con precisión. A eso he dedicado las madrugadas de los últimos tiempos. A buscar las palabras precisas para contar la historia de estas dos mujeres. La novela ya no me pertenece: ya está en las librerías. A disposición de quien desee acercarse a ella.

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Autor: Ovidio Parades. Título: La noche se detiene. Editorial: Trabe. Venta: Todostuslibros

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