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Una novela es un lugar

Una novela es un lugar

La hija del fundador del Museo de La Plata crece entre vitrinas, pasillos oscuros y secretos familiares. La llegada de un joven tehuelche rompe ese orden: despierta el deseo, abre una fisura en el mundo doméstico y revela la violencia que sostiene cualquier relato nacional.

En este making of Marina Yuszczuk explica cómo escribió Historia natural (Almadía).

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Escribir una novela es estar en un lugar. No debo de ser la primera en decirlo, pero particularmente con mis últimas novelas sucedió así: un cementerio (La sed), una ciudad a la que se va de vacaciones (Para que sepan que vinimos), un museo (Historia natural) y, si todo sale como quiero, una iglesia en uno de mis próximos libros. Lugares en los que la vida se interrumpe —la vida cotidiana, al menos—, como en la literatura. Lugares en los que no está permitido vivir ni quedarse después de hora.

Tengo muy presente esta sensación de la infancia, la de estar fascinada por acceder a lugares prohibidos, aunque más no fuera los pasillos de una biblioteca que quedaban al otro lado del mostrador, el subsuelo de un teatro, cualquier puerta de cualquier museo que dijera “prohibido pasar”. Libros prohibidos, que contenían un conocimiento secreto, imposible de descifrar o en algún idioma desconocido. Tienen que entender, además, que las historias que me capturaron cuando empecé a leer y a mirar muchas películas tenían que ver con chicos que se quedaban en la biblioteca leyendo ficciones de las que después formarían parte (La historia sin fin), arqueólogos que recorrían el mundo juntando reliquias como las piezas de un rompecabezas (Indiana Jones), chicas que, como Alicia, accedían a un mundo fantástico llevando el mismo vestido blanco con el que antes habían ensayado una obra de teatro (Laberinto). Esos pasajes, esos pasadizos entre la realidad y la ficción —o la realidad y la creencia— son la obsesión de mis novelas.

Todo eso se hizo presente cada vez que visité el Museo de Ciencias Naturales de La Plata, uno de los más antiguos de mi país, y el más bello sin dudas, junto con la sensación de que lo que estaba viendo era magnífico y sin embargo era la punta del iceberg: por debajo, y en las salas a las que no tenía acceso el público general, la mayor parte de la colección, que permanecía vedada a los ojos de los no iniciados.

"Ahí estaba la estructura que necesitaba: una heroína muy joven, deambulando desde los sótanos hasta la planta alta, desafiando la autoridad del padre porque quería saberlo todo"

Y esa puntada, quizás algo parecido a lo que Barthes llama “punctum” en La cámara lúcida, la herida que nos produce un detalle de una imagen sin que sepamos por qué, la nueva dimensión que se abre a partir de un objeto —el ojo de un zorro taxidermizado, una rotura en el pelaje, un sarcófago egipcio con la madera rajada, un meteorito—. La convicción de que detrás hay una historia. Y el deseo, desbordante, imposible de satisfacer, que genera cualquier lugar de esas características: quiero saberlo todo, quiero quedarme.

Fue bastante natural, a partir de esa herida, llegar a Virginia, la hija ficcional del Perito Moreno, fundador del museo, a la que, como Dios en el paraíso, su padre pone a vivir en el museo y a la vez le ordena: “No toques”. El catalizador de mis propias sensaciones de niña gótica fue la noticia de que, en los primeros años, mientras el edificio estaba en construcción, la familia del Perito Moreno se instaló en unas habitaciones de la planta alta. El detalle que le agregó otra dimensión al museo fue descubrir que, también en esos primeros años, varios indígenas de la Patagonia que habían sido llevados como prisioneros a la provincia de Buenos Aires terminaron en el museo, obligados a trabajar y recluidos en el subsuelo. Ahí estaba la estructura que necesitaba: una heroína muy joven, deambulando desde los sótanos hasta la planta alta, desafiando la autoridad del padre porque quería saberlo todo. Y para mí, como escritora, una sensación conocida cada vez que una novela es un lugar: necesito salir de acá, y a la vez quiero quedarme para siempre.

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Autora: Marina Yuszczuk. Título: Historia natural. Editorial: Almadía. Venta: Todos tus libros.

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