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Una novela-revelación: “Amor doncella cierva”

Una novela-revelación: “Amor doncella cierva”

No es una esposa Adifa, sino una mujer a la que han casado. Lo hacen con Raveh, dueño de tierras y rebaños, siervos y concubinas. Anhela un heredero, que Adifa no puede darle. Y aquí comienza el desapego de Raveh, duro de corazón, seguidor de la ley. Adifa, casada adolescente, es una mujer callada, pero no sumisa. Place de andar descalza, chapoteando en el agua. Y probar los frutos de los árboles. Y recoger romero por esos campos. Una anciana, Bruna, malhumorada, la cela, para contarle luego al amo; pero con las demás sirvientas, Razzi, Gadit, mantiene jovial amiganza. Su madre, muerta prematuramente, la mimaba; la llamaba Favorita. De su padre ha heredado tres pergaminos, uno de los cuales es un poema de amor. Su padre, el segundón de un patriarca, fue poeta galante y soñador; su hija ha heredado esta gracia. En sus silencios, rememora sus hermosos versos. Ella escribe en el lodo las tres palabras: “amor doncella cierva”. Con el tiempo conocerá al pastor Guever, en quien encarna el amor de sus entrañas horras. Es sobrino de Raveh, éste quien procrea en Yla y coloca al heredero sobre la matriz de Adifa, para legitimarlo haciéndolo pasar por hijo de ambos. El amor de Adifa por Guever le llevará a escribir el Cantar de los cantares (Shir ha-shirim); los dos monólogos femeninos de que se compone, se entiende. Lo hará cuando Raveh sepa su infidelidad y la encarcele en una sombría cámara de la casa. El viejo escriba Asá transcribirá este poema, a cambio de unas gachas, un cuartillo de centeno y otro de cebada, más una moneda de oro para que silencie por siempre el secreto de quién lo escribió. Y con el tiempo también será el propio Raveh quien se encargue de que el poema figure en el Gran Libro, que se está reuniendo y fijando ahora.

"Su estilo es ceñido, austero, veraz, y su ritmo, implacable"

Sobre esta hipótesis la novela se construye. Y el resultado es la novela más sugestiva y reveladora que he leído en años escrita por mano de mujer. No fue fácil publicarla: “fuera de contexto”, “contenido inadecuado”, fueron las excusas de su rechazo en repetidas tentativas, para perplejidad del lector, que bien puede considerar en qué manos estamos quienes amamos la literatura, en cuál grado de indefensión con tales gestores (y gestoras). Su autora, Mónica Collado (Villanueva de las Torres, Granada, 1980), ni una sola palabra ha escrito que falte o que sobre. Fue redactada de tirón, en dos semanas, según se nos informa en su posfacio. Su estilo es ceñido, austero, veraz, y su ritmo, implacable. Un estilo que represa el impulso, mediante anáforas y asíndetos, para propulsar la frase siguiente, otorgándole vibración. Un estilo que saja, pero también mece. Nada le distrae de la pasión de Adifa por Guever, nada la perturba de su soledad enamorada; es una mujer yerma, en cuyo vientre deshabitado se concentra todo el amor que es posible concebir. Y ahí está la enjundia: quien más ama no lo hace desde la fecundidad, sino desde la maldición supuesta de la esterilidad. La trashumancia de los rebaños, las comitivas y celebraciones, matanzas de reses, visitas de los hacendados se suceden con las estaciones y marcan el contrapunto de la vida recoleta de Adifa, hermanada con Yla porque uno es el hombre de ambas. Una exquisita rudeza impregna la atmósfera subyugante a fuerza de densa; los olores llegan a ser mareantes. Los cambios de perspectiva, también. Y no abusa del intertexto: las alusiones al Cantar son mínimas, algunos versículos de belleza inigualable, como el que compara los bucles del cabello del amado con los rebaños descendiendo en tropel por las laderas del monte Galaad. Como también la resonancia mística de nuestros clásicos, lo que no debe extrañar, pues la esencia del Cantar consiste en la elevación de cuanto es sensualidad estricta en expresión sublimada del amor absoluto y eterno. Y esta es su verdad: más fuerte que la muerte es el amor entre hombre y mujer, como en el cántico se nos dice. Puede que la hipótesis de que el más grande poema de amor de la historia haya sido escrito por mujer parezca desmesurada. No lo es si esta novela se lee con serenidad y asiento. Después de todo, el origen de la poesía erótica occidental se debe a la mujer, a aquellas “canciones de amigo”, que tuvieron su precedente en el ámbito precisamente sefardí.

"Amor doncella cierva es esto mismo: el amor que convierte a la doncella deseante en cierva deseada"

No encontraremos aquí grandes escenarios, ni alardes literarios gratuitos, ni documentación que empezca, ni mucho menos suntuosidad salomónica. Todo transcurre como con sordina, en intimidad pudorosa. Es una novela sobria, precisa. En sus 61 secuencias, articuladas en tres partes, no se da tregua a la acción envolvente. Absolutamente centrípeta y centrífuga, en un sabio balanceo que nos recuerda la cadencia del propio Cantar. El cual no deja de ser un enigma, probablemente el libro bíblico más esotérico, incluido en el Canon gracias al empeño del rabí Akiva, quien en el siglo II lo calificó como kodesh ha-kodashim o sancta sanctorum: escrito entre los siglos X y VII a. C., lejos ya de aquel amor de Salomón ben David por la Sulamita, cuyos ecos pueden ser perceptibles, se trata de un texto probablemente a varias manos sobre el que se han vertido numerosas exégesis, desde la naturalista y profana hasta la sacra y cristiana, simbólica, alegórica, hermética, cabalística, etc. Un epitalamio, con todo, sus siete partes referidas a la semana preceptiva de bodas. Implica el nacimiento de la poesía erótica universal, con derivaciones místicas, pero también el primer vagido de la poesía pastoril, con sentido de lo divino. Y existen maravillosas traducciones seguidas de sabrosos comentos, como las de Casiodoro de Reina o del propio maestro León, sin olvidar las recientes de Carlos Morales, preciosa, y de Mario Satz, esta última difícilmente superable. Amor doncella cierva (Ed. Limbo Errante, Zaragoza, 2018) es esto mismo: el amor que convierte a la doncella deseante en cierva deseada. Una inmensa convulsión que transforma un vientre infecundo en el símbolo paradójico del amor y de la vida.

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Autor: Mónica Collado. Título: Amor doncella cierva. Editorial: Limbo Errante. Venta: Amazon y Casa del libro

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