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Una serpiente cruza un sendero, de Carlos Bueno Vera

Una serpiente cruza un sendero, de Carlos Bueno Vera

Carlos Bueno Vera es un poeta nacido en Madrid, en 1984. Ha publicado Lo lavado y lo barrido (Premio Nacional Félix Grande, 2013), Panorama (Ártese quien pueda, 2015), Materiales para un derribo (La uÑa Rota, 2018), estuche compuesto por los poemarios En ruta subterráneo-transparente / Catabática / Dípticos y Las indagaciones (La uÑa Rota, 2020). Presentamos una muestra de su último libro de poemas, Una serpiente cruza un sendero, publicado por La uÑa Rota en mayo de 2026, una obra en la que el autor propone un recorrido por las edades de la vida: de una infancia vertiginosa a una zona de exceso inmor­tal, intacta, y desde ahí a una vejez marcada por la memoria y la pérdida, el miedo y la madurez. Ejes bajo una premisa inquietante: «todo es código y el código es destino». Mixtura de poesía y prosa, es decir, aquí todo es poesía, este objeto se construye como un sistema de fragmentos, notas y archivos donde la escritura funciona como un contrato invisi­ble. En los textos de este libro la poesía no solo nombra: también organiza, regula. Leer es dejarse imponer. Una serpiente cruza un sendero es el primer volumen de «Códi­go y fábula», un ciclo poético en marcha que explora la escritu­ra del mundo: no su reflejo, sino su mecanismo. O como dice el propio autor: «es escritura de la escritura del mundo». Con esta propuesta, Carlos Bueno Vera confirma por qué es una de las voces más particulares, independientes e interesantes del panorama poético actual español y nos invita a desviar la mirada hacia otros lugares con la creencia de que en un mundo donde todo parece previsible y gastado, tal vez la poesía, aún, pueda hacernos reparar en el misterio.

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reflexiones para un poema introductorio sobre los dominios

la infancia pertenece a la familia; la adolescencia, a la amistad

la juventud es pertenencia del amor y sueña recoger con sus manos los higos maduros directamente de la higuera

 

estos dominios son de glorias y pleitesías, de errores sencillos en el cálculo

las personas que habitan estos tres primeros dominios creen tener el derecho de los príncipes, pero temen que sus tragedias sean insignificantes. Algunos terminan comportándose con pudor en los juegos, evitan saltar y callan, aunque se vean desbocados y estallados por dentro y puedan haberles sucedido desgracias innombrables

 

la madurez, aunque de apariencia ensimismada, consiste en alcanzar completa posesión de uno mismo o, según el esotérico, de abandonarse a la posesión humilde que el ser puede llegar a hacer por completo de uno. En resumen, de tener la casa en orden, permitir en cualquier momento la visita e, incluso, en la plenitud del poder, negarse a recibir visita alguna, cerrarle la puerta a la bienvenida y esperar a oscuras en la casa

la vejez se ve asediada de abandono, ya sea por la entrega o por la evasión de quedar embargados por su ímpetu flaco, que recuerda el corazón enigmático y granuloso del higo partido sobre la mesa

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notas para un poema sobre la infancia

te giras en un gesto inmortal dentro de la cama y quedas dormido

*

el vértigo es como un jardín y camina, en el jardín seco, la niñez seria

se entretiene con lo que encuentra: sus manos nuevas se parecen sospechosamente a cuando engaña el asombro

a cierta distancia, la armonía de la casa depende de las habitaciones cerradas

de lo dado por supuesto, de las risas rumorosas tras las pisadas

y los juegos de trocar palabras

se cuenta allí que para la escritura de cualquier ley relativa a la infancia se exigirá la entrega del cuchillo de plata, el único instrumento capaz de pelar la manzana de oro

simplificado, el jardín es como un vértigo

*

viene y va de lo invisible y apenas acaba de expulsarse, sale del revés, como lo insospechado

aspira a los peligros de la inmortalidad y su constitución frágil desabrocha lo eterno. Cuando deje de ser niño, se volverá mortal

pero mientras tanto se oyen pájaros entre los movimientos de las tormentas fértiles

y él sabe que la vida ocurre dentro de ellas, reventada de canciones

*

cuando la infancia termine, aprenderás a quedarte despierto: eso será un nuevo regalo

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anotación manuscrita y sin fecha hallada en los archivos, en la sección en la que se describe un cuadro perdido de unos sacerdotes de blanco frente a pecios y restos de algún naufragio en la playa, entre hogueras y cadáveres, en su mayoría, de marineros ahogados

Una cara

para alzar el Paraíso sólo hay que repetir delante del espejo: todo es código y el código es destino

 

Otra cara

que nos digamos soñadores no libera a nuestros sueños de la quietud que queda después del castigo

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un último esbozo, de nuevo con la metáfora manoseada del pájaro, para un poema sobre la vejez y sobre el poema, extraído de un diario

mira qué ligero es el vuelo de ese pájaro, dice el abuelo, tumbado. No es ligero el vuelo, sino sus alas, lo que permite el vuelo, piensa la abuela, sentada. No son ligeros sus alas ni su vuelo, sino sus plumas, piensa ahora el abuelo, adivinando el pensamiento de la abuela al mirar sus manos entrelazadas. Sí, qué ligero es el pájaro, dice la abuela levantándose con agilidad, tras desentumecer el temblor de sus hábiles manos para salir de la habitación… Esto ¿qué significa? ¿Significa algo? Un recuerdo circula por el espíritu. El vuelo de un pájaro como esa moneda que se lanza para verla girar en el aire, echarlo a suertes, augurar lo que vendrá: que esté de acuerdo contigo no quiere decir que no me oponga a ti

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sobre lo que aprenden los exploradores: especulaciones alegóricas de un urbanita

la escritura de la selva vendrá después, una vez que su corazón quede vaciado

los relatos en los diarios volverán a las penosas dificultades y hallazgos simples

a misioneros devorados por jaguares, a los restos de tribus, desaparecidas a manos de los misioneros que sobrevivieron, y a pieles de jaguares, cazados y desollados, como recuerdo de la pérdida que guardaba, el secreto de su lento misterio

se realizarán, de las especies amarillas de pájaros, flores y plantas observadas, algunos dibujos minuciosos que no dejarán de parecer probaturas alejadas de lo que eran

incluso fotografías y películas recogerán porciones que, desmembradas del todo, no significan nada, apenas un mensaje triste y obtuso

y al final lo único que los exploradores podrán atestiguar es que el amante del registro destruye aquello que registra al alejarlo del mundo

quedará una clasificación, sus tablas, el rigor

y aquellos que inspeccionaron la enorme selva, brutal y banal

aquellos que la observan ya no sólo como sólo selva pasmosa

se verán estupefactos cuando suceda esa primera destrucción, perplejos por todo lo que fueron capaces

y descubrirán, plenos de asombro

el mismo que sintieron al cruzarla, como un relámpago que recorría su cuerpo y mezcló amor y deseo

que todo amante es enemigo de lo que ama

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sobre la muerte

te escribo desde la oscuridad de mi habitación, contestando inmediatamente al mensaje que me mandas; hago esperar al mensajero en la puerta

hace tiempo un hombre que era como yo vino a verme para pedirme ayuda. Dijo que necesitaba saber cómo había sobrevivido a la gran cacería. Recuerdo que traía un paquete de carne bajo el brazo. Estaba fuera de sí. Le dije lo que sabía. Eso es todo

se dejó aquí una chaqueta. Se la doy al mensajero para que te la entregue y que tú se la des. O mejor, dile que está aquí, que puede venir él a por ella

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Autor: Carlos Bueno Vera. Título: Una serpiente cruza un sendero. Editorial: La uÑa Rota. Venta: Todos tus libros.

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