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Vida y obra

Intrigado por el fenómeno de la creación, he vuelto a ver algunas películas de escritores, he reflexionado sobre ellas y las he llevado a mi propia experiencia, al contacto que he tenido con algunos escritores de carne y hueso. La obra fluye de la vida y la vida fluye de la obra.

El escritor es un ser peculiar, un ser humano peculiar. No deja de ser una persona como cualquier otra, con sus características, con sus pasiones, pero también vive en un mundo paralelo, el de la creación, que no sólo se crea en el acto de la escritura sino que se está realizando constantemente, día a día, y cada día completo, en proceso, en la evolución de las horas. Todo ello fundamentalmente con vivencias y lecturas, haciendo de la vivencia lectura, escritura, y de la lectura y escritura vivencia.

Un escritor es un mundo complejo, como cualquier ser humano, un mundo que podemos ver exteriorizado, mostrado, escrito, y una lengua en la que se forjan historias, ideas, imágenes… Cualquier persona es única, y como tal añade algo magníficamente nuevo al mundo. El escritor, además, con su trabajo, con su actividad, aporta también algo nuevo al mundo, algo que no existiría sin él y que a su vez se renueva mágicamente, creativamente, entre los lectores y en otros escritores que lo leen. La literatura, en este sentido, y en muchos otros, es generadora de una luz especial, una inefable riqueza.

"Se puede ser un gran escritor sin grandes experiencias, pero por supuesto esas vivencias ayudan mucho al escritor"

Siempre me llamó la atención que en las películas que tienen como protagonista a un escritor (que no es lo mismo, quizá, que las películas “de escritores”), no se les suele ver escribiendo. Por eso, por eso también, me gustó Descubriendo a Forrester (2000, dirigida por Gus Van Sant), porque en esta película se ve a Sean Connery, Forrester, escribiendo, e incluso dando consejos, enseñando a escribir a un joven estudiante negro, gran jugador de baloncesto, Jamal, y dice cosas perfectamente plausibles o coherentes, como por ejemplo: “La primera clave de la escritura es escribir, no pensar”; “Escribe tu primer borrador con el corazón y reescríbelo con la cabeza.”

En Tierras de penumbra (1993, dirigida por Richard Attenborough) C. S. Lewis, que yo recuerde, no aparece escribiendo, pero sí pronunciando una conferencia, y dando clase de literatura, en Oxford. De todos modos todo lo que sale por su boca, me atrevería a decir, es coherente con un escritor de verdad. Me gusta cuando habla con la poetisa norteamericana que primero se carteó con él y luego, por fin, se encontró con él. Hablan de la experiencia personal, por ejemplo, de su importancia para escribir, un tema clave en la escritura, a mi modo de ver. Los escritores, por lo que yo sé, en general se manejan más bien con su experiencia cotidiana y con sus lecturas, normalmente abundantes lecturas —es mi humilde caso—. Lo habitual es que no sean grandes aventureros, como lo pudo ser Hemingway. Se puede ser un gran escritor sin grandes experiencias, pero por supuesto esas vivencias ayudan mucho al escritor, dejan un potente poso en las obras y gustan mucho a los lectores.

La poetisa norteamericana le da mucha importancia a esa experiencia personal. C. S. Lewis no la desprecia de ninguna manera, pero también parece que valora mucho, claro, la lectura, los libros, la literatura, otro tipo de experiencia personal, sin duda.

Manhattan

Toda la película está atravesada por la literatura, yo me atrevería a decir que es literatura. De hecho, está basada en un libro de C. S. Lewis, Una pena en observación, que leí en su día pero que me pareció muy diferente a la película, como si ésta, más que basarse en el libro, se inspirase en él.

"En las películas de Woody Allen, que yo recuerde, hay muchos escritores, y sus diálogos suelen ser muy divertidos e ingeniosos"

He visto estos días también Gringo viejo, dirigida por Luis Puenzo, otra película memorable. La vi cuando se estrenó, en 1989, y luego he vuelto a verla muchas veces. La novela de Carlos Fuentes también la he leído, y he vuelto a hojearla para escribir este artículo. Ambas son formidables, llenas de fuerza. Me interesaba ahora Gringo viejo porque también es el relato de un escritor, aunque Ambrose Bierce, que es el escritor y periodista de la película y de la novela, ya no escribe en lo que se nos cuenta en esta historia. Ahora es, digamos, un hombre de acción, un “gringo viejo”, como lo llaman en México, aunque en plena retirada, con un Quijote por casi todo equipaje, un escritor que ya no escribe, sino que actúa, que puede que sea su ideal en esta etapa de su vida: ser un hombre de acción. Las personas que hemos leído mucho, y que hemos escrito mucho, y que tal vez hemos vivido menos, lo que un aventurero llamaría “vivir”, admiramos, ¿envidiamos? —en mi caso admiro—, a los hombres de acción. Pero sin duda escribir es una sublime forma de actuar.

Lucía y el sexo (2001, dirigida por Julio Medem) me gustó mucho cuando la vi por primera vez y me ha vuelto a gustar ahora. Me gustó tanto porque me pareció que reflejaba muy bien la creatividad, el proceso creativo del escritor, la vida que corre por dentro y por fuera del escritor, siempre, no sólo cuando escribe un libro, pero me temo que un escritor siempre está escribiendo un libro, aunque sufra el famoso “bloqueo del escritor”. Un escritor, sí, es un libro andante que se va escribiendo paso a paso, día a día, elaborándose un poco solo, un poco como si lo escribiera otro. Tal vez los libros los escriben en verdad otros, mientras que los escritores simplemente los viven, y como me dijo en una ocasión José Luis Olaizola —él ha tenido algunas veces esta sensación— los escritores sólo sean médiums.

La última película que tenía a mano sobre escritores, aunque parece que en primer lugar son profesores (muchos escritores son profesores, o periodistas, porque escribir libros no suele dar mucho dinero), es Manhattan, estrenada en 1979, otra película que me dejó un gran recuerdo cuando la vi, de las películas que más me han gustado de Woody Allen.

En esta película muchos escriben: escribe el personaje de Woody Allen, escribe un amigo suyo profesor —aunque al final parece que prefiere comprarse un Porsche a trabajar en su libro—, escribe la ex mujer del personaje de Woody Allen, y es un libro que éste teme mucho porque trata de su matrimonio… En las películas de Woody Allen, que yo recuerde, hay muchos escritores, y sus diálogos suelen ser muy divertidos e ingeniosos. Yo siempre he pensado que Woody Allen en realidad es un escritor, aunque luego me han gustado más sus películas que lo que he leído de él. A lo mejor es que es un gran narrador y un brillante dialoguista. También un gran personaje en sí mismo.

Desde hace muchos años he visto muchas películas con protagonistas escritores. Llama la atención. ¿Por qué? Yo creo que es porque es gente diferente, aparte, original; de algún modo son, o somos —me incluyo— como todas las personas, pero tenemos una dimensión especial, y una rareza especial, que es lo que explotan las películas. El escritor, si es exitoso, se mueve a menudo entre la alta clase social, entre los ricos y exitosos de la tierra, de todas las profesiones. Si no tiene mucho éxito, pero sigue siendo escritor, es un ser más bien marginal, y en todos o casi todos los aspectos.

El mismo Forrester, en Descubriendo a Forrester, encarna muy bien a este escritor “marginal”, pero marginal porque lo ha elegido, seguramente, porque tuvo muchísimo éxito e incluso ganó el premio Pulitzer, colocando su novela como clásico contemporáneo. Luego él salió de la escena, se retiró, en un caso parecido al de Salinger, ahora que lo pienso.

"Los escritores dan hondura especial a las historias. No les ocurren cosas habituales porque no piensan de forma habitual ni actúan de forma normal"

El escritor, aparte de las vicisitudes de su vida, que la gente no tiene por qué conocer, tiene un glamour especial para la sociedad, porque su glamour descansa en las páginas de sus libros, en sus palabras, que se mueven en una especie de idealidad, personales y por tanto únicas, con cierto poder, por cierto, o mucho poder, a su modo. Es un artista, en el mejor sentido de la palabra. Supongo que cuando Cervantes publicó el Quijote y fue leído y celebrado —regocijado, me atrevería a decir—, sus compañeros, o muchos de ellos, lo seguirían ninguneando, pero en su fuero interno ya sabían y reconocían que era un gran escritor, un gran maestro.

Quizá eso es lo que pase con el escritor, en general, gane mucho o poco dinero, o ninguno; que aunque esto ocurra emite un resplandor especial, algo de lo que veían en el Romanticismo en la creación, cuando pensaban que el poeta era un elegido de los dioses. Ya no se piensa eso, pero el escritor, reconocido como tal, gane o no para vivir con su escritura, tiene un fuerte atractivo, y es posible que algo de eso explique que sea el protagonista de tantas películas, entre ellas muchas de amor, como Shakespeare In Love (1998, dirigida por John Madden), que también la he visto recientemente.

Descubriendo a Forrester

A mí me interesan estas películas porque me apasionan los libros, y como me apasionan los libros me han apasionado los que los crean (también me gusta mucho el cine, por supuesto). En su momento he de decir que también me interesaron mucho los críticos literarios, precisamente en la adolescencia cuando me empecé a apasionar con la literatura.

Los escritores dan hondura especial a las historias. No les ocurren cosas habituales porque no piensan de forma habitual ni actúan de forma normal, digamos, porque sus móviles y objetivos no son los habituales, y porque están fuera del alcance de algunas o de muchas de las convenciones más convencionales de nuestro mundo, si me permite decirlo el querido lector.

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