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10 de septiembre de 1936: Conferencia a orillas del Tajo

10 de septiembre de 1936: Conferencia a orillas del Tajo

Para conmemorar el 90º aniversario de la Guerra Civil, José Ángel Mañas recrea en Zenda, día por día en esta sección, lo que aconteció en 1936, quizá el año más trascendental de toda la historia reciente de España.

Jueves, 10 de septiembre de 1936: Conferencia a orillas del Tajo

Por fin, los generales Franco y Mola habían conseguido encontrarse a orillas del Tajo, a la sombra de unos sauces llorones.

—Mucho tiempo sin vernos, Mola.

—Mucho, mi general. No puedo sino alegrarme de encontrarnos a orillas de este río Tajo tan español, que antes nos separaba y hoy nos sirve para unir contingentes. La guerra se alarga, como pronosticaste, pero los hombres mantienen la moral alta. Están convencidos de que la victoria será nuestra. Desde que se interrumpió el suministro de municiones a Irún, el derrumbe republicano en Guipúzcoa fue cuestión de horas. Los que no se rindieron perecieron, y hoy entrarán mis tropas en San Sebastián.

—¿Cuántas bajas?

—Mil bajas en Guipúzcoa, pero ha merecido la pena. Controlamos buena parte de la frontera con Francia. La acción del Comité de No intervención ha sido crucial. La campaña del norte es un éxito, y espero avanzar hacia Asturias y liberar Oviedo. En la zona centro seguimos estancados en el Alto del León, en Guadarrama. De haber pasado por Somosierra o Navacerrada la historia hubiera sido otra, pero mis oficiales sentían la necesidad de acercarse lo más posible a tus tropas. Es un fenómeno que se repite en la guerra: la atracción entre ejércitos. Por eso nos inclinamos por el Alto del León. Ahí seguimos teniendo bajas, no progresamos. Por eso desde ayer mismo he trasladado mi cuartel general a Ávila y algunas de mis columnas ya enlazaron con los tuyos en Arenas de San Pedro. ¿Cómo sigue todo por el sur?

"El único que no está conforme y sigue empeñado en una dirección colegiada es Cabanellas. Los demás estamos de acuerdo en que así no se ganan las guerras. Nos falta un jefe único"

—Bien —asintió Franco—. Tengo a Varela defendiendo Córdoba, y mis tropas controlan Talavera, pese a los contraataques republicanos al mando de Asensio Torrado. Dos intentonas en los últimos días, ambas sin éxito. Hemos afianzado nuestras posiciones.

—De modo que el camino a Madrid queda abierto.

—Podría quedar abierto, sí.

—Te conozco demasiado, general. Entiendo por tus palabras que es verdad lo que me dicen mis hombres: que pretendes desviarte a Toledo en lugar de seguir hasta Madrid, que por eso tienes tan disgustado a Juanito Yagüe.

—Juanito Yagüe no ve más allá de la lógica militar —replicó Franco, con su voz atiplada—. Pero en este caso eso no es lo más importante. Liberar el Alcázar supondría una inyección de moral para los nuestros. Sería un golpe de efecto con gran repercusión internacional. No se habla en todas partes más que de la heroica resistencia de Moscardó. Juanito piensa que perderemos un tiempo precioso. Estima que el enemigo está totalmente desmoralizado y tenemos a nuestras tropas eufóricas. Considera que Madrid puede caer en cuestión de semanas. Y cayendo Madrid, caerán los marxistas de Toledo. Pero yo lo que constato es que, según nos acercamos a Madrid, la resistencia se incrementa. No será tan fácil, Mola.

—Mi opinión, general, es que lo que correspondería sería tomar El Escorial. Y desde allí avanzar juntos, con nuestros dos ejércitos, hacia Madrid desde el norte. Por el margen oriental del Manzanares, la entrada será fácil. En cambio, si subimos desde Toledo nos encontraremos más escollos naturales y les damos tiempo para organizarse. Pero quien manda en tu ejército eres tú.

—Y tú en el tuyo, por supuesto.

—Precisamente, general. Lo de Madrid se puede discutir. Pero lo inaplazable, dadas las circunstancias, es el mando único. Yo ya lo he dicho: si dentro de ocho días no hay mando único, abandono. Es lo que debemos discutir pasado mañana cuando nos veamos con los demás generales. Creo que el único que no está conforme y sigue empeñado en una dirección colegiada es Cabanellas. Los demás estamos de acuerdo en que así no se ganan las guerras. Nos falta un jefe único.

Francisco Franco asintió. En eso, los dos estaban de acuerdo.

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Entrevista con José Ángel Mañas sobre 1936 día a día

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