Inicio > Poesía > 10 poemas de Marcelo D. Díaz
10 poemas de Marcelo D. Díaz

Foto: Ana Alturria. Asana. Río IV.

Marcelo D. Díaz es un poeta, docente y crítico literario nacido en Villa Mercedes, Río Cuarto, Argentina en 1981. Textos suyos aparecen en revistas de papel y digitales, entre ellas Otra Parte, Espacio Murena, Op. Cit, Veintitrés, no-retornable, Página 12, Indie Hoy y Ñ. Ha publicado los libros de poemas La sombrilla de Wittgenstein (Editorial Cartografías, 2007), Newton y yo (Editorial Nudista, 2011), El fin del realismo (Viajero insomne, 2014), Bosque chico (Club Hem, 2015), El arquero real (Borde pedido editora, 2016) y Los cuadernos de Mishima (Deshielo ediciones, 2017). Participó de las antologías Penúltimos: 33 poetas de Argentina (1965-1985) (UNAM, 2014), Palavras andantes (edición bilingüe portugués castellano) y 20 años agarrándose los dedos con la puerta, editado por Llanto de mudo (2015). Compiló, en coautoría, el libro Los fuegos de Orc: Antología de poesía y ciencia ficción argentina (Mágicas Naranjas, 2016), y en el 2021 el libro El pato y el garabato (pupek ediciones) con ilustraciones de Pablo Elías. Los poemas seleccionados forman parte del libro La mitad del cielo, editados en El Vendedor de Tierra en 2023. Fue becario en el Fondo Nacional de las Artes en 2016 para escribir el libro Bildungsroman, editado por GogyMagog en 2018. Fue seleccionado como becario por el proyecto “Cuanto pesa la luz: ensayo bio-bibliográfico sobre la obra de Alejandro Schmidt” en el año 2021 y obtuvo en el mismo año el segundo premio nacional del Fondo Nacional de las Artes en la categoría de poesía por el libro Oscura llamarada de otro resplandor. Ganó el primer premio de poesía federal Arte Joven en el año 2012 en la Universidad Nacional de Litoral. Presentamos una selección de su obra poética.

***

Teoría de la pérdida

Suponía que sería de noche
cuando el hilo eléctrico de tu voz desapareció
atrapado en un auricular como de plata.
Decimos sujetos a interpretación:
¿qué cambiará ahora si enciendo un reflector
entre dos ciudades separadas por mil kilómetros
para reafirmar una marca en el asfalto
parecida a un hombre sentado en la autopista
ensayando una llamada nocturna?
Digo, por ejemplo, somos el campo de fuerza
de un agujero negro o como el temblor
a punto de sacudir la quietud de las rocas.
Voy hacia ti, hasta aquí llegamos. Hablo
del boomerang de los afectos extraños
que en su viaje de regreso nos trajo lejos.

***

Alce

Voltear un animal es una tarea que regresa el daño
en forma repetitiva, el cuerpo firme
cae mientras mirás el reflejo
de su cara en el metal de la hoja.
Hace unas horas trajeron un alce
liviano conservaba las marcas del impacto
los animales en la ruta alteran el equilibrio
la vida en el campo nos transformó
en seres rumiantes con la fantasía
de usar antiparras para limpiar la sangre.
Pensás que todos podemos romper fácilmente
la órbita de las moscas
que cada uno ejecuta la misma función con su especie;
el ojo se contrae entonces el animal
embiste con su cabeza las paredes.
¿Es real la escena o la soñaste? ¿No estábamos
sacrificando otro animal? Silbás
el silencio nos encuentra atados
a un mismo cuerpo en el suelo;
nadie quiere ser sentimental.
Terminaremos siendo el anuncio
el gran miedo de las cosas que perdemos
sin darnos cuenta acurrucados
en la noche diminuta
como si estuviéramos en el comienzo de la creación
cuando todo era oscuro.

***

Viajado

“Una barca es y no es
cuando se hunde
ambas desaparecen”
Issa Kobayashi

De repente pienso en la representación
de una pluma, no sé
la memoria casi mnemotécnica repiqueteando
en los versos de Emily Dickinson,
tampoco me aprendí los vocablos de los pájaros
y sin embargo me acuerdo de esa vez
en casa. ¿Qué sería un viaje
sino tan sólo otra representación? Ya no la pluma
si no quizá un trineo y la polvareda de la nieve
desvaneciéndose en el paisaje mental
con un efecto para nada lírico.
¿Dónde guardaste tu voz?
Sos joven, no sos feliz, ahora vas a contar:
Uno, dos y tres hasta desaparecer
como un zorrito dorado en la visión de un arquero
maravillado por tus ojos
y el mapa de tus huellas que conduce a tu hogar
para más adelante encender una fogata y dormirnos
uno al lado de otro.
¿No era eso el amor?
Aquello que me dijiste: “gracias por estar,
es navidad, mi vida sigue electrizada por la tristeza
¿me vas a querer igual?

En la noche más oscura cubierta de nieve
con todo el resplandor de las sombras.
Vuelvo: ¿Encontraste tu voz?
¿Y dónde la perdiste? ¿Fue en esa noche?
¿Fue mientras nos imaginábamos
cayendo
como esa pluma del poema
que yo me repito de memoria?
pero vos ni siquiera lo encontrarías en una canción
y contra todo pronóstico igual
¿sabrías que hablo de vos? ¿O acaso la perdiste en el trineo
yendo hacia quién sabe dónde?
Esa única noche, digo:
en la formación de la lírica el proceso
es parecido al de la descomposición de una helada
sólo que la claridad del frío
se desvanece a la inversa de la luz
hasta convertirse en una emoción nublada
como un archipiélago
alrededor del círculo polar.
¿Qué me ibas a decir? ¿El trineo? ¿Tu voz?
El poema que no leíste pero y sin embargo es como si.
¿Qué escuchaste?
El ángel de la tristeza acariciándote,
susurrándote por lo bajo: “Una chica y un hombre van perdidos,
háblale dice el ángel, ahora háblale
pueden construir una casa: primero la tierra y después
una cabaña de madera rodeada de pinos
y al último un sueño compartido
donde un ángel te habla y te acaricia y así?

Cada tanto quisiera ser un auricular
a veces de oro
a veces de plata
sostenido en la imagen acústica de tu corazón,
un poema que refiere a otro poema que no leímos
una fábula dentro de una fábula,
la narración de un cuento de hadas
que al final termina su recorrido en el mismo punto
donde nos subimos en un trineo imaginario
para no regresar nunca
y por más que lo intentamos
una y otra vez
terminamos en el mismo lugar
donde esta historia recién comenzaba.

***

Newton y yo

La manzana que cayó durante la siesta de Newton
descansa en mis manos
como un agujero negro hambriento de sentidos.
La muerte de los cometas cabe en su núcleo.
Escribo el poema
con lo que tarda un rayo de luz
en aparecer en el mundo.
Newton sabía que los árboles
trabajan a la inversa de la gravedad,
lo leyó debajo de sus píes:
en cada hombre, comprimida,
hay una descarga universal
del tamaño de un planeta.

***

Me llaman Ötzi

a Mauro Cesari

El aire es frío y duelen los ojos
junto leña en un bosquecito congelado
ayer un bisonte cayó al agua
atrapado en un candado de hielo
su cuerpo sellado quizá
espera el auxilio de un dios
semejante a mis tatuajes.
Estuve ahí entre la nieve
la boca de una fosa me atrajo
hacia el fondo ennegrecido.
Quería hablar sobre animales
perdiéndose como en un escalofrío
entre diminutos puntitos nevados.
Lo único que perdura es el invierno.

***

La estación

Por un instante el planeta
es una estación de servicio.
Me hablaron sobre su núcleo,
un corazón incandescente y amarillo
como la capa de Flash Gordon.
El auto necesita un cambio de aceite,
pero no nos detenemos.
Cruzamos el campo
igual al disco de Led Zeppelin.
Pienso en una película de ciencia ficción,
en el horizonte las naves espaciales
relampaguean distantes.

***

Oscura llamarada de otro resplandor.

“Vas a arder”: es cierto.
Irene Gruss

¿Qué fue lo más real que te ocurrió alguna vez?
¿El brillo de las estrellas
percibido como un ramo de pensamientos
arrojado al vacío? ¿Y en el vacío
no había un frasquito?
¿Y en el frasquito no había
un papel que decía si te lastimas
me duele a mí o decía
en otro mundo cuando se trata
de los sentimientos el corazón es una fuerza
inversa que fracasa
y fracasa
y fracasa?
¿Y la habilidad para desaparecer?
¿Y el aprendizaje de la soledad?
¿Y el peso de la luz?
¿Existen?
¿Sabías que podía escribir?
¿Sabías que podías escribir?
¿Decís? ¿Una campana?
¿La música del arrepentimiento?
¿Si pudieras regresar a un punto dorado de referencia
en cámara lenta?
¿Qué cambiarías?
¿Mañana te irás?
¿Dónde tiembla el ramaje de los árboles?
¿En los brotes? ¿Hacía afuera? ¿O dentro nuestro?
¿En un único ardor?
¿Golpeando la claridad del día?
¿Vos y yo?
¿Maravillándonos en los hilos invisibles
de las simetrías de las flores?
¿Vas a decir: “gracias”?
¿O un llamado telepático para reparar qué?
¿Lo que podría haber sucedido?
¿El mejor de los mundos posibles?
¿O hablamos alrededor de esta luz invernal?
¿Qué esperamos de esta fosforescencia?
¿Qué poemas del futuro estaremos escribiendo?
¿Y qué del futuro es irrecuperable?
¿Nos reuniremos en los timbales del sueño?
¿La melodía perfecta?
¿Decís? ¿Una golondrina
en nuestro interior mientras el mundo se rehace?
¿Presa de la felicidad? ¿Huyendo?
¿Qué tendría que volver a suceder?
¿Quisieras sujetarte a cualquier cosa?
¿Y vivir y vivir y vivir?
¿Un milagro alambrando tu voz?
¿Abierto en su luz?
¿Y qué hiciste con mi voz?
¿Un hogar para lo inmediato?
¿Decís rayo y qué aparece?
¿La circunferencia de la sombra?
¿El ojo del relámpago?
¿Un pájaro sinfónico ardiendo en el frío?
¿Hermoso? ¿Impar? ¿Calcinado?
¿No es romántico? ¿Querías hacer un puente?
¿Pero hiciste un astro?
¿Parecido a una estrella?
¿Nos buscaremos en las constelaciones?
¿Y qué de los huesos doblados por la pérdida?
¿Cantaste junto al fuego?
¿Frente a las flores a punto de desaparecer?
¿Una canción sobre las hojas de los árboles?
¿Hojas cayendo en mi mente? ¿O en tu mente?
¿En este instante? ¿En el aire?
¿Las vamos a dar por perdidas?
¿Acaso no somos cayendo varias veces las mismas hojas?
¿Una hebra de luz en el aire?
¿Y el cielo? ¿Y el sol? ¿Ya no existen?
¿Y si rogamos para que vuelvan?
¿Un anillo luminoso en la bóveda celeste?
¿Desplumándose como un pajarito?
¿Escuchaste el trinar? ¿El fin del otoño?
¿Las últimas nubes en retirada?
¿Entonces? ¿Vamos a desplomarnos como un témpano?
¿Te alcanzó la piedra que tiraste?
¿Haremos la diferencia entre las flores?
¿Decías? ¿El gran abandono?
¿Era así? ¿Dónde despertaremos mañana?
¿No hay nada para hacer ya?
¿Decías?
¿Qué fue lo más real que te ocurrió alguna vez?

***

Invierno

Manejabas en la noche y chocaste un ciervo.
Encendimos las linternas, no encontramos a nadie.
Éramos animales solitarios que
se extendían por el territorio como
la sombra de una mancha solar. La aceleración del motor
idéntica a la de las nubes del horizonte.
De haber tenido un perro rastreador
hubiese sido diferente. Existen espacios en blanco
que ni la fuerza de gravedad puede enmendar.
¿Dormiremos en el pico de los árboles
donde descansa nuestro auto
y nos desintegraremos con los campos
concentrados en la calma de los pájaros?
Lo más probable es que sin luz
perdamos la transparencia. Este accidente
no puede ser sino pieza de una maquinaria
con la misión precisa de fabricar olvido.
Aprendemos a cuidarnos
de los ángulos de la pérdida
como de la oscuridad que dejamos atrás
después de la onda expansiva.
En las rutas del futuro no existirán animales
que se eleven por el asfalto ni tampoco
seres como nosotros dispersos por el aire

como una llamarada
moviéndonos en la dirección del invierno.

***

Fósforos

¿Me estás siguiendo?
¿dónde guardaste tus miedos?
Anoche soñé con vos
y en el sueño me hablabas de tu corazón
¿me estás siguiendo?
Una conversación sobre cómo
encontraste lo que perdiste
un pensamiento abierto
en la noche
¿me estás siguiendo?
y en la noche alguien cuida
el árbol de la culpa
¿me seguís?
Las hojas secas.
Todas las noches
el mismo árbol
hasta que uno de nosotros
enciende un fósforo en la oscuridad.

Y el otro arma una cabaña de ramitas
¿me seguís?
y todo arde.

Y yo guardo las cenizas del corazón.

¿Me seguís?
Y todo arde, así

***

Gobi

La autobiografía de los afectos desencontrados
es parecida a un territorio
donde las oportunidades se minimizan o multiplican
dependiendo de la dimensión de tu voz.
Quién diría que en una región
en la que persisten los huesos
de criaturas gigantes de millones de años
no pueda existir un sentimiento más profundo
que el de una piedra. En los últimos glaciales
antílopes poblaron grandes extensiones.
Ahora casi no existen. Mañana es tu último día
en el árido vacío continental.
La arena es una hélice girando sin cesar
del tamaño de un motor nocturno.
No esperes la luz de la bengala o un mapa de estrellas
en un desierto es cosa común
que una venda como de sombras
se convierta en una tumba
para animales que sólo saben extinguirse.

0/5 (0 Puntuaciones. Valora este artículo, por favor)
Notificar por email
Notificar de
guest

0 Comentarios
Feedbacks en línea
Ver todos los comentarios