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17 de julio de 1936: El Dragon Rapide

17 de julio de 1936: El Dragon Rapide

Para conmemorar el 90º aniversario de la Guerra Civil, José Ángel Mañas recrea en Zenda, día por día en esta sección, lo que aconteció en 1936, quizá el año más trascendental de toda la historia reciente de España.

Viernes, 17 de julio de 1936: El Dragon Rapide

Lo siento, no speak good Spanish. Galisia saluda a Fransia. ¿Desir bien?

El día anterior, el doctor Gabarda, dentista de profesión, palideció al constatar que su interlocutor no era Luis Bolín, corresponsal de ABC en Londres y hombre de confianza de Luca de Tena, al que esperaba, sino un inglés, oficial retirado, bigotudo y rubicundo, trajeado de tweed, que no dejaba de sonreír. Preocupado, le rogó que se fuera.

—¿Qué haber hecho? ¿Desir mal? Es importante. Galisia saluda a Fransia, Galisia saluda a Fransia. Avión esperando en Gran Canaria, en Gando, ¿comprende? Esperando pasajero importante…

—No está usted en sus cabales. Por favor, váyase.

"Franco consideraba que no contaba con suficientes apoyos, algo que había encolerizado sobremanera a Mola. Solo que no tardó en recibir un nuevo telegrama: lo de Calvo Sotelo había cambiado todo"

El dentista, nervioso, empujó al inglés, que volvió inquieto adonde aguardaban su hija Diana, una atractiva treintañera, y la amiga de esta, Dorothy Watson. Las dos mujeres habían viajado con él en barco desde Las Palmas, donde el avión esperaba a aquel «pasajero importante». Mientras se alejaban, el inglés todavía miró de vez en cuando por encima de su hombro hacia el edificio de la clínica, como para comprobar que era el lugar de encuentro acordado en Santa Cruz de Tenerife. Eso fue a primera hora de la mañana del día anterior, y la mayor parte de la población creyente del lugar —entre ella el general Franco y su familia— estaba en la iglesia del Pilar, asistiendo a misa. No en balde era la Virgen del Carmen.

—Is everything OK, dad? —preguntó su hija.

El mayor Hugo Pollard, parado en mitad de la calle, bajo la luz espesa del amanecer, dejó de sonreír. Llevaban cinco días de errático vuelo desde que el Dragon Rapide, un De Havilland de siete plazas y dos poderosos motores, despegase de la pista del aeropuerto de Croydon, al sur de Londres, con el flemático capitán Cecil Bebb a los mandos y teniendo como compañeros de viaje al corresponsal en Londres de ABC, Luis Bolín, a su propia hija, Diana, y a la amiga de esta, Dorothy, para simular que se trataba de un viaje de placer.

El 6 de julio, Luca de Tena, director de ABC, se puso en contacto con Luis Bolín para pedirle que contratara un avión que debía hacer vuelo directo de Canarias a Marruecos. La financiación corría a cargo de Juan March. Bolín había recurrido a Juan de la Cierva, inventor del autogiro y gran amigo de los Luca de Tena, y al editor Douglas Jerrold, de ideología filonazi, que a su vez les puso en contacto con Hugo Pollard. El avión hizo escala en Burdeos, donde el propio Luca de Tena les transmitió verbalmente sus indicaciones.

Después de un viaje con escala en Lisboa, llegaron a Casablanca el 12. Ese mismo día, Franco envió un telegrama a sus compañeros de conspiración en el que rechazaba unirse al levantamiento, alegando «geografía poco extensa». Franco consideraba que no contaba con suficientes apoyos, algo que había encolerizado sobremanera a Mola. Solo que no tardó en recibir un nuevo telegrama: lo de Calvo Sotelo había cambiado todo.

Bolín, que era quien debía de haberse visto con el dentista, se había quedado en Casablanca para evitar las sospechas de las autoridades, encomendándole al mayor Pollard aquel mensaje que debía transmitir al doctor Gabarda.

—Is everything OK? I’m not really sure —dijo el mayor Pollard, encogiéndose de hombros.

Eso, insisto, fue la víspera, en Santa Cruz de Tenerife. Un par de horas después, un personaje con aspecto militar, vestido de paisano, se acercó a su alojamiento en la isla para decir a los tres turistas británicos que el avión debería estar ese día, 17 de julio, en el aeródromo de Gando.

Y eso era lo que hacían, aburridos, desde media mañana Pollard y sus dos acompañantes: esperar la llegada del misterioso pasajero al que debían trasladar a Marruecos. Todavía no tenían ni idea de quién era. Pero lo iban a saber pronto.

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Biofilo&Panclasta
Biofilo&Panclasta
22 ddís hace

Siempre dijeron que lo que impulsó al general ísimo a sumarse a la asonada que preparaban Mola y Sanjurjo sería el asesinato de José Calvo-Sotelo, bocazas y gaffe.
Pero el Dragon Rapide que sacó a Franco de Canarias lo habían contratado en vida del Calvo-Sotelo

Miguel Rojas
Miguel Rojas
21 ddís hace
Responder a  Biofilo&Panclasta

El dragón rapid llega el 10 de julio a la base de Gando, el 12 de julio por la mañana, Franco manda a Emilio Mola un telegrama diciéndole que el NO se une al golpe, el 13 de Julio de madrugada , los guardias de asalto cumpliendo órdenes personales de Azaña y Casares Quiroga, sacan a Calvo Sotelo de su casa y le pegan 2 tiros en la cabeza. Aquel mismo día por la tarde se entera Franco del asesinato de Calvo Sotelo a manos de Guardias de Asalto, militantes socialistas y un capitán de paisano de la G C. El 14 de julio por la mañana Franco manda un cable a Mola y se une al levantamiento militar. Ese mismo día por la tarde sale franco de canarias para marruecos para hacerse cargo de las fuerzas, su mujer y su hija siguen hacia Inglaterra donde estuvieron asiladas hasta noviembre del 36.
Queda claro con estas fecha que franco no quería unirse al golpe, de hecho sofoco el levantamiento del 34 en Asturias.

Roberto Arizpe Larenas
22 ddís hace

Un amigo de mi papa (piloto,mi papa fue comandante de Lan Chile tambien),tenia uno de estos aviones.