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23 de agosto de 1936: Las dudas de un cenetista

23 de agosto de 1936: Las dudas de un cenetista

Para conmemorar el 90º aniversario de la Guerra Civil, José Ángel Mañas recrea en Zenda, día por día en esta sección, lo que aconteció en 1936, quizá el año más trascendental de toda la historia reciente de España.

Domingo, 23 de agosto de 1936: Las dudas de un cenetista

Aprovechando el incendio de la Modelo, liberaron a muchos presos comunes. Yo tenía a Raquelita cerca. No veas cómo los arengó. Les gritó que saldarían su deuda con la sociedad si abrazan la causa de la República y luchan contra el fascismo. Me puso los pelos de punta. Lo demás no te va a gustar, Pepe.

—Dilo —dijo Pepe Mañas.

—Montaron ametralladoras en las terrazas cercanas y barrieron los patios. Luego llegaron los de la checa de Bellas Artes y organizaron tribunales. Por la noche tuvieron a los de la primera galería tumbados, mientras los milicianos se preparaban para ejecutarlos y debatían cómo aprovechar mejor las balas. En algún momento apareció Pozas, que es ministro de la Gobernación, y los directores generales de Seguridad y de Prisiones, y no hicieron nada para impedirlo. Al final, se montó un tribunal en la zona central de la Modelo. Se fusiló a unos cuantos cabecillas que seguían presos: Fernando Primo de Rivera, el hermano de José Antonio, Ruiz de Alda y Melquíades Álvarez, el político…

—Nada menos.

"El otro día Pestaña dijo que matando no se consigue justicia. Se puede matar a diez, a cien, a mil fascistas, pero no a todos... Y si matar no trae justicia ni nos consuela, ni hace que cese la explotación, no sé yo..."

—Luego pasearon sus cadáveres por el patio, para que se vieran. Eso fueron los de la Motorizada: están rabiosos desde las muertes de Condés y de Cuenca en el frente. Y por la mañana los tuvieron al resto en el patio, aguantando a pie firme, sin agua ni pan, con el sol cayendo a plomo. Algún miliciano les lanzaba trozos de pan desde la garita y luego les disparó, entre risas. Entre los muertos estaban el capitán Fanjul, el hijo, y el general Villegas. Todos los cabecillas de la sublevación en Madrid han sido ejecutados.

—Son fascistas. Tendrías que estar contento —ironizó Mañas. Pero era la primera vez que sentía a Ángel Navarrete tan pesaroso.

—Pero no así, Pepe. ¡Si hasta ha pasado Indalecio Prieto a encararse con el Comité de la Modelo, y ha dicho poco menos que con lo ocurrido acabamos de perder la guerra! Él piensa en la repercusión internacional… No era esto lo que yo tenía en mente, no sé… ¿Sabes lo que me recuerda? A las guerras contra los patronos de los anarcosindicalistas, y a lo que dijo el otro día Pestaña de que matando no se consigue justicia. Se puede matar a diez, a cien, a mil fascistas, pero no a todos… Y si matar no trae justicia ni nos consuela, ni hace que cese la explotación, no sé yo… Porque están los que matan por ideales, pero a eso se juntan los que lo hacen por dinero o venganza o incluso placer…, que cada vez hay más. Te lo digo a ti, Pepe, porque no estás en la organización. Pero es la primera vez que pienso que tal vez, y digo solo tal vez, podamos estar equivocados.

El plural incluía a los anarquistas, los que siempre estuvieron en contra de que la CNT se involucrara en política y parlamentarismo, los que rechazaban de lleno las premisas pacifistas del pestañismo. Era la primera vez que se abría una brecha en la hasta ahora monolítica confianza de su amigo en la acción directa.

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