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23 de junio de 1936: Carta de Franco a Casares Quiroga

23 de junio de 1936: Carta de Franco a Casares Quiroga

Para conmemorar el 90º aniversario de la Guerra Civil, José Ángel Mañas recrea en Zenda, día por día en esta sección, lo que aconteció en 1936, quizá el año más trascendental de toda la historia reciente de España.

Martes, 23 de junio de 1936: Carta de Franco a Casares Quiroga

Respetado ministro:

Es tan grave el estado de inquietud que en el ánimo de la oficialidad parecen producir las últimas medidas militares, que contraería una grave responsabilidad y faltaría a la lealtad debida si no le hiciese presentes mis impresiones sobre el momento castrense y los peligros que para la disciplina del Ejército tienen la falta de interior satisfacción y el estado de inquietud moral y material que se percibe, sin palmaria exteriorización en los cuerpos de oficiales y suboficiales…

Así empezaba la misiva que redactó Franco el veintitrés de junio. Tras meditar sobre ello se había encerrado en su despacho de la Comandancia de Tenerife. Ordenó a sus ayudantes que no se le molestase. Y ahora redactaba, prácticamente de un tirón, la carta que le dirigía a su paisano y jefe del Gobierno y además ministro de la Guerra, don Santiago Casares Quiroga.

"Por enésima vez en lo que iba de año, al general gallego le costaba posicionarse claramente en el bando del complot en el que iba, aunque a regañadientes, integrándose"

En su escrito, además de quejarse por la reciente reintegración de oficiales condenados por lo ocurrido durante la rebelión de Cataluña y el alejamiento de jefes de historial brillante (entre los que, obviamente, se incluía), pretendía acallar los temores a un levantamiento. Le salían frases como: «le engañan quienes simulan complots a la medida de sus turbias pasiones; prestan un desdichado servicio a la patria quienes disfracen la inquietud, dignidad y patriotismo de la oficialidad, haciéndoles aparecer como símbolos de conspiración y desafecto…». Todo lo que sucedía, además, le hacía recordar el ambiente en el Ejército en el año 17, cuando aparecieron las famosas Juntas, creando un clima de desorden y guerra civil dentro de la institución armada.

¿Qué era lo que pretendía Franco con su carta?

Es difícil de saber desde la distancia, y más aún interpretar las sinuosas razones y alusiones con que denunciaba la gravedad de un estado de ánimo de la oficialidad del que no decía si participaba o no.
Tampoco se decantaba por unos ni por otros. Ni delataba directamente a sus compañeros. Se mantenía, eso sí, abierto a una posible intermediación ante el Gobierno, al que quién sabe si no hubiera salvado, de haberse decidido Casares Quiroga a responder. ¿Era eso lo que esperaba? ¿Quería provocar una respuesta enérgica del ministro y jefe de Gobierno?

Por enésima vez en lo que iba de año, al general gallego le costaba posicionarse claramente en el bando del complot en el que iba, aunque a regañadientes, integrándose.

Era normal que Sanjurjo, el primero en sublevarse en el 32, y Mola, que hacía años que estaba en contra de la República, le echasen en cara esa ambigüedad.

Cabe sospechar que el propio Franco estaba dividido entre su tendencia natural a la fidelidad al statu quo, por violento que le resultase, y su repulsa por una situación de caos que lo echaba en brazos de los rebeldes.

"¿Le contestaría el jefe del Gobierno? ¿O estaba demasiado distraído por los conflictos obreros y de orden público como para preocuparse del descontento militar, que tan grave asunto le parecía?"

En todo caso, muy bien no lo debía de estar pasando ese día, mientras, encerrado en su despacho, luchaba con las palabras para lanzar esta última advertencia o llamada de socorro al Gobierno, que terminaba así:

Apartado muchas millas de la península, no dejan de llegar hasta aquí noticias, por distintos conductos, que acusan que este estado que aquí se aprecia, existe igualmente, tal vez en mayor grado, en las guarniciones peninsulares e incluso entre todas las fuerzas militares de orden público.

Considero un deber hacerle llegar a su conocimiento lo que creo una gravedad grande para la disciplina militar, que Vuestra Excelencia puede fácilmente comprobar si personalmente se informa de aquellos generales y jefes de cuerpo que, exentos de pasiones políticas, vivan en contacto y se preocupen de los problemas íntimos y del sentir de sus subordinados.

Muy atentamente…

Franco alzó la pluma, caviloso.

¿Le contestaría el jefe del Gobierno? ¿O estaba demasiado distraído por los conflictos obreros y de orden público como para preocuparse del descontento militar, que tan grave asunto le parecía?

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Aguijón
Aguijón
6 horas hace

Demasiado distraído Casares Quiroga?
Estaba en la inopia, como su jefe.