Para conmemorar el 90º aniversario de la Guerra Civil, José Ángel Mañas recrea en Zenda, día por día en esta sección, lo que aconteció en 1936, quizá el año más trascendental de toda la historia reciente de España.
Jueves, 25 de junio de 1936: Los patronos se retiran
El jueves, la actividad en la Casa del Pueblo poco tenía que ver con la que rodeó el referéndum. Aun así, a última hora empezó a llenarse la calle de Piamonte y la colindante de Góngora. Corría la voz de que Cipriano Mera y otros líderes anarquistas habían sido detenidos y conducidos a la cárcel Modelo. Pero sobre todo se habló de que el jurado mixto, tras el segundo día de reunión, al haberse ausentado los patronos, aceptaba íntegramente sus reivindicaciones. Los curiosos miraron la pizarra de la fachada. Allí seguía el mismo mensaje de la víspera, anunciando que se enviaban seis representantes socialistas al jurado.
—Todavía no puedo creer que los patronos no se hayan presentado en el jurado mixto circunstancial —dijo Largo Caballero, sorprendido.
—Pues créaselo, don Francisco. Se presentaron el lunes y el martes por la mañana para estudiar las bases de la huelga junto con representantes de la UGT. Pero ayer a las siete aparecieron justo mientras los sindicalistas seguían en plena asamblea, en el descampado de Bravo Murillo. Dijeron que se sentían obligados a levantarse en protesta por el encarcelamiento de los patronos de calefacción y ascensores. Todos nos llevamos las manos a la cabeza.
—Pero al final nos ha venido de perlas, Carrillo.
A Largo Caballero le quitaban un peso de encima. En la Agrupación Socialista Madrileña lamentaban su poco control sobre la huelga. Él mismo les tuvo que contestar que era preferible ponerse a la cabeza que ir a remolque, arrastrados.
Esa era la preocupación de la Federación Local de Obreros de la Edificación desde que las sociedades federadas de albañiles y peones tomaron en sus respectivas juntas el acuerdo de colaborar con el Sindicato Único. Ni albañiles ni peones consultaron la decisión con la ejecutiva de la Federación.
La situación era delicada.
La preparación de la huelga contravenía las normas tradicionales socialistas. Y no era la primera vez. Ya en el 34 se experimentó el ir a la huelga general de todos los oficios con los cenetistas. Pero en este caso se había dado un paso más, al formar un frente único sindical en una decisión que salía de abajo, de las sociedades de albañiles y peones, sin consultar con la ejecutiva.
—Nunca se debieron aceptar unas bases elaboradas con los del Sindicato Único —dijo Santiago Carrillo.
—No se podía hacer otra cosa —Largo Caballero le miró fríamente—. Ya se intentó recuperar la iniciativa en su momento y no hubo manera.
Era cierto: cuando la UGT invitó a los confederales a presentar sus bases al jurado mixto, el Sindicato Único contestó que no admitirían injerencias gubernamentales. Las bases se aprobaron en una asamblea conjunta, en el cine Europa, y luego en la asamblea magna de Las Ventas. Desde entonces, las siglas UGT-CNT aparecían juntas en todos los comunicados.
—Si hubiéramos manejado mal la situación, podríamos haber provocado una escisión en el sindicato. Ahora, con el referéndum, volvemos a recuperar la iniciativa y la táctica tradicional —concluyó Largo Caballero.
Y calló, porque se acababa de abrir la puerta.
Alguien sugirió que, vista la multitud que esperaba fuera, no vendría mal que el líder socialista saliera e hiciera un comunicado.


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