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24 de junio de 1936: Asamblea anarquista

24 de junio de 1936: Asamblea anarquista

Para conmemorar el 90º aniversario de la Guerra Civil, José Ángel Mañas recrea en Zenda, día por día en esta sección, lo que aconteció en 1936, quizá el año más trascendental de toda la historia reciente de España.

Miércoles, 24 de junio de 1936: Asamblea anarquista

Donde queda hoy el mercado de Maravillas, en el número ciento veintidós de Bravo Murillo, no lejos de la glorieta de Cuatro Caminos, estuvo hasta el año 31 el colegio Maravillas de los padres salesianos. Incendiado durante la quema de conventos republicana, el colegio se mudó al paseo de la Castellana, y en su lugar se construyó un mercado de hierro muy parecido al actual. Por supuesto, entonces no era tan céntrico, estaba rodeado de solares vacíos. Y fue en uno de los descampados, antes de que cayera esa noche de san Juan sin hogueras, donde se reunieron varios miles de trabajadores afiliados al Sindicato Único de la Construcción.

Para el acto no se pedía carné: participaron quienes quisieron y, después de los inevitables prolegómenos, intervino Cipriano Mera, el líder cada vez más visible del movimiento huelguista. Con la ayuda de un altavoz, acalló a la alborotada asamblea.

—Compañeros, ¿os acordáis cómo, a finales de mayo, en nuestra asamblea magna en Las Ventas, delante de sesenta mil trabajadores, con la participación de los ugetistas, declaramos la huelga? Aquello fue una victoria del Sindicato Único. Un reconocimiento de que en Madrid la UGT no está sola, y que sola no puede ir a ninguna parte. Fue la recompensa a nuestros desvelos en una ciudad que, por fin, dejó de ser feudo ugetista. Entonces, los dirigentes y afiliados ugetistas de la Federación Local de la Edificación y el Sindicato Único nos comprometimos, solemnemente, a no cejar en nuestras reivindicaciones. —Empezó a subir el tono—. ¡Queríamos la semana laboral de treinta y seis horas, un aumento digno de salarios, jornales de dos pesetas y setenta céntimos por hora para el oficial, dos pesetas y media para el ayudante y dos pesetas y treinta y cinco céntimos para el peón! ¡Pedíamos tres semanas de vacaciones y nombramiento de delegados sindicales en todas las obras, y que estén en contacto con los patronos en los despidos y suspensiones! ¡Pedíamos el abono de jornales cuando, con el mal tiempo, no se pudiera trabajar! Pero sobre todo dejamos claro que nosotros no queríamos jurados mixtos ni gobiernos mediadores…

"Mera, hijo de un albañil y cazador furtivo, no había podido ir a la escuela y a los once años ya tuvo que ganarse la vida"

La multitud rompió en aplausos. Ángel Navarrete, desde las primeras filas, junto con el comité de huelga, no apartaba la vista. Él, como tantos compañeros, admiraba a Mera. En muchos aspectos se sentía identificado. Sabía que había nacido en Tetuán de las Victorias, hijo de un albañil y cazador furtivo. No había podido ir a la escuela y a los once años ya tuvo que ganarse la vida. Salía al campo para coger níscalos y bellotas que luego vendía en el mercado. Por las tardes trabajaba en los telares. A los dieciséis era peón de la construcción y su padre le afilió a la UGT.

Pero pronto comprendió que sus ideas y aptitudes eran más anarcosindicalistas y organizó el ramo de la construcción de la CNT, del que hoy era presidente: sesenta mil afiliados. Sus relaciones con la República no dejaron de torcerse. En el año 33, al fundar el Comité Revolucionario de Zaragoza, junto con Buenaventura Durruti, lo encarcelaron. Y hoy estaba al frente de un movimiento que mantenía parados a cien mil trabajadores.

—¡Desde que hicimos la declaración conjunta con la UGT, siempre dejamos claro que nosotros hablaríamos con los patronos donde fuera, salvo en el jurado mixto, que fue el organismo básico de la Dictadura, y el que nos quiso imponer el Ministerio de Trabajo cuando Largo Caballero estuvo al frente y cuando los ugetistas no se dignaban juntarse con nosotros!

"Hoy somos muchos millares los adheridos al Sindicato Único. Hace cinco años apenas llegábamos a mil. ¡Pero hoy somos cien veces más fuertes!"

Hubo insultos a los socialistas.

—¡No, no los insultéis! —dijo Cipriano Mera—. ¡No merece la pena! El Gobierno piensa que con la asistencia de los socialistas al jurado mixto nos dividen. Pero no se dan cuenta de que hoy somos muchos millares los adheridos al Sindicato Único. Hace cinco años apenas llegábamos a mil. ¡Pero hoy somos cien veces más fuertes! ¡Y con el entusiasmo que ponemos en la huelga, yo os digo que tenemos en jaque a toda la burguesía madrileña! ¡La huelga va bien, muy bien! ¡Y si nos está yendo bien es porque la hemos convocado a nuestra manera, a la manera de los anarcosindicalistas! ¡Y cuando hacemos las cosas a nuestra manera y mantenemos la unidad, siempre ganamos! ¡Y por eso seguiremos luchando, hasta que los patronos cedan! ¡Porque nosotros a la mediación ministerial oponemos el contacto directo con la patronal, y al voto individual la asamblea y la voluntad de clase! ¡Porque nosotros no somos traidores a la propia palabra! ¡Viva la CNT, compañeros! ¡Viva el comunismo libertario y abajo el fascismo!

Se alzaron los puños y todos a una cantaron Hijos del pueblo.

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