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4 poemas de ‘El dormitorio de las golondrinas’, de Rosa García-Gasco

4 poemas de ‘El dormitorio de las golondrinas’, de Rosa García-Gasco

Según la mitología griega, las hermanas Procte y Filomena se convirtieron en pájaros, golondrina y ruiseñor, tras vengarse del hombre que había violado a una y mutilado a la otra. Rosa García-Gasco las hace dialogar en un poemario que es un espejo roto cuyos pedazos reflejan los fragmentos de todas las mujeres que podrían tener rostro de ave.

En Zenda reproducimos cuatro poemas de El dormitorio de las golondrinas (La Consentida).

***

Soy

Lo siento:
no sé hacer nada más que
afear consecuencias,
desconchar las paredes,
arrancar la piel al tiempo que se pierde.
Bombear sangre a tempo,
estar sola a deshoras.
Y estar sola, a veces,
también entre las multitudes.

Soy un desastre, ya lo sabes.
Las letras descuadradas
y los tachones,
mi coco es una jaula para pájaros.
Soy la cabeza en otro lado
y el cuerpo a tierra.
Los músculos, las venas,
la carne, las canciones, las papilas
gustativas y también los lacrimales.
Soy la llorona en las películas,
la que no calla.
Soy la montaña rosa rusa,
soy los cuadernos que se multiplican,
la tinta por las manos.

Perdón:
no sé hacer nada más que
pensar a sangre y verso,
entenderme en los renglones
torcidos de A Dios rogando…
Y la voz desafinada.
Y el voy, pero no llegar nunca.
Los ojos gastados y el cuello
revestido de calambres.

No sé hacer otra cosa. Esto
soy.

***

Espectros

No saben que están muertos. Te recuerdan
que una vez fuiste el fantasma.

Y deambulan

por los pasillos vanos de las casas,
las bibliotecas, las alcantarillas,
en medio de Madrid abarrotado.
Te los encuentras donde no esperaste,
doblando alguna esquina o en el metro.
No saben que están muertos, y te miran
con ojos que salieron de otro mundo.
Te miran con sus ojos como ratas
buscando un asidero discontinuo
en las ranuras turbias de tus párpados.

Y tú no los conoces.
Tú no los reconoces.

Los ves hablando a solas con su sombra.
La chica guapa, reina de la fiesta,
lanzándole improperios a la báscula.
Aquel amante contrariado, vuelto
anónimo esqueleto de su torre.
Presos de sus errores, muertos-vivos.
No levantan el ruido ni la tierra
cuando la pisan con sus pies apóstatas.

La dramaturga con su vana poesía,
fingiendo que vomita tempestades,
habrá olvidado que llorabas a escondidas
si te sacaban a patadas por el patio,
sin que nadie te viera.
Mil ojos acechando y todos ciegos.
Bocas selladas de vergüenza pura.

Pasean por la calle los fantasmas,
ojeras verdes de amargor de siglos.
No saben que están muertos. Te recuerdan
cuando sobreviviste, cuando al fin
te cosiste las alas.

***

Mundo de plástico

Todo es de plástico, menos el plástico.
Hasta el amor de acero inoxidable,
vuelto de roca en agua que me envuelve,
avanza, se retuerce y desbarata
mis huesos en la arena, que es de plástico.
Micropartículas en ondas expansivas
en mares calmos, yermos, cementerios
de peces y de barbies que se agarran
a su cuenta del banco por no ahogarse
en un ciclón de números de plástico.

Es plástico la carne de tu mesa,
las historias del instagram, las fotos,
el bótox, el deseo, el tiempo, el aire,
las letras, las canciones,
el arte a fuego rápido
y tus botas a juego con el bolso.
Flotan agonizantes en el plástico
los versos que volcaste en el teclado
de usar y de tirar.

Todo es de plástico. También el plástico
y hasta la imagen fija de tu espejo.

***

Resurges

Te presto mi garganta para que resurjas,
te presto el agua cuando estés sedienta.
El correr de los ríos,
el delta de las fuentes,
el oxígeno exótico en las selvas.

Y cuando vuelvas a gritar tu nombre,
a gritar claro quién eres
—yo soy, yo existo, brillo, luzco—,
y tu cabello sea
los rayos de otro sol que se despliega,
y cuando tu voz baile
la música de la corriente,
se le unirán todas las voces
—hermana, yo te creo,
hermana, no estás sola—,
y cuando emerjas de un silencio antiguo
y sacudas el agua de tus alas,
entonces
—yo soy, yo existo, brillo, bailo,
grito, ilumino, descompongo,
quemo el miedo, aniquilo
la mano que me asfixia—,
resurges
y el miedo es, al fin, como un espectro
hecho de aire y de nada.

————————————— 

Autora: Rosa García-Gasco. Título: El dormitorio de las golondrinas. Editorial: La consentida. Venta: Todos tus libros, Amazon y Casa del Libro.

BIO

Rosa García-Gasco (Toledo, 1980), es Doctora en Filología clásica y Máster en Teatro y Artes Escénicas por la UCM. Actualmente trabaja como profesora de Griego y Latín en Bachillerato, en San Lorenzo de el Escorial, donde reside de manera habitual. La inquietud por el conocimiento de las religiones antiguas, así como el teatro, la han llevado a residir en Roma, París y Atenas, donde se siente como en casa. Los escenarios y las aulas son su elemento y la poesía, la forma más auténtica para hablarle al mundo. Ha publicado relato breve (Ciudad de Niebla, en Ojos Verdes ediciones), novela juvenil (En tierra de reinas, Ojos Verdes), poesía (Memoranda, Libros Indie y El dormitorio de las golondrinas, La consentida).

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