Para conmemorar el 90º aniversario de la Guerra Civil, José Ángel Mañas recrea en Zenda, día por día en esta sección, lo que aconteció en 1936, quizá el año más trascendental de toda la historia reciente de España.
Domingo, 7 de junio de 1936: Entrevista con Alfonso XIII (3)
Continuando con nuestras conversaciones de estas últimas semanas, majestad, me resultaría sumamente interesante que me contara lo que piensa a fecha de hoy de ese régimen republicano al que usted, con la mayor generosidad, abrió el camino.
—Estoy de acuerdo, majestad. Es un despropósito.
—Hace falta orden, Ruano, pero no cualquier orden. Hoy todos tenemos demasiado presente el ejemplo de las revoluciones alemana e italiana. Las derechas españolas se han vuelto filofascistas. Y sin embargo ya no estoy tan seguro de que una dictadura fascista sea la solución. Yo mismo caí en la trampa con Primo de Rivera, en su día. Con el padre, el general. Con él comprendí que el orden dictatorial no es sino el principio del fin, el canto de cisne de cualquier régimen, el último cartucho o un callejón sin salida, escoja usted la imagen que más le convenga. La verdadera calamidad de las dictaduras no son los atropellos a los derechos que le achacan sus enemigos, sino el tremendo vacío institucional que dejan al desaparecer. Todo tuvo que improvisarse tras la partida de Primo y cuando, como sabes, los partidos democráticos no se dignaron volver al Congreso al llamárseles de vuelta, en tiempos de Berenguer.
—No sé si le estoy entendiendo bien, majestad. ¿Me está usted diciendo que su pretensión, en caso de regresar a España, sería volver al constitucionalismo?
—Estoy diciendo, Ruano, que una monarquía a la cabeza de un régimen orgánico, como el italiano, como pretenden los tradicionalistas y algunos de mis seguidores, no puede ser sino solución a corto plazo. Si pudiera, en este momento, no es lo que yo procuraría. La opción de que mi persona regrese al trono tendría que estar igual de alejada de la dictadura republicana que del fascismo de Mussolini. Aunque prefiero que esto no lo escribas, creo haber aprendido la lección con Primo. ¿Sabes que antes de partir a París, en su estancia en Barcelona, el bueno de Primo de Rivera quiso tantear las guarniciones para saber si lo secundarían en un intento de establecer una dictadura quitándome a mí de en medio?
—Todo el mundo recuerda la célebre frase de don Miguel, «a mí no me borbonea nadie». Pero no creo, majestad, que el general Primo de Rivera considerara seriamente esa opción. Sería un arrebato pasajero, como tantos que tuvo. Pero pasemos a la actualidad: ¿qué le parece el panorama español, con las innumerables huelgas? ¿Qué le parece el poder desmedido que tienen actualmente los sindicatos?


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