Hugo Chávez organizaba grandes concentraciones políticas. En aquellos actos se convirtió en ritual empezar la ceremonia cantando a todo pulmón Gloria al bravo pueblo, el himno nacional de Venezuela. Esta rutina marcó una ruptura con el pasado. Antaño, se reproducía el himno en actos formales (rara vez en concentraciones políticas), y sólo se entonaba la primera estrofa. Chávez y sus seguidores, en cambio, cantaban las tres estrofas.
Pero como en todo nacionalismo exacerbado, la verdad histórica sufre mucho. Una vez que se consumó la independencia, las élites criollas tuvieron que inventar mitos para forjar identidades nacionales que aún no existían. El Gloria al bravo pueblo es uno de esos mitos. La letra de la canción fue compuesta por Vicente Salias en 1810, cuando en Caracas se formaban juntas de gobierno. Salias murió en 1814 a manos de José Tomás Boves, el fiero caudillo asturiano que luchó contra los independentistas en Venezuela.
Pero es falso que Gloria al bravo pueblo fuese un canto independentista. Originalmente, una de sus estrofas reza así: “Pensaba en su trono / que el ardid ganó / darnos duras leyes / el usurpador”. Este usurpador es Napoleón Bonaparte, pues la junta que se formó en Caracas en 1810 llevaba por título “Junta Suprema Conservadora de los Derechos de Fernando VII”. El Gloria al bravo pueblo era un canto en defensa de España y su rey, frente a la invasión napoleónica. En otra estrofa, dice la canción: “¿Qué aguardáis, patriotas, / hijos de Colón? Marchad tras nosotros / ¡Y viva la unión!”. Esta unión estaría constituida por los que, como luego quedaría expresado en la Constitución de Cádiz de 1812, serían “españoles de ambos hemisferios”.
El Gloria al bravo pueblo no fue himno de Venezuela sino hasta 1881, cuando Antonio Guzmán Blanco —un caudillo convertido en presidente— lo decretó como tal. Guzmán Blanco fue uno de los que más promovió el culto a Bolívar en Venezuela, y como parte de esos arrebatos patrioteros, ordenó editar el Gloria al bravo pueblo a fin de que no quedara ningún vestigio de simpatía por España en la canción.
En Hispanoamérica, Venezuela no es el único caso de este tipo de manipulaciones patrioteras. Otros elementos que se han convertido en símbolos de la animadversión contra España, en realidad tuvieron orígenes muy distintos. Por ejemplo, en el célebre “Grito de Dolores” del 16 de septiembre de 1810 en México, el cura Hidalgo concluía con esta frase: “¡Viva nuestra Madre Santísima de Guadalupe; viva Fernando VII y muera el mal gobierno!”. O, en la rebelión peruana de Túpac Amaru en 1780, el grito de guerra era: “¡Viva el rey y muera el mal gobierno!”.
Es posible que en el caso de Hidalgo y Túpac Amaru —no así en el caso del Gloria al bravo pueblo—, esas proclamas hispanistas fueran meros adornos retóricos convencionales de la época, y no reflejaran un genuino sentimiento de apego a España. Pero aún en ese caso, los patrioteros hispanoamericanos contemporáneos incurren en burdas manipulaciones, al distorsionar los hechos históricos, y hacer todo un empeño por querer ocultar verdades incómodas.
Con todo, sería injusto acusar sólo a los patrioteros hispanoamericanos. El nacionalismo —una de las ideologías que más muertes ha cobrado en la historia— continuamente inventa el pasado distorsionando los hechos históricos. No le faltaba razón a Ernest Renan en su célebre ¿Qué es una nación? cuando decía que equivocarse al contar la historia es un factor esencial en la formación de naciones. Por ejemplo, Renan recordaba que, para formarse como nación, los franceses deben “haber olvidado la noche de San Bartolomé (una terrible matanza de protestantes a manos de católicos)”. Y así, el nacionalismo se construye típicamente sobre una serie de obvias falsedades (“Colón era catalán”), medias verdades (“Boudica era británica”), o sencillamente graves omisiones (a los nacionalistas mexicanos no les gusta que les recuerden que la conquista de México no la hizo tanto Cortés, sino sus aliados tlaxcaltecas).
En algún momento, el fervor nacionalista ha servido de inspiración para cosas buenas. Muchos actos de valor y heroísmo han ocurrido como consecuencia de un genuino apego a la patria. Pero las más de las veces, ese apego es guiado por la absurda proclama “mi país, ¡para bien o para mal!”, lo cual quiere decir que el interés de la nación debe privilegiarse por encima de cualquier otra cosa, incluyendo la verdad histórica. Por actitudes como ésta, el nacionalismo se ha convertido en una de las grandes calamidades de los tiempos modernos. Una sana actitud frente al nacionalismo es no tragarse todos sus cuentos y evaluar con espíritu crítico sus proclamas, sobre todo en asuntos históricos.


El nacionalismo es un defecto; el patriotismo, una virtud. Soy español, portugués, francés, germano, italiano, eslavo, árabe, fenicio, ateniense, espartano, romano, godo, alejandrino y jerosomilitano.
Bastantes falacias y falsedades en este articulo; aclarare algunas de ellas, en esa época lo que los españoles denominaban criollos se autodenominaban ellos mismos como “hijos de Colon”, luego la palabra criollo paso a ser sinónimo de nacional, nuestra música folclórica la llamamos música criolla
Aunque aun se discute quienes fueron los verdaderos autores los mas reconocidos fueron Vicente Salías y Juan José Landaeta; ambos fusilados por los españoles!!! pero el despistado del articulo dice que el himno defendía a España.
Además existe un registro de cuan grande fue el prestigio de esta canción patriótica, de cuyo impacto en los españoles se hace eco el Intendente del Ejército y Real Hacienda, quien informa al Supremo Ministerio de Hacienda- por documento fechado en Cádiz el 4 de julio de 1810-, lo siguiente: “pero lo más escandaloso fue que en las canciones alegóricas que compusieron e imprimieron de su independencia, convidaban a toda la América Española para hacer causa común, y que tomasen a los caraqueños por modelo para dirigir revoluciones”. (Documento en el Archivo General de Indias, España). Dichos conceptos constituyen una atinada interpretación del sentido de la tercera estrofa del Gloria al Bravo Pueblo …
«Unida con lazos que el cielo formó, la América toda existe en Nación, y si el despotismo levanta la voz seguid el ejemplo que Caracas dio».
Los verdaderos autores del del Himno Nacional de Venezuela fueron Andrés Bello (letra) y Lino Gallardo (música) y fue compuesto en 1808 en homenaje al Bravo Pueblo Español que se rebeló contra la ocupación extranjera, contra el Ejército de Napoleón Bonaparte quien engañó a los imbéciles Carlos IV y su favorito Manuel Godoy con el anzuelo de repartirse con ellos Portugal, lo que permitió la entrada pacífica de las tropas napoleónicas a España. La actual letra del Himno Nacional de Venezuela resulta incomprensible sí desconocemos su letra original y la intención de sus autores. En el mismo año 1808 Andrés Bello escribió una obra de teatro, que se representó con éxito en Caracas, también en apoyo a la causa de la Independencia de España contra la invasión francesa. Fue el Bravo Pueblo Español quien se rebeló y lanzó a la guerra de liberación nacional porque mucha parte de la Nobleza Española, de los jerarcas de la Iglesia, de los terratenientes, de los altos mandos de los Ejércitos del Rey y de los capitanes de la industria y el comercio apoyaron al invasor extranjero, formaron “el partido afrancesado”, pero el pueblo español se lanzó con valentía a luchar por España, por su Independencia y allí inició su propia Guerra de Independencia (1808-1814) que ganó con el auxilio de Inglaterra y logró vencer a los Ejércitos de Napoleón Bonaparte, el gran traidor a la Revolución Francesa, quien abolió la República para restablecer la Monarquía Absoluta en cabeza propia y restablecer la esclavitud, abolida en 1794 por Ley de la Asamblea Nacional de Francia. La incapacidad y la cobardía de Carlos IV y de Fernando VII, “El Rey Felón” (así llamado por los propios historiadores españoles) determinó el inicio de los movimientos independentistas de la América Española que darán nacimiento a la mayoría de las actuales Repúblicas Hispanoamericanas. Por cierto, al gran sabio y humanista Andrés Bello lo marginaron de la política en Venezuela porque al caer la Primera República bajo el incompetente mando militar de Francisco de Miranda solicitó al Gobierno Español ser beneficiado por la Amnistía General que decretó en favor de los revolucionarios de la América Española, solicitud que hizo desde Londres, donde vivía en la casa del propio General Miranda, ocupando el cargo de Secretario de la Misión Diplomática del gobierno autónomo de Venezuela, abolido por la desdichada Capitulación de Miranda, que muchos consideraron una traición a la recién fundada República de Venezuela, desde 1999 y hasta 2025 colonia de Cuba y hoy Protectorado de Estados Unidos. Quiera Dios que Venezuela logre recuperar su Independencia, su Soberanía Popular y su Democracia, perdidas desde 1999 por sus incapaces políticos y supuestos “jefes militares”.
Ante tan grande ignorancia de la Historia aclaro que la letra original del Himno Nacional de Venezuela “Gloria al Bravo Pueblo (Español)” al referirse al “ejemplo que Caracas dió” se refiere al rechazo y repudio a las pretensiones de Napoleón Bonaparte de imponer como nuevo “Rey de España y de las Indias” a su hermano mayor José Bonaparte, ex diputado jacobino en la traicionada Revolución Francesa, cuyo emisario en Caracas en 1808, el teniente francés Paul Lamanon, fue expulsado, casi linchado por el pueblo de Caracas (cuyo Ayuntamiento ratificó como Rey a Fernando VII, El Deseado) y finalmente apresado con su nave de guerra por una fragata británica en la rada de La Guaira. Similar trato recibieron en casi todos los países de la América Española. En México se quemó en acto público la correspondencia, cartas y credenciales, de los emisarios napoleónicos. El principal apoyo financiero de España en su Guerra de Independencia contra Francia (1808-1814) lo dió la América Española, no solo en dinero (monedas de oro y plata), joyas, alimentos y otros avituallamientos, también en combatientes porque todos éramos españoles y España nuestra Patria (después de las Independencias de las Repúblicas Hispanoamericanas, y pasada la propaganda de guerra, se le llamó con amor “Madre Patria”). Toda la América Española participó del esfuerzo bélico y encabezaron las contribuciones y donaciones México (Virreinato de la Nueva España), Perú (Virreinato del Perú), Argentina, Uruguay y Bolivia (Virreinato de Buenos Aires), Colombia, Panamá, Ecuador y Venezuela (Virreinato de la Nueva Granada), y a Cádiz y Sevilla llegaron las auxilios de la América Española, sin olvidar que muchos españoles americanos combatieron por España en la Península, por encontrarse allí o porque viajaron expresamente a pelear por España, nuestra Patria común, entre los más destacados en la Historia José de San Martín, José Miguel Carrera, Carlos de Alvear, Manuel Blanco Encalada, Carlos de Montúfar, Juan Martín de Pueyrredón, José de la Mar, José de la Riva Agüero, Servando Teresa de Mier, y muchos otros que no recuerdo ahora porque escribo de memoria. Todo esto a pesar que las élites de la América Española estaban sentidas por los maltratos de los Borbones (irónicamente una dinastía con orígenes franceses) y especialmente porque cedieron territorios de la América Española a Francia y a Inglaterra en varias ocasiones (Santo Domingo y la gran Luisiana a Francia, las Islas venezolanas de Trinidad y Tobago a Inglaterra, por ejemplo), algo impensable en la época de los Austrias, descendientes de los Reyes Católicos. En la América Española no se aceptó al usurpador extranjero, como no lo aceptó el pueblo español en la Península, pero la incapacidad, la cobardía y el despotismo de Carlos IV y especialmente de Fernando VII, quienes vivieron toda la Guerra de Independencia de España en Bayona, en palacios con todos los lujos y servidumbre y abdicaron y pidieron obediencia a los Bonaparte con una cobardía e indignidad impropia del nombre español, determinaron el cisma. La América Española no traicionó a España por su Independencia, fueron los indignos Carlos IV y Fernando VII quienes hicieron necesaria la separación. Quizás el futuro nos una en una Federación cuando exista plena vigencia de los Derechos Humanos y madurez política en todo el mundo hispánico. Finalmente expreso mi solidaridad absoluta con los sufridos pueblos de Cuba, Nicaragua y Venezuela, víctimas de terribles tiranías y espero que pronto logren la Libertad, la Soberanía Popular y la Democracia, que triunfen sobre la oscuridad, el atraso, la esclavitud y la más criminal represión (la que censura, silencia, encarcela, tortura y mata) y que jamás vuelvan a ser haciendas privadas de unas familias, Colonias, Satrapías ni Protectorados ni en forma alguna gobernadas por extranjeros.
Disculpen todos mi error al referirme al “Virreinato de Buenos Aires”, Buenos Aires era la capital del Virreinato del Río de la Plata, porque al crearse se le quitó el Alto Perú (la actual Bolivia) al Virreinato del Perú porque era más fácil las comunicaciones del Alto Perú con sus ricas minas de plata (El Potosí) con Buenos Aires en comparación con Lima, así el Virreinato del Perú quedó reducido a Perú y Chile y el Alto Perú (Bolivia) fue transferido al nuevo Virreinato del Río de la Plata, junto a Paraguay, Argentina y Uruguay. Y el sabio Andrés Bello nunca regresó de Londres a Venezuela aunque en Chile, que supo apreciar sus grandes talentos, desarrolló su gran obra humanística y fue maestro para todo el mundo hispánico.
Revisé un libro sobre el grande hombre Andrés Bello y allí está reseñado que escribió los poemas “Sonetos a la Victoria de Bailén” en 1808 y la obra de teatro “España Restaurada”, también de 1808, también la escribió en homenaje al Bravo Pueblo Español, porque en 1808 todos los hispanoamericanos, entonces conocidos como “Españoles Americanos”, para distinguirnos de los “Españoles Peninsulares”, de los “Españoles Canarios” y de los “Españoles Filipinos”, éramos todos súbditos de la Corona Española, hasta que inició su reinado el nefasto Fernando VII, primero llamado “El Deseado” y después “El Rey Felón”, quien generó tantas desgracias para España y la América Española, porque su actuación tiránica cerró toda posibilidad de reconciliación y sus desastrosas políticas absolutistas son conocidas: Agradeció a los héroes españoles que ganaron la Guerra de Independencia contra Francia persiguiéndolos, encarcelándolos, desterrándolos y ejecutándolos, restauró el Absolutismo y la Inquisición y después pidió que otro Ejército Extranjero invadiera España en 1823 para imponer su Absolutismo, por no aceptar la Monarquía Constitucional, y éste Ejército de Ocupación, otra vez de franceses para matar españoles, como antes los Ejércitos Napoleónicos (1808-1814), fue llamado “Los Cien Mil Hijos de San Luís” (para disfrarzarlos con olor a santidad) que una rama de mis antepasados (la española, porque también tengo una rama indígena y otra negra), que emigraron a Costromo, llamaban “Los Cien Mil Franchutes Hijos de…”.
A pesar de Fernando VII, indigno de llamarse español, en Hispanoamérica, la antigua América Española, amamos a España y la tenemos en nuestro corazón porque nos forjó el alma durante tres siglos, porque hablamos una lengua española, creemos en Jesucristo, admiramos a Cervantes y al Quijote y nuestra mentalidad es occidental. Y en Costromo nuestro poeta predilecto es el gran Francisco de Quevedo, con su visión realista (filosófica, no política) del mundo.