Hay libros que no solo se leen, sino que se recorren. Tres halcones para Tamerlán, del licenciado en Derecho, Filosofía y Teología Jesús Sánchez Adalid (Villanueva de la Serena, 1962), es uno de ellos. Una obra que rescata una de las aventuras más fascinantes —y paradójicamente menos conocidas— de la historia medieval española: la embajada castellana enviada a comienzos del siglo XV hasta la corte del kan conquistador de Asia Central, Tamerlán.
Castilla mira hacia Oriente
El relato da comienzo en el año 1403, bajo el reinado de Enrique III de Castilla. En un contexto de tensiones con el poder otomano y de amenaza constante de piratas berberiscos en el Mediterráneo, Castilla decide buscar aliados en Oriente. La figura clave es Tamerlán, enemigo del sultán turco.
Tras una primera embajada exitosa, el monarca castellano recibe valiosos regalos del conquistador oriental; entre ellos se encuentran tres mujeres cristianas liberadas de los harenes turcos. El rey decide corresponder con un presente simbólico y profundamente arraigado en la cultura hispana: tres halcones.
No se trata de aves cualesquiera. Son emblemas del reino: un gerifalte blanco, símbolo de pureza del alma; un peregrino, representación del mensajero; y un baharí oscuro, imagen de la fuerza disciplinada.
El viaje como revelación
El narrador del viaje es Alvar, joven halconero que se ocupa del cuidado y entrenamiento de los halcones. Sánchez Adalid construye un relato en primera persona que permite al lector sentir cada etapa del camino. Desde Castilla hasta Samarcanda, pasando por el Mediterráneo, Constantinopla o las ruinas de Troya, Trebisonda, Teherán… el viaje se convierte en una auténtica odisea.
La travesía marítima ya resulta sobrecogedora —“el cuerpo se sentía pequeño, y el alma aún más”—, pero es en tierra firme donde los peligros se multiplican: bandidos, enfermedades y caminos desconocidos. Cada jornada es un desafío; cada etapa, un mundo nuevo.
Como bien resume la obra: cada día dejan atrás un mundo mientras otro completamente distinto se despliega ante ellos.
Un encuentro de civilizaciones
Uno de los aciertos del autor es su capacidad para retratar el choque —y también el diálogo— entre culturas. El mundo cristiano medieval, con su profunda espiritualidad, se encuentra con el universo islámico y con las tradiciones orientales de raíz tártara.
Sánchez Adalid recrea, como bien sabe hacer, no solo paisajes y costumbres, sino también mentalidades: los temores, las incertidumbres y las esperanzas de unos hombres que se enfrentan a lo desconocido. En ese proceso, el viaje deja de ser únicamente geográfico para convertirse en una transformación interior.
Alvar va mostrando al lector, poco a poco, que su destino no es solo Samarcanda, cruce de caravanas en la mítica Ruta de la Seda y capital del imperio, sino también ese lugar íntimo y secreto donde todo adquiere sentido.
Una epopeya olvidada
Resulta sorprendente que una misión política de tal magnitud —de más de dieciocho mil kilómetros entre ida y vuelta, realizada entre 1403 y 1406— haya quedado en gran medida relegada en la memoria colectiva, especialmente si se compara con expediciones como las de Marco Polo. La embajada castellana supuso una hazaña marítima y terrestre de enorme dificultad y complejidad, tanto física como logística.
Sin embargo, la base histórica de esta novela es sólida. Sánchez Adalid recupera el testimonio escrito por Ruy González Clavijo y lo transforma en una narración viva, accesible y profundamente evocadora.
El autor, a la vez que construye el diario del viaje, describe con detalle la mentalidad de los cristianos medievales, con sus dudas, miedos y esperanzas, y desvela las inseguridades a las que se enfrentan en una travesía desconocida que los conduce también al entendimiento de sí mismos.
Un aspecto destacable del libro es mostrar un camino en el que se entrelazan lo cristiano y lo musulmán, lo romano y lo griego con lo oriental, representado por lo turco y lo tártaro. Esta combinación ofrece una visión de conjunto rica y matizada que enriquece la narración.
Literatura para entender el mundo
Más allá de la aventura, Tres halcones para Tamerlán es una reflexión sobre la diversidad cultural y la posibilidad de entendimiento entre pueblos. Porque, como demuestra esta historia, viajar no es solo desplazarse: es aprender a mirar; es comprender que lo que para unos puede ser una descortesía o una afrenta, para otros puede ser la más refinada forma de honrar a su huésped.
Y quizá ahí reside la grandeza de esta obra: no solo en lo que cuenta, sino en lo que nos hace sentir y comprender al narrar los sentimientos de unos castellanos del siglo XV que emprendieron un viaje de ida y vuelta hacia un mundo prácticamente inimaginable para su mente.
Como conclusión, puede afirmarse que Jesús Sánchez Adalid, en Tres halcones para Tamerlán, nos muestra que la literatura es un instrumento privilegiado para entender el mundo y la diversidad cultural, que derriba barreras y construye puentes permitiendo el acercamiento entre los hombres.
La novela no solo es un relato histórico; la aventura está presente y maravilla el contraste entre la mentalidad del hombre procedente del occidente medieval y las costumbres de una legendaria corte oriental.
Se puede destacar la coherencia y credibilidad con que el narrador, Alvar, describe el viaje; otro punto remarcable es que, a pesar de ser un relato de una aventura real, en ningún momento el ritmo narrativo marcado por Adalid se hace lento, e incluso la meticulosidad que emplea en las descripciones no las hace monótonas. Una vez más, los lectores de novela histórica estamos de suerte: el autor extremeño mantiene esa voz narrativa tan reconocible a que nos tiene acostumbrados.
Asimismo, Adalid pone de relieve el sentido de Estado de Enrique III, quien aspiraba a situar a Castilla entre las potencias marítimas del Mediterráneo y que tuvo la visión de buscar alianzas en territorios lejanos y desconocidos, al objeto de proteger a los habitantes de las costas castellanas y ocupar una posición predominante en el Mare Nostrum.
Finalmente, Jesús Sánchez Adalid subraya en la “Nota histórica” con la que cierra el libro que el principal legado de aquel viaje fue el relato escrito por Ruy González de Clavijo, titulado La embajada a Tamorlán: Relato del viaje hasta Samarcanda y regreso (1403-1406), del que solo se conservan tres ejemplares.
El autor señala que la huella castellana no se ha borrado con el tiempo. En la Samarcanda moderna, el recuerdo de la llegada de los castellanos hace seis siglos sigue presente. Tamerlán nombró con el nombre de Madrid un barrio extrarradio de la capital, y asimismo se nombró en la capital una calle con el nombre del embajador Ruy González de Clavijo. También podemos encontrar en el museo de la Fundación Samarcanda (Afrasiyab) que la figura de los embajadores castellanos es recordada con honor como una de las conexiones diplomáticas más antiguas y lejanas.
Tres halcones para Tamerlán es, en definitiva, un libro muy recomendable, puesto que pone de relieve un episodio poco conocido del siglo XV español que ayudó a que Occidente y Oriente se conocieran algo mejor.
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Autor: Jesús Sánchez Adalid. Título: Tres halcones para Tamerlán. Editorial: HarperCollins. Venta: Todos tus libros.


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