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Volver a la adolescencia

Volver a la adolescencia

En su última novela, J. D. Barker vuelve a escribir en solitario. Dicho así puede sonar raro, pero el caso es que este es un escritor que parece disfrutar con las novelas a cuatro manos, algo que enfrenta muchas veces a sus lectores. Esta vez no solo ha vuelto a sus orígenes en solitario, sino también a un género que parecía haber abandonado, el terror.

En El pacto, Barker se deja llevar por el terror más clásico de las novelas juveniles de finales de los años ochenta para adentrarse en una historia que se va oscureciendo a medida que el lector avanza. Spivey, protagonista pero no narrador, ya que la historia la contarán su amigo Billy y Whaley, es un chaval cuya enfermedad ha endeudado a unos padres que distan mucho de ser perfectos, y que se encuentra por sorpresa con la noticia de ser el heredero universal de una abuela a la que solo recuerda haber visto una vez. Y además de un buen pellizco económico, que le irán entregando en forma de renta, Spivey ha heredado una isla, un montón de normas y la posibilidad de divertirse con sus amigos el verano antes de ir a la universidad. Porque si uno tiene un pequeño grupo de amigos y hereda una isla que se divisa desde la costa, tarda entre menos y nada en ponerse rumbo a ella, bien surtido con algo de beber y muchas ganas de divertirse. Hasta ahí, todo normal, solo que la casa que domina la isla no es una casa normal y Barker empieza a jugar con el lector, tiñendo su prosa de una sensación de fatalidad que solo se rompe por unas risas que poco a poco serán apagadas. Parte de lo que hace que la novela funcione es que, pese a estar contada desde el presente, cuando todo ya ha sucedido, los narradores mantienen la inocencia que tuvieron en aquel momento y evitan adelantarse a cualquier sorpresa que la historia nos tenga preparada, algo que permite al lector sentirse igual de perdido que ellos durante la primera parte de la novela y sumergirse en la atmósfera y una intriga llena de giros superada la segunda mitad. Y es que la dinámica de los distintos personajes se va a ver afectada por las vivencias, y llega a convertirse en el gran tema de la narración: la amistad, algo que a los que hemos leído a Stephen King en sus primeros títulos nos resulta más que familiar.

Barker hace gala de una escritura fluida que es fácil de seguir, en la que la imaginación se mezcla con la ambientación clásica del subgénero “casa encantada” y unos toques de folklore, que aportan la duda razonable sobre lo que sucede en la historia local, además de darle el contrapunto justo que saca la historia de ser encasillada como una simple historia de miedo. Otro de sus aciertos es el tono utilizado, sobre todo en las primeras páginas, que logran que el lector sienta que está ante la confesión de Billy, que va a hablar por fin de lo que sucedió hace años, y en las que deja varias pistas que solo los lectores más hábiles serán capaces de recoger, contribuyendo de este modo a la sensación de estar en un juego de inteligencias en el que la imaginación del escritor se enfrenta a la experiencia del lector de género. Y si las primeras páginas dejan esa sensación, hay que hacer mención a la importancia del final, que muy posiblemente haga que el lector finalice con una sonrisa cómplice esta lectura, perfecta para la temporada vacacional que comenzará en apenas un par de meses.

Dicho esto, solo me falta añadir un pequeño detalle, y es que la isla en la que todo sucede existe y tiene su propia historia. Una mucho más sangrienta que la de la novela. Así que no me extrañaría que la casa que hay en ella estuviera realmente encantada.

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Autor: J. D. Barker. Título: El pacto. Traducción: Julio Hermoso Oliveras. Editorial: Destino. Venta: Todos tus libros.

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