Ya te fuiste, Raúl. Tú no ibas nunca a los entierros y funerales de los demás. Tenías pánico a la muerte y no la querías tratar ni siquiera desde lejos. Yo no pude ir a tu a despedida en la Casa de la Villa porque el día que te marchaste operaron de algo muy importante a un familiar muy cercano. Pero te sentí próximo, Raúl, muy próximo, y ahora sé para mí que siempre estarás vivo, con tu sonrisa ancha, fresca, simpatiquísima, generosa, como lo eras tú, todo tu ser.
Y tus libros, todos dedicados en diferentes momentos, con tu estilo inconfundible, la “prosa canalla” que tal vez vio en ti Francisco Umbral, que era muy duro de palabra con todo el mundo, especialmente con sus amigos, pero que cuando se ponía a escribir sí que era generoso. Esto te lo dije en una ocasión en vivo, y me respondiste: “Eso es verdad”.
Cuánto te debo, Raúl. Te debo algunos grandes proyectos, que tú gestionaste para que yo los hiciera. Te debo muchos grandes momentos, muchas comidas con amigos, muchas veces con Rafael Ramonet, y con Julio Valdeón, Jesús Úbeda y tantos otros. Siempre digo que gracias a ti y a esas comidas conocía a gente como Arrabal, Ramón Tamames o Jesús Quintero, entre otros.
Más que un maestro fuiste un amigo, un Amigo, con mayúscula, y te tuve demasiado cerca para valorarte en todo lo que valías, que era muchísimo. La gente te quería, los jóvenes periodistas aprendíamos de ti. Trabajabas como sin querer, como sin trabar, porque tú no concedías al trabajo periodístico el rango de trabajo, porque para ti era una pasión, y les decías a los jóvenes que si no sentían esa pasión dejaran de hacerlo.
Una vez me confiaste que me apoyabas porque creías realmente que yo valía para el oficio del periodista, y que si tú tuvieras poder, me dijiste, ya trabajaría en este oficio con normalidad. Alguna vez me decías, efectivamente, que no tenías ningún poder, y yo me lo creía, pero te respondía que tú influías en los poderosos, lo que venía a ser lo mismo.
Qué bien lo hemos pasado juntos, Raúl. “El paraíso de los viernes” llamaba yo a las comidas de los viernes, las paellas entonces que comíamos y las estupendas conversaciones que teníamos. Contigo se aprendía el oficio del columnista, porque veías en directo cómo trabajaba un columnista.
Pero tú te considerabas en realidad reportero, porque reportero habías sido de joven y gran parte de tu vida. Decías que escribir una columna era como escribir un reportaje en 500 palabras. También decías que un columnista era un reportero sentado.
Incluso te escribí un poema, que te encantó. Escribías muy bien, pero eras tan buena gente que me parece que esto estaba por encima de tu arte literario y de tu talento como periodista. Tu calidad humana estaba por encima de todo, aunque de vez en cuando esta desfallecía y se comprendía que eras un ser humano, como todos nosotros. Pero creo que eso te hacía mejor, porque te hacía real, más auténtico todavía, y ya era difícil.
Conocías a todo el mundo, y todo el mundo te apreciaba, todo el mundo te quería. Tu agenda estallaba de gente, grande y pequeña, importante y no importante, porque tu ánimo siempre era el de ayudar al que necesitaba algo, y todo el mundo, pienso ahora, necesita algo.
Los periódicos, las radios, las televisiones están de luto desde que te fuiste porque los llevaste con gracia, con garbo, con estilo, muchísimos años.
Se va toda una generación de escritores y periodistas, nuestros padres del oficio, los padres de nuestra vocación, nuestros compañeros de armas, los que nos enseñaron tantas cosas que a veces parecía que ya las sabíamos, pero fueron ellos, vosotros, los que nos inspirasteis, los que nos pusisteis en camino, en marcha.
Umbral utilizaba para referirse a Cela una expresión de Nietzsche, “profesor de energía”. Ahora que lo pienso, yo he tenido algunos profesores de energía, y tú, Raúl, fuiste uno de ellos.
No eras exactamente creyente, pero querías creer en Dios, y seguramente al final creías en Él, lo ignoro. Pero si existe el Cielo, y yo pienso que existe, estarás desde allí leyendo este texto y sé que la próxima vez que nos veamos me dirás: “Muy cariñoso tu artículo, muchas gracias”.


Zenda es un territorio de libros y amigos, al que te puedes sumar transitando por la web y con tus comentarios aquí o en el foro. Para participar en esta sección de comentarios es preciso estar registrado. Normas: