El último título de Hannah Kent que ha llegado a las librerías, Siempre en casa, siempre lejos de casa, es una bella historia de amor entre una joven de 17 años y el país al que viaja en un intercambio. La joven es la propia Hannah Kent y el lugar es Islandia, un país al que llega sin conocer el idioma y en el que tiene un comienzo accidentado, pero con el que poco a poco va forjando unos lazos que se convierten en raíces invisibles que la han acompañado toda la vida.
Kent describe el país con una prosa en la que se mezcla la belleza natural con un profundo sentimiento introspectivo ante cada nuevo paraje, logrando esa prosa capaz de hacer que el lector se sienta inmerso en la historia. Además, y dado que vivimos en un mundo en el que las fronteras físicas se traspasan con relativa facilidad, el lector puede sentirse identificado en muchos momentos con la experiencias que relata. De la extrañeza de alguna comida al placer de descubrir la gastronomía, de la sensación de no encajar a la de haber encontrado su sitio cuando, al fin, da con la familia de acogida que la entiende y la impulsa, del idioma ininteligible a soñar en islandés; todos ellos son momentos que cualquiera que ha viajado, realizado un intercambio o simplemente estudiado un idioma comprende a la perfección. Y es que Islandia es el gran personaje de estas memorias, y el lector es testigo de eso que ahora llaman slow burn en las novelas románticas. Allí y gracias a una profesora, escribe poemas y comienza a sentir esa necesidad primaria de plasmar en palabras sus sentimientos, y es donde conoce la historia de la última persona ejecutada en el país, en 1830, Agnes. A partir de ahí, Kent regresa sintiendo que una parte de Islandia va a permanecer siempre con ella, y comienza la investigación que dará como fruto la mencionada Ritos funerarios, recopilando información, visitando lugares, sintiéndolos y escuchando una historia que nunca ha terminado de cicatrizar y comparte cada paso con un lector que no puede evitar caer en la fascinación del proceso mientras asiste al crecimiento del proyecto tanto como al de la propia autora. Además tiene el acierto de no detenerse en el momento de la publicación de Ritos, y no solo porque esto son unas memorias y no un work in progress, sino porque los libros siguen creciendo tras ser publicados y la autora descubre que muchos de los momentos ficcionados resultaron ser similares a los vividos, regresa a Islandia y se emociona al comprobar que su amor por esa tierra es recíproco, y que ella también ha dejado una huella en el país que la acogió impulsándola a ser la persona en la que se ha convertido.
Siempre en casa, siempre lejos de casa no son unas memorias al uso, ya que no hace falta haber leído a la autora para sentirse transportado por ellas. Lo que sí sucede es que, una vez leído, el lector va a querer saber qué le sucedió a Agnes Magnúsdóttir y, como sucede con las buenas novelas románticas, también va a querer enamorarse de un lugar lejos de casa. Porque no hay nada más bonito que sentir ese tipo de conexión.
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Autora: Hannah Kent. Título: Siempre en casa, siempre lejos de casa. Traducción: Laura Vidal. Editorial: Alba. Venta: Todos tus libros.


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