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Silvia Herreros de Tejada: “A las mujeres nos obligan a parecer como en una mediana edad indeterminada”

Silvia Herreros de Tejada: “A las mujeres nos obligan a parecer como en una mediana edad indeterminada”

La carrera de Silvia Herreros de Tejada se ve ocupada por la reflexión sobre la juventud. Después de abundantes estudios sobre Peter Pan y J. M. Barrie (Todos crecen menos Peter, 2009, Premio de Ensayo Caja Madrid), publica Juvencolía (Debate) donde abundan las preguntas sobre esta etapa vital con una estructura en diccionario repleta de conceptos.

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—¿Cuándo fue su eureka con este libro?

—Llevo toda la vida estudiando a Peter Pan, con lo cual cierta obsesión por la juventud he tenido siempre, incluso cuando era joven. Pero se me ocurrió estando en clase que una alumna de veintiún años empezó a quejarse de que ella tenía veintiún años y que había muchos autores y cineastas que habían hecho ya cosas importantes con veintiún años, como por ejemplo Mary Shelley, que había escrito Frankenstein. Hablaba de ese talento joven y que ella se sentía como que no iba a hacer nada siendo joven, nada relevante. Y además acababa de leer en la revista Vogue a una escritora joven que estaba teniendo mucho éxito. Entonces yo le dije que había salido en Vogue con mi última novela. Y entonces la chica cogió el móvil, me buscó y mientras ella leía el artículo yo estaba pensando que ella fuese a pensar que soy superguay, que es algo genial, que molo mogollón. Al terminar de leer el artículo me dijo: «Ay, muchas gracias. Me ha consolado saber que se puede salir en Vogue de mayor».

—¿Usted nunca ha tenido ese hechizo de la juventud eterna del que habla?

"Quería hablar de la juventud como un mandato cultural. Y entonces justo me diagnosticaron un cáncer de mama"

—Si, yo vivía en un efecto de la juventud eterna completamente. A mí me dio un respingo cuando ella me consideró mayor. Básicamente lo que me pasó es que cuando ella me llamó mayor, yo tenía cuarenta y ocho años y pensé: «¿Cómo es posible?». Y claro, ella tiene veintipocos, entonces, lógicamente, para empezar, desde su punto de vista, yo ya soy mayor, pero yo sí vivía en un hechizo de juventud eterna o en un hechizo de juventud performativa, digamos. Todo mi estilo de vida seguía siendo parecido al que yo tenía de joven. Aun siendo una persona con pareja y con un hijo y con responsabilidades, me seguía aferrando a un estilo de vida despreocupado, a un determinado look y a pensar que sigo siendo joven, que tengo oportunidades todavía por vivir, como si mi vida no estuviese establecida de alguna manera. Y entonces, aparte de este momento de epifanía, pensé en escribir un ensayo sobre la historia de la edad y por qué en el siglo XXI creemos que somos jóvenes cuando estamos cerca de los cincuenta. Quería hablar de la juventud como un mandato cultural. Y entonces justo me diagnosticaron un cáncer de mama y lo primero que pensé cuando me dijeron «tienes cáncer, vas a tener que operarte varias veces, quimioterapia, etcétera» fue :«Imposible, si soy muy joven». Entonces coincidieron en el tiempo ese giro vital y esa anécdota. Y entonces el libro se convirtió en un ensayo personal y narrativo donde hago un compendio por un lado de la historia de la edad, cómo hemos llegado a ver la juventud como la vemos ahora, cuándo se convirtió la juventud en un bien tan preciado, y por otro lado hablo de mi conocimiento sobre Peter Pan y el arquetipo de la juventud eterna. A mí me parece que es un arquetipo muy importante para nosotros en el siglo XXI, porque es donde se establece que ser joven es guay, como Peter Pan, y ser adulto como el Capitán Garfio es un rollo. Por decirlo así, en una dicotomía sencilla. Y luego mi cáncer. Entonces entrelazo unas memorias autobiográficas, un ensayo autobiográfico, con una mezcla de ensayo, de memoria de enfermedad, y una parte de ficción en la que yo hablo de mi yo de joven, como si fuera la protagonista de una novela ligera, porque una cosa que me sucedió mientras yo estaba enferma es que recordaba mi juventud como si fuera otra persona.

—¿Cómo decide estructurar este ensayo al estilo de un diccionario?

—Quería hacer algo que fuera una rara avis, y entonces pensé: “¿Cómo hago para aunar todas estas distintas líneas?”. Traté de buscar la corriente subterránea que tiene este libro. Es que a mí me diagnosticaron un cáncer y sentí un miedo terrible, no tanto a morir, porque por suerte tenía un buen pronóstico, pero tuve un miedo terrible a envejecer de repente y a perder mi juventud, como a perderme a mí misma por las consecuencias del tratamiento. Entonces sentí como este miedo a dejar de ser joven, la verdad, porque además, en un caso como el cáncer de mama, es una enfermedad que físicamente para las mujeres es muy jodida. En mi caso me tenía que hacer una mastectomía radical y quimioterapia, y yo sabía que iba a sufrir unos cambios físicos que ya me iban a imposibilitar parecer joven. Ya no jugaba a parecer joven. Y además hablo en el libro de esta pregunta: ¿tú cuántos años me echas? Tengo casi cincuenta, pero nadie lo diría. Ahora mismo vivimos como presos en la edad subjetiva, y es que a partir de los cuarenta años, un 70% de la población se siente como que tiene diez años menos de los que tiene.

—Usted pertenece a una profesión, profesora de universidad, con una maldición implícita: va envejeciendo, pero sus alumnos siempre tienen la misma edad. He conocido muchos profesores y profesoras universitarios que se vuelven como cabras directamente: se creen gurús porque tienen un auditorio secuestrado de chicas y chicos de dieciocho años sin herramientas para quitarles la razón.

"Para mí es como el otro lado del espejo: tú crees que sigues siendo joven, pero no, los jóvenes son ellos"

—Es una maldición, me parece. Es como tener al otro lado del espejo la eterna juventud, como los alumnos que van pasando año tras año y ellos siempre son jóvenes y tú cada vez eres más viejo. Y se nota mucho. Al principio cuando empiezas a trabajar eres como un profesor-colega y luego de repente eres como un profesor-padre-mentor, y entonces es muy desasosegante. Para mí es como el otro lado del espejo: tú crees que sigues siendo joven, pero no, los jóvenes son ellos.

—En el libro hay digresiones divertidas: como cuando habla del programa Erasmus. ¿Nota a la juventud actual más aislada, más ensimismada que cuando usted era joven?

—A esto contribuye que el libro es un abecedario, porque me permitía de alguna manera que cada capítulo se pudiese leer de manera independiente, aunque luego todos están interconectados entre sí, y permitía marcar muy concretamente los hitos de la juventud. Entonces, la «a» es de “adultescencia”, que es otro palabro de los muchos palabros que empleo en el libro. La «b» es de Barry, autor de Peter Pan, y la «c» es de California, donde florecieron los hippies en los años setenta. Y la «e» es Erasmus. Todo tiene forma de abecedario porque yo cuando era niña y tenía miedo mi madre venía a mi habitación, se metía conmigo en la cama y me decía “vamos a jugar al abecedario contra el miedo”, que implica decir en voz alta palabras bonitas, y así pensamos en la belleza del mundo y no en aquello que nos aterra. Para mí “Erasmus” es una palabra muy luminosa, porque para mí el Erasmus fue en los noventa el verdadero descubrimiento de lo que significaba ser joven. Era de repente como la libertad absoluta de conocer gente de otros países, de otros lugares, la apertura total: como un despertar sexual. En España todavía no estábamos ahí, a aprender a ser libre, a no vivir con tus padres. Y además no había móviles. Para mí era el aislamiento real: te ibas de Erasmus, mi madre me llamaba una vez a la semana y me parecía que era una independencia real. Ahí de verdad sentí como ese fragor de la juventud, de lo que significaba ser joven de verdad, cuando entiendes a los hippies, el rock and roll, cambiar el mundo, esa idealización. Y creo que ahora la juventud está más desencantada de lo que estábamos nosotros. El otro día se leyó Juvencolía un alumno mío y me dijo que creía que a lo mejor cuando tenga mi edad iba a echar de menos mi juventud y no la suya.

—La verdad es que se me hace extraño, porque yo no echo nada de menos mi juventud.

"Creo que ahora estamos todos tan conectados y tan ensimismados en nosotros mismos, como que hay menos libertad en general de ser uno mismo"

—Depende mucho de la generación y depende mucho del tipo de juventud que tuvieras. En mi caso yo he idealizado mucho mi juventud porque yo estudiaba literatura en Edimburgo y por determinadas situaciones concretas: tuve grandes amores y viví los grandes hitos de la juventud, pero en general también creo que ahora estamos todos tan conectados y tan ensimismados en nosotros mismos, como que hay menos libertad en general de ser uno mismo.

—¿Estamos atrapados en tratar de aparentar la edad que no tenemos?

—Creo que la sociedad actual fomenta la juvencolía desde varios lugares. En el caso de las mujeres nos obligan a parecer siempre no ya jóvenes, sino como en una mediana edad indeterminada. En el libro lo llamo “midorexia” y es una especie de anorexia por la mediana edad. A aferrarte a parecer de 40, de 45, igual de 50, pero que no esté muy claro. Estamos obligadas a estar metidas en una rutina de antiedad, fitness, estar delgadas, a vestirnos de señoras como se vestían nuestras madres. Se dice a veces con desdén, “uy, esa parece una señora” cuando somos señoras. Creo que nuestra sociedad está fomentando casi como si la juvencolía fuera sinónimo de éxito, como si ser adolescente fuera un éxito y envejecer fuera un fracaso.

—M. Barry, central en su obra. ¿Qué nos queda por descubrir de Peter Pan?

"¿Qué es la crisis de la mediana edad sino un cocodrilo con un reloj en el estómago que hace tic tac y te persigue?"

—Nos queda por descubrir de Peter Pan que Barry escribió la gran profecía de lo que iba a suceder en el siglo XXI. Barry es como el creador para mí de la crisis de la mediana edad, porque ¿quién es el Capitán Garfio sino un ser sumido en una terrible crisis de la mediana edad que no puede soportar a un joven porque representa la sombra de lo que él fue? ¿Y qué es la crisis de la mediana edad sino un cocodrilo con un reloj en el estómago que hace tic tac y te persigue? Para mí hacerse mayor es cuando empiezas a escuchar el tic tac del cocodrilo.

—La continuación de Spielberg, Hook, me parece una película extraordinaria, pero fue destrozada absolutamente por la crítica.

—Sí, fue totalmente destrozada por la crítica, y a mí me parece una adaptación muy fiel a lo que quería contar Barry en sus distintas obras sobre Peter Pan, y me parece que Hook explica muy bien el cliché de la crisis de la mediana edad en el personaje de Peter Pan hecho mayor con Robin Williams: está muy estresado y tiene un coche chulísimo, pero no va a ver a su hijo a jugar al béisbol y de alguna manera tiene que recuperar su verdadera esencia, que estaba en su juventud.

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