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Alberto Edjogo: “Los insultos racistas a Vinícius afectan a una comunidad entera”

Alberto Edjogo: “Los insultos racistas a Vinícius afectan a una comunidad entera”

Alberto Edjogo-Owono (Sabadell, 1984) ha querido abordar en su último libro, Heridas en la piel. Fútbol, racismo e identidad (GeoPlaneta, 2026), la evolución de los comportamientos racistas en el universo balompédico y su impacto en la sociedad: “No quería hacer un listado de casos de abusos racistas en estadios de fútbol y dibujar una realidad apocalíptica sin solución”. El exfutbolista profesional, periodista deportivo y analista en televisión, hijo de guineano y de española, parte de su propia vida, del quien lo probó lo sabe, y recuerda aquella vez en que, durante un entrenamiento con el alevín A del Espanyol, un compañero le llamó “negro zumbón”, o esa otra, mucho después, siendo internacional con Guinea Ecuatorial, en la que unos chavales le llamaron moan tang, que significa “chico blanco”. El autor marida historia, sociología, referentes —Wilfred, Kameni, los hermanos Williams…— y energúmenos. En Zenda reivindica el movimiento en L, el del caballo en ajedrez. Conversamos en un hotel próximo al Bernabéu.

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—¿Cuál es su primer recuerdo futbolístico?

—Seguramente, en algún vestuario de algún campo de tierra de antaño, llenando las botellas de agua, acompañando al hombre que hacía las líneas con la máquina de cal y haciéndole mil preguntas…

—Siendo un chaval, jugó contra Messi.

"¿El recuerdo de Messi? Ha hecho dos hat-tricks perfectos en su vida, sólo dos, y el primero fue ese"

—Fue muy duro para mí. Yo era jugador del Sabadell. Entré en el Sabadell con diecisiete años. Nunca acabé de cuajar ahí. Es el equipo de mi ciudad, donde me he criado y del que soy socio ahora. Es mi equipo, en realidad. Subí al primer equipo muy joven, fui cedido dos veces, y la segunda fue a la Gramanet B. Ese primer partido de cesión fue contra el Barça C de Messi. Había entrenado un par de días solamente, entré en el minuto 50 o 60 de partido, íbamos ganando, me expulsaron y remontaron. Ostras, eso es un golpe muy duro: eres nuevo, quieres encajar bien…, me metieron una multa tremenda, me quitaron medio sueldo y yo acepté porque me metieron cuatro partidos de sanción. Estuve una o dos semanas mal. ¿El recuerdo de Messi? Ha hecho dos hat-tricks perfectos —marcar tres goles en un mismo partido utilizando tres recursos distintos: uno con la pierna derecha, otro con la pierna izquierda y uno más de cabeza— en su vida, sólo dos, y el primero fue ese.

—Clasificación para los JJOO de Pekín 2008. Guinea Ecuatorial vs. Gabón. Partido de ida. Sobre el minuto ochenta, tal y como cuenta, “aparecieron unos cuantos helicópteros sobrevolando el estadio a baja altura”.

—Guinea Ecuatorial y Gabón somos rivales. En Guinea Ecuatorial, Gabón, Camerún, Congo, Chad y Centroáfrica, la moneda es la misma, el franco CFA. Es un espacio de libre mercado donde puedes mover mercancías y demás, y en el que las etnias se cruzan mucho. Cuando se hace la repartición de África en la Conferencia de Berlín, se hacen unos cuadrados y se separan etnias. Por ejemplo, la etnia fang, que es la de mi padre: tú eres más cercano culturalmente a un fang gabonés que a un kombe guineano. Los fang somos agricultores y recolectores, y los kombe son playeros, pescadores. Hay una situación más compleja de lo que puede parecer. Además, hay una disputa por un peñón en el que hay petróleo, eso está en los tribunales y tal… ¿Qué ocurre? Guinea Ecuatorial encontró petróleo y gas natural a finales del siglo XX. El dinero que entraba en las arcas del Estado se empezaba a ver entonces: carreteras, hoteles, etcétera. Los guineanos iban a Gabón en busca de una vida mejor. Ellos tenían los trabajos que nadie quería en Gabón. Entonces, era un partido muy especial por todo esto.

—Usted jugaba de centrocampista.

—Jugaba con el 10, tiraba los córners, las faltas y los penaltis. El partido de ida lo jugamos en el antiguo estadio de Bata, estaba lleno desde por la mañana. 0-0, atacando, atacando, no había forma de marcar. Y, de repente, empezamos a escuchar un ruido: tutututu… Eran helicópteros militares sobrevolando muy cerca de la grada del estadio. Como una señal de: “Esta es nuestra casa, quedan diez minutos, que sepan que están en nuestro territorio”. Quedamos 0-0, la semana siguiente fuimos a jugar a Gabón y ganamos la eliminatoria. Ahí te das cuenta de que el fútbol es una excusa para hablar de identidad, de orgullo nacional: el partido es una misión de Estado.

—En ese partido de vuelta, le gritaron moan tang, que significa “chico blanco”.

"Cuando jugabas con la selección olímpica sub 23, no había diversidad: casi todos eran jugadores de la liga local de Guinea Ecuatorial"

—Yo soy mestizo. Mi madre es de Granada y mi padre de Guinea Ecuatorial. Normalmente, los hijos de guineanos son mestizos: mis hermanos, Bodipo, Benjamín…, Balboa no: sus dos padres son negros. Entonces, cuando veníamos todos, más o menos sí que había más diversidad ahí dentro, pero cuando jugabas con la selección olímpica sub 23, no había diversidad: casi todos eran jugadores de la liga local de Guinea Ecuatorial. Como te decía antes, yo tiraba las faltas y tal. En el último entrenamiento antes del partido de vuelta, veo que los niños se reían mucho y se acercaban. Le pregunté a uno de los asistentes, el tío se estaba descojonando y me dice: “Dicen ‘moan tang’ que, en tu propia lengua, el fang, significa ‘chico blanco’. Les hace gracia que, entre tantos jugadores negros, haya uno blanco, que eres tú”.

—Su padre vino a España huyendo de la dictadura de Macías.

—Correcto. Mi padre es de un poblado del interior de Guinea Ecuatorial, Niefang. Es el mayor de una familia extensa. El mayor de una familia extensa, en la etnia fang, que viene de los bantús, tiene una responsabilidad: es el segundo padre de la casa. Entonces, tenía que ir a estudiar al colegio, volver, lavar los dientes a los niños, preparar la cena… Él tenía claro que estudiando podía dar el salto a Bata, en la parte litoral, que es la ciudad más poblada de Guinea Ecuatorial. El sistema educativo era español y sabía que la única posibilidad que tenía de salir de ahí era estudiando. Lo consiguió. ¿Qué ocurre? Cuando Guinea Ecuatorial se independizó, había dos posibles candidatos: uno, una persona que había estudiado, ilustrado, que quería progreso, que daba mucha importancia a los servicios, o dos, un perfil más duro. Entonces, la metrópoli, en este caso, España, tiene fuerza para hacer campaña por uno o por otro. Se apostó por Macías.

—Y salió mal la jugada.

"Lo primero que hizo fue sacar todos los símbolos de España. Palmeras en la nieve, de Luz Gabás, explica bastante bien lo que ocurrió"

—Lo primero que hizo fue sacar todos los símbolos de España. Palmeras en la nieve, de Luz Gabás, explica bastante bien lo que ocurrió. Hay una remesa de estudiantes que salen de ahí. Seis o siete, que han sido amigos siempre, llegan a España con una beca para trabajar en la administración pública y estudiar en la universidad. Curiosamente, con Franco había esa relación. A partir de ahí, se fueron desarrollando y siempre con esa mentalidad de tener a España como un lugar de acogida. Mi padre estaba muy agradecido. Yo le decía: “Vale, pero trabajas de sol a sol”.

—¿Cómo se queda uno cuando le dicen “sí, naciste aquí, pero no eres español español”?

—Para mí, es lo más difícil. Pongo el foco en los niños y en los adolescentes: es muy importante que crezcan con la confianza de saber quiénes son y cuáles son sus orígenes. Eso, muchas veces, te lo intentan tapar. Tengo anécdotas de estar en un avión, tener billetes de primera clase porque la Federación nos ha sacado billetes de primera clase para hacer Barcelona-Madrid, y revisarnos cinco veces el billete, y decir: “Ya está bien. Mi billete es este. No preguntes más, porque a los demás no les estás preguntando”. Hay gente que se queja mucho, seguramente con cierta razón, de que muchos inmigrantes o hijos de inmigrantes no sienten un fervor nacional, pero yo también les digo: “Puede ser, pero es que no te están dejando tenerlo. Los símbolos que se utilizan no van conmigo”.

—Me ha llamado la atención que en España no había animadversión hacia los primeros futbolistas negros, sino que eran percibidos como algo exótico, llamativo.

"Los jugadores negros que llegaron al principio eran pocos y eran elegidos, buenísimos todos. Era una nota exótica"

—Esto lo he hablado mucho con Enrique Ortego y con Alfredo Relaño: los jugadores negros que llegaron al principio eran pocos y eran elegidos, buenísimos todos. Era una nota exótica. También es verdad que, a nivel social, no había mezcla. Más adelante, con la Ley Bosman, cuando se abren las fronteras, empieza a haber más y ya no son tan elegidos, los hay también del montón, para entendernos. Entre esto y la proliferación de ultras en los noventa, el racismo empieza a aparecer. En Inglaterra, por ejemplo, los jugadores negros de la Commonwealth estaban dentro: “Eres negro, pero de la corona”.

—En los noventa, con los grupos radicales, el racismo se dispara en la cancha y alrededores.

—Hay un libro que se llama La tribu vertical, de Borja Bauzá, que habla del hooliganismo. Pone el foco en el Mundial de España 82, cuando empiezan a venir hooligans de países, especialmente, de Inglaterra e Italia. Yo soy del 84. Los de mi generación sabemos que en el 93, en el 94, en el 95 o en el 96, podías encontrarte un grupo de cabezas rapadas…

—Y corre.

—Claro. Yo he tenido mis conflictos por comportamientos racistas y tal, pero no ha habido nada…

—¿Alguna vez le han tocado los cojones de verdad?

—Sí. Mi hermano mayor, José Manuel, es muy reivindicativo con esto. Si en el aeropuerto le hacen el control aleatorio, le dice: “¿Por qué me lo haces a mí?”. Es como Malcolm X, a lo bestia. Y enfrentamientos… Recuerdo uno en concreto. Tenía dieciséis años, o algo así. En Sabadell hay una zona que se llama Zona Hermética. Había muchas discotecas juntas. Sabías que de jueves a domingo…

—Había sarandonga.

"Recuerdo estar tranquilo, sacar mi DNI, venir uno de sus acompañantes, darme un manotazo y tirar el DNI"

—Efectivamente. Repartíamos flyers. Si repartías flyers dos horas, te daban 1.500 pelas. Y, ahora que lo dices, recuerdo a una chica rapada por aquí (señala los laterales de la cabeza), que empezó: “Tú no eres español, ¿qué haces aquí? ¡Vete a tu país!”, y tal. Recuerdo estar tranquilo, sacar mi DNI, venir uno de sus acompañantes, darme un manotazo y tirar el DNI. Yo, que no estaba haciendo nada, repartiendo flyers para ganar mi dinero.

—“El movimiento del caballo”, escribe, “es una técnica necesaria cuando afrontamos temas como el racismo en los estadios”.

—Es una cosa que aplico mucho. Cuando era más pequeño, con trece años, estaba en la cantera del Espanyol y tuve una lesión muy grave de cartílago. Estaba con un vendaje tremendo, con el pie hacia arriba, y mi madre me dijo: “No puedes estar aquí más tiempo, vete con tus primos a Granada, porque aquí, en un piso y tal, no puedes estar”.

—Y su tía le enseñó a jugar al ajedrez.

—La hermana menor de mi madre. Claro, cuando mis primos se iban a jugar a la piscina o a la plaza del pueblo, no podía ir. Me tenía que quedar en casa con mi abuela, a la que veía despellejar un conejo para hacer un arroz, y con mi tía, que me enseñó a jugar al ajedrez. Lo que hacía era vincular los movimientos del ajedrez con posiciones de fútbol: “Este se mueve como un extremo, este en diagonal…”. Me gustó mucho el movimiento del caballo porque es una figura que no tiene un movimiento directo ni diagonal.

—Lo hace en L.

"El fútbol, históricamente, hasta hace bien poco, era un lugar de señores que van a tomar brandy y fumar puros, la vía de escape de la semana"

—Me parece que el movimiento en L es muy importante para afrontar temas críticos en la vida. Si yo denuncio algún tipo de racismo de manera frontal, si digo que tú, José Luis, que eres de Zamora, gritas “negro de mierda” en el campo del Osasuna, la gente se pone a la defensiva. Entonces, la manera de ser pedagógico es hacer ese movimiento en L: hablar del contexto, salir del foco y, entonces, atacar de manera directa. El fútbol, históricamente, hasta hace bien poco, era un lugar de señores que van a tomar brandy y fumar puros, la vía de escape de la semana. Si voy de frente, la gente se va a cerrar y no sacamos nada. Entonces, hay que ir de lado. Y ese movimiento lo aplico muchas veces en mi vida: a nivel de trabajo, empresarial, de negociaciones que tengo por ahí…

—Lo empleó para comentar los insultos racistas contra Vinícius en Mestalla.

—Yo estaba haciendo el derbi sevillano. El partido del Madrid fue a las 18:30, creo. Cuando empezamos el directo, el partido aún no había acabado. Vi que se retrasaba porque había habido follón y tal. ¿Qué pasa? Otra situación que ocurre mucho es que estas cosas me las como yo siempre. “Te toca”. Vale, es mi responsabilidad, pero a lo mejor mi punto de vista no es el bueno. Es el mío. Lo que pasa es que en las redacciones no hay gente diversa, no hay gente de origen distinto. Preguntas y te dicen que quizá hay un perfil latinoamericano que está de prácticas. Claro, es muy difícil tocar un tema con sensibilidad si el tema no te atraviesa. Entonces, cuando llegó ese momento, me mandaron el vídeo por WhatsApp y dije: “Tendré que afrontarlo, porque la actualidad no es el empate a cero en Sevilla, sino los insultos racistas a un jugador negro del Madrid”. Intenté explicar lo mejor que supe que los insultos racistas a Vinícius afectan a una comunidad entera. Le afecta a la persona que está en un puesto de trabajo vulnerable o al niño que está en la escuela. Los niños lo copian todo. Y utilicé la carta de mi hija. El racismo tiene una cosa: cuando insultas a alguien que es famoso o a un colectivo, es como…

—Etéreo.

—Correcto. Pero si te digo que el marido de tu hermana es dominicano, y hacen gritos de mono, tú dices: “Ay”. Cuando personificas y dibujas que hay una persona detrás de eso, a la gente le impacta más. Por eso dije que a mi hija en el colegio le puede pasar algo así. Para que la gente se ponga en el papel de qué pasaría si tu hijo viene a casa llorando porque le han dicho que tiene la cara llena de caca.

—La educación está muy bien, pero, ¿es suficiente?

"La educación es lo más importante, pero hay un problema de educación"

—El ser humano funciona a palos. Y ya está. La educación es lo más importante, pero hay un problema de educación: los padres de hoy en día, y lo sé de buena tinta… Los inputs que tus hijos reciben son muy diversos y de muchos sitios diferentes. Tú no puedes controlar…

—El móvil es un mundo. O un inframundo.

—Que abre un montón de compuertas que ni siquiera saben que existen. Cuántas veces pasa que un chaval se va de clase en un instituto y, al día siguiente, hay un incendio porque ha compartido una foto de no sé quién. Todo eso me da mucho miedo. A nosotros nos han educado de la forma en que si a ti te pasa algo así, tú tienes que escapar de eso. Yo creo que eso no es justo. Si notas que alguien le dice a la niña “tienes los dedos de chocolate”, o yo qué sé, no le voy a decir lo de mi padre: “Os vais y ya está”. No pienso así. Él lo hizo lo mejor que supo, y muy agradecido a su manera de educarnos, ¿pero por qué mi hija tiene que irse a la otra punta del patio porque alguien le haya dicho algo? No. Ella tiene que estar muy orgullosa de quién es y debe tener herramientas para saber cómo responder.

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