Venecia siempre ha sido una ciudad de luces y sombras, dependiendo de la época en que sea visitada. En período estival nos ofrecerá su cara más populosa y fascinante al conjuro del arte dentro y fuera de sus palacios y a la vista cautivada por sus cúpulas bajo el calor implacable. En temporada fría, será una máscara fantasmal envuelta en tinieblas y pasajes laberínticos pocos transitados de noche. Un escenario que le queda justo a John Banville.
“Eso es Venecia, una ciudad preciosa pero también siniestra, nunca me siento del todo a gusto allí, tengo la sensación de que alguien me espía constantemente”, dijo el reconocido autor recientemente, a propósito de su novela.
En efecto, la ciudad que aparece aquí no es la postal clásica del turismo global ni el decorado elegante de las guías culturales. Es un lugar húmedo, fatigado, moralmente agotado. Un escenario donde el deseo parece mezclarse con la decadencia y donde cada habitación, cada canal y cada espejo parecen guardar secretos antiguos.
Hay algo profundamente europeo en esta novela: el perfume de un mundo refinado que comienza gradualmente a pudrirse.
Ambientada hacia finales del siglo XIX, Nocturno de Venecia sigue a Evelyn Dolman, un escritor inglés mediocre venido a menos, y Laura Rensselaer, hija de un magnate norteamericano que ha sido desheredada poco antes de que su padre muriera en un accidente. Por esa misma razón, es una pareja atrapada entre tensiones económicas, vínculos ambiguos y frustraciones íntimas. Pero Banville nunca se interesa demasiado por la simple mecánica argumental. Aquí resuenan ecos de Henry James o Thomas Mann, así como también el universo moralmente turbio de Patricia Highsmith o incluso de un Fellini o Sorrentino, por hablar de icónicas obras del mejor cine italiano decadente.
Pero Banville no imita a nadie. Su voz posee una musicalidad propia, inconfundible, incluso para contar algo que sucede en pocos días. Cada párrafo tiene una precisión obsesiva y nutre una arquitectura que no descuida el detalle. A veces uno tendrá la sensación de que el autor no describe escenas sino superficies: luces sobre el agua, sombras dentro de un cuarto, respiraciones suspendidas, silencios incómodos y erotismo, que aquí nunca es vulgar ni explícito. Es el personaje de Evelyn quien habla, en un estilo egocéntrico propio de aquellos que creen ser más de lo que son. Hay páginas enteras donde en apariencia no sucede nada y, sin embargo, el lector queda atrapado por esa tensión irremediable.
Resulta inevitable pensar en la doble identidad literaria de Banville. Escribe novelas policiales bajo el seudónimo Benjamin Black, y algo de ese pulso oscuro sobrevive aquí. Nocturno de Venecia, sin embargo, conserva la sofisticación del Banville “literario”, pero incorpora además una inquietud moral constante, una sensación de amenaza que atraviesa toda la novela. El misterio no nace tanto de los hechos como de los propios personajes, que parecen incapaces de comprender aquello que desean.
La decadencia veneciana funciona como espejo de una decadencia interior mucho más profunda. Los personajes se mueven entre la disposición del Palazzo Dioscuri, habitaciones cerradas y vínculos corroídos mientras el viejo mundo europeo parece acercarse irremediable a su final. El irlandés convierte a Venecia en un organismo vivo y agotado, como si la ciudad respirara junto a sus criaturas.
Y allí tal vez reside el verdadero corazón de la novela: en esa idea de que toda belleza contiene ya el germen de su desaparición. En tiempos donde gran parte de la ficción contemporánea parece escrita con ansiedad y urgencia, Banville insiste en levantar la bandera de la gran literatura. El estilo como forma de pensamiento. La ambigüedad como inteligencia narrativa. El silencio como parte esencial del relato.
Nocturno de Venecia no es solamente una novela de un gran autor sobre secretos, erotismo o decadencia. Es, sobre todo, una obra sobre aquello que las personas esconden incluso de sí mismas. Y sobre cómo el deseo —cuando finalmente emerge— puede convertirse en la fuerza más perturbadora de todas. Como la propia Venecia, los personajes de Banville parecen comprender demasiado tarde que toda belleza lleva dentro su ruina.
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Autor: John Banville. Título: Nocturno de Venecia. Traducción: Antonia Martín Martín. Editorial: Alfaguara. Venta: Todos tus libros.


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