A comienzos del siglo XX, cuando Cuba acababa de independizarse de la Corona española, miles de jóvenes españoles se vieron obligados a abandonar su tierra para escapar de la pobreza y de unas guerras africanas que amenazaban con arrebatarles el futuro. En regiones deprimidas, como Asturias, muchos no podían pagar para librarse del servicio militar y evitar así seis largos años destinados al ejército y a los conflictos coloniales. La emigración hacia América se convirtió entonces en la única esperanza para quienes soñaban prosperar lejos de un país en franca decadencia.
La historia gira en torno a Ramón, hijo de un pescador asturiano que vive en la desembocadura del río Nalón, en la costa cantábrica. El joven se resiste a aceptar el destino marcado por la tradición familiar y anhela un futuro diferente. Decide abandonar el oficio de sus antepasados para trabajar como jardinero en la hacienda de un reconocido pintor asturiano. Allí conoce a Clara, sobrina del artista, y entre ambos nace un amor tan profundo como imposible debido a las diferencias sociales. Consciente de que nunca será aceptado por los parientes de la muchacha mientras siga siendo un humilde jornalero, Ramón toma la dolorosa decisión de dejarlo todo atrás y emigrar a Cuba en busca de fortuna y regresar convertido en un hombre digno del amor de Clara.
La novela continúa con el viaje de Ramón junto con decenas de emigrantes desde el norte de España hasta La Habana. Entre ellos viajan tres desconocidos cuyos destinos terminarán entrelazándose. La primera parte, ambientada en el océano Atlántico en 1900, destaca por el detallismo con el que Susana Vidal describe la vida en el barco, deteniéndose en el sollado donde habitan los pasajeros de tercera clase: el hacinamiento, la mala comida, los jergones miserables y el miedo constante a las enfermedades. El lector siente la monotonía y la dureza de aquella travesía, convertida para muchos en el primer contacto con la desilusión.
Cuando los inmigrantes llegan a Cuba, descubren que la realidad dista mucho de las promesas de prosperidad que habían imaginado. Esperan encontrar fortuna y terminan hallando desgracia, explotación y pobreza. Vidal refleja con crudeza cómo muchos inmigrantes eran víctimas de engaños y abusos.
En uno de los episodios más impactantes de la novela, Ramón acepta convertirse en cobaya humana para participar en experimentos relacionados con el contagio de la fiebre amarilla. Este pasaje evidencia hasta qué punto la necesidad empujaba a los inmigrantes a asumir riesgos extremos para ganar algo de dinero y evitar ser deportados de la isla.
La originalidad de la obra se halla en el retrato del oficio del lector de la tabaquería, empleo que comenzó a implantarse en las fábricas de cigarros cubanos y que, con el tiempo, fue declarado Patrimonio Cultural de la Nación. El lector de la tabaquería era el encargado de leer en voz alta noticias, novelas, avisos, etc., para los trabajadores de las fábricas, quienes elaboraban habanos mientras escuchaban aquellas lecturas.
La creación de este oficio tenía un propósito concreto: hacer más llevadero un trabajo mecánico, repetitivo y agotador. Muchos trabajadores eran analfabetos y aquellas lecturas servían no solo para entretenerlos, sino también para enriquecer su espíritu y ayudarles a formarse cultural y socialmente. Escuchar las lecturas mientras trabajaban les permitía relajarse, soñar y sobrellevar mejor la dureza de jornadas interminables.
La autora emplea para la narración el recurso literario de la analepsis —saltos temporales— que permiten reconstruir la vida de los protagonistas. La estructura de la novela, dividida en cinco partes que transcurren entre 1889 y 1908, en las localizaciones de Asturias, Madrid, La Habana, Roma y Pinar del Río, permite seguir la evolución vital de unos personajes marcados por el esfuerzo, el sacrificio y la esperanza.
Vidal construye una narración íntima y coral, con cierto aire folletinesco, que retrata con sensibilidad los primeros años del siglo XX a través de distintos escenarios y dota a la trama de intensidad narrativa y un ritmo pausado. Aunque en algunos pasajes los saltos entre escenarios resultan algo bruscos, ello no afecta al conjunto ni empaña la solidez de la narración. En resumen, puedo afirmar que es una novela de ficción histórica que desborda humanidad y profundidad afectiva, gracias a la brillante descripción de lo que sienten los personajes.
Más allá de la reconstrucción histórica, la novela destaca por el tono sereno y reflexivo de las letras de Susana Vidal. La autora no pretende deslumbrar con su erudición, sino acompañar al lector con una narración pausada y elegante. Su estilo transmite calma y convierte la lectura en una experiencia reconfortante.
La relación entre los protagonistas, marcada por la distancia, las diferencias sociales y las presiones familiares, aporta además una dimensión sentimental que sostiene toda la obra. La novela ofrece no solo un fresco social de las tabaquerías en Cuba, así como de Asturias, sino también de los conflictos humanos de un tiempo duro en el que el amor, las traiciones, la fidelidad, la violencia, la riqueza y la miseria están presentes en todos los ámbitos de la sociedad.
El lector de la tabaquería es, en definitiva, una novela sobre la emigración, los sueños de ascenso en la sociedad y la lucha por encontrar un lugar en el mundo. También es un homenaje a quienes cruzaron el Atlántico impulsados por la necesidad y a esos trabajadores anónimos que encontraron en la lectura compartida entre el aroma a hojas de tabaco y la elaboración de cigarros habanos un refugio de dignidad, sustento y esperanza. Merece mención especial, al final del libro, la nota de la autora, en la que condensa las fuentes empleadas, la bibliografía y las explicaciones sobre el origen histórico de la novela; aclaraciones que nunca sobran y que permiten al lector comprender las motivaciones que llevaron a Vidal a escribirla.
Son muchas las razones para recomendar esta novela histórica: su ritmo, la emoción que transmite, unos personajes profundos y bien delineados, la calidad de su narrativa, el suspense y la intriga; motivos más que suficientes para animar a la autora a seguir explorando nuevos temas en futuras obras.
Al cerrar el libro me quedó una sensación de serenidad difícil de explicar. Es una de esas historias que acompañan al lector con delicadeza y recuerdan que la literatura sigue siendo capaz de conmover, consolar y dar sentido, en este caso, a la memoria de quienes tuvieron que marcharse para sobrevivir y que, lejos de su tierra, nunca dejaron de añorar lo que perdieron.
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Autora: Susana Vidal. Título: El lector de la tabaquería. Editorial: Grijalbo. Venta: Todos tus libros.


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