Craig Raine es un poeta, crítico, dramaturgo, novelista y editor nacido en Shildon, condado de Durham, Inglaterra en 1944. Es fundador de Arete, revista literaria trimestral. Fue durante diez años el editor de poesía de la prestigiosa casa editorial Faber and Faber en Londres, y posteriormente ocupó el puesto de Fellow en lengua inglesa en el New College, Oxford. En 1994 publicó su poema épico History: The Home Movie, y en el 2000 Collected Poems, 1978-1999. Sus libros más recientes son How Snow Falls (Poemas, 2010), More Dynamite (Ensayos, 2013), y My Grandmother’s Glass Eye: A Look at Poetry. Es uno de los principales representantes de la poesía marciana (Martian School Poetry), un movimiento poético del Reino Unido de los años 1970 y 1980 desarrollado en torno a la Universidad de Oxford, en el que situaciones cotidianas son descritas de manera extraña y desfamiliarizada, como si fueran relatadas por un marciano que acaba de aterrizar en la Tierra. En nuestro país, Huerga y Fierro Editores publicó en 2018 el mítico libro Un marciano envía una postal a casa, una travesía imágenes que parten de elementos como el amor, el sexo y una gran diversidad de referencias a mundos lejanos, desde Grecia hasta el desierto de Kalahari, pasando por Belfast. Presentamos uno de los poemas más representativos del autor, con traducción de José Antonio Álvarez Amorós.
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Un marciano manda una postal a casa
Los caxtones son pájaros mecánicos con muchas alas
y algunos son muy apreciados por sus marcas,
hacen que los ojos se derritan
o que el cuerpo chille sin dolor.
Nunca he visto que vuelen, pero
a veces se posan en la mano.
La niebla es cuando el cielo se cansa de volar
y reposa su blanda maquinaria sobre el suelo:
entonces el mundo está borroso y libresco
como grabados bajo papel de seda.
La lluvia es cuando la tierra es televisión.
Tiene la propiedad de oscurecer los colores.
El Modelo T es una habitación con la cerradura por dentro,
con girar una llave el mundo se libera
en movimiento, tan rápido que hay una película
que ver para cualquier cosa que te pierdes.
Pero el tiempo está atado a la muñeca
o metido en una caja, haciendo tic-tac con impaciencia.
En las casas, duerme un aparato encantado,
que ronca cuando lo descuelgas.
Si el fantasma llora, se lo llevan
a los labios y lo sosiegan con sonidos hasta que
se duerme. Y, sin embargo, lo despiertan
deliberadamente, haciéndole cosquillas con un dedo.
Sólo a los pequeños se les permite sufrir
en público. Los adultos van a una celda de castigo
con agua pero sin nada que comer.
Echan el pestillo y sufren los ruidos
solos. Nadie se libra
y el dolor de cada uno tiene un olor diferente.
De noche, cuando mueren todos los colores,
se esconden por parejas
y leen sobre ellos mismos,
en color, con los párpados cerrados.


Veo interesante la voz inocente que se logra con este experimento literario “marciano”. Bien aplicada, la voz inocente genera una transparencia desgarradora y justifica la aparición de metáforas que de otro quedarían raras.