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Palabras como pájaros asombrándose

Palabras como pájaros asombrándose

Las angulosas ciudades son territorios de claroscuros, intrincados laberintos donde encontrar quiénes somos y donde, a veces, un haz de luz nos sitúa en el devenir vital, ciudades que sólo la palabra sabe entregarnos. Las ciudades del libro con el que Mar Busquets-Mataix obtuvo el XXIII Premio Internacional León Felipe 2024, La luz de las ciudades (CELYA), no se hallan fuera de nosotros, sino que anidan en nuestro interior compartiendo la cartografía existencial con las otras ciudades interiores de quienes nos rodean.

La propuesta poética de Mar Busquets-Mataix se desarrolla en una serie de círculos concéntricos desde el exterior hacia lo íntimo: Muros, Puentes, Ciudades, Rosas, son las distintas partes. Todas y cada una de ellas están estrechamente unidas a las otras a partir de los versos repetidos, los exergos continuados en distintos poemas y los poemas enlazados en su final y principio, tejiendo una red consistente de ecos que unifican el poemario. La luz irradiada desde el centro hasta el exterior emerge de la propia poesía, epicentro sobre el que oscila y se enhebra la pregunta:

Los poetas son como ciudades;

ciudades a la deriva

que te descubren un mundo

siempre nuevo

que nunca pensaste

podría existir.

La voz que recorre el libro no es confesional ni distante: se sitúa en ese umbral incómodo entre el yo lírico y el nosotros colectivo, oscilando entre la intimidad y el testimonio. Esa posición fronteriza es coherente con la propia arquitectura del poemario. Este se despliega sobre una tensión constante entre lo material y lo verbal. La palabra y el poema se presentan como una fuerza primordial que da luz y consistencia frente a la fragilidad contemporánea, aunque la poeta es consciente de que la palabra no domina el mundo, apenas lo roza. Sin embargo, el lenguaje y su expresión poética se revelan como lo único capaz de detener la pérdida, la última resistencia frente al tiempo y la propia muerte: “Somos palabra”. La poeta se erige, pues, en mediadora entre las tinieblas del mundo y la luz, esperanza-pájaro, que su palabra convoca. El pájaro recorre el libro como símbolo silencioso: primero es aquello que la palabra busca, después anuncia, y finalmente se funde con la palabra misma. Esa identificación creciente entre vuelo y lenguaje es uno de los hilos simbólicos del libro.

La palabra poética es un puente que nos interrelaciona, aunque también una vía de huida en el miedo, en el exilio, en el dolor. Por esta razón Mar Busquets-Mataix es fiel a su compromiso con la poesía y la mujer, contra las desigualdades e injusticias que asolan cada día, ampara en sus versos a las Trece Rosas, a las mujeres de Afganistán en un poema dedicado a Nadia Anjuman, y a las víctimas del hambre y la guerra en Ucrania:

Hoy los puentes

caen

como nuestros sueños,

y recuerdo

las manos de mi padre,

que tomaron el pan,

que partieron el pan,

y que amaron

la constelación de los puentes

abrazando la ciudad

como hombres

que se dan la mano.

Hoy miro las manos de mi padre

que empuñan un arma

como antes

tomaban

el pan

en el país donde el trigo

es tan caro.

Esta última dimensión ética se condensa en versos que desplazan la imagen del sufrimiento desde lo histórico hacia lo íntimamente humano:

¿Qué niño podrá nacer
de la carne del hambre
cercada de sombras
que nadie apaga?

En un afán metapoético Mar Busquets-Mataix conjura en La luz de las ciudades a poetas muy dispares —voces que atraviesan generaciones, lenguas y geografías, aunadas por su capacidad de hacer arder el lenguaje—: Miguel Hernández, Guadalupe Grande Aguirre, Raúl Zurita, Alejandra Pizarnik, Federico García Lorca, José Iniesta, José Hierro, Warsan Shire, Ana María Martínez Sagi, Knut Hamsun, Carmen Conde, Quevedo o Carlos Sahagún. Las citas que abren y se trenzan con los poemas no son meros adornos de refrendo literario, sino voces presentes con las que establece un fértil diálogo más allá del tiempo y el espacio. La poesía es un puente entre los tiempos. Así, los versos de Raúl Zurita: “verás cielos en fuga / verás no ver / y llorarás” resuenan transformados, el verso de Pizarnik: “Y apaga el furor de mi cuerpo elemental” o el lorquiano: “y el mar recordó ¡de pronto! /los nombres de todos tus ahogados” son resignificados e introducidos en los poemas —siempre en cursiva—: “Vívidas y claras, / las palabras /celebran / el fulgor; / allí va tu sangre elemental, / tu cuerpo elemental” o “porque el amar tiene el nombre / de todos sus ahogados”. De este modo, se reconocen las muchas vidas que la palabra poética otorga.

Esta metapoética se trasluce también en el tono y los recursos estilísticos que evocan a la generación del 27, en concreto al Lorca surrealista de Poeta en Nueva York donde la ciudad se torna un espacio de alienación, en versos como “la aurora / con sus cuatro puñales”  o:

junto a los últimos pájaros

como la aurora;

No es la de Nueva York,

pero hay cuatro palabras

encendidas

que conjuran el silencio

porque el corazón se volvió rama

cuando bebemos

Hay un deseo por evocar una tradición de poesía visionaria donde la imagen no describe el mundo, sino que lo tensiona hasta hacerlo inestable, como en el verso reiterado “Caballos de la muerte”, también de Lorca y tomado de la tradición del imaginario apocalíptico bíblico. Por ello, se trata de un libro rico en sus matices e intertextualidades y muy cuidado en los recursos estilísticos , entre los que destacan el calambur, las acumulaciones, las enumeraciones o la paronomasia en versos como: “como estrella / —estrellada mano— / o cuchillo” o “donde la luz acaso sea / don de la luz”. En cuanto al ritmo, es contenido, sin estridencias, construido sobre la repetición y el encabalgamiento más que sobre la musicalidad tradicional. La fragmentación visual del verso en la página no es ornamento, sino respiración: marca el tempo con el que el poema quiere ser leído.

La luz de las ciudades es un poemario que se construye desde la conciencia de la herencia y la urgencia del presente. Mar Busquets-Mataix no escribe desde la tradición como mero refugio, sino como espacio de resonancia desde el que interrogar el hambre, el exilio, la muerte anónima, la resistencia cotidiana. La luz del título no es metáfora de esperanza fácil, sino de visibilidad: lo que la poesía extrae de las sombras. Y lo hace con el asombro de quien descubre que las palabras, como pájaros, aletean y enseñan el canto: “porque todas las palabras eran pájaros asombrándose”.

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Autora: Mar Busquets-Mataix. Título: La luz de las ciudades. Editorial: Celya. Venta: Todos tus libros.

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