Para conmemorar el 90º aniversario de la Guerra Civil, José Ángel Mañas recrea en Zenda, día por día en esta sección, lo que aconteció en 1936, quizá el año más trascendental de toda la historia reciente de España.
Sábado, 13 de junio de 1936: Los comunistas arriman el hombro
En el seno del Partido Comunista se publicó una nota de apoyo a la huelga de la construcción declarada conjuntamente por la UGT y la CNT.
—Los obreros no trabajan, los patronos admiten el hecho como normal y las autoridades, por el momento, se inhiben con elegancia —ironizó—. En estas condiciones, la huelga puede prolongarse indefinidamente. A menos que la paz ficticia de que se disfruta se vea alterada radicalmente, por ejemplo, por una sublevación militar…
Por el momento, la petición de solidaridad de los sindicatos de la construcción estaba encontrando un eco importante. Pero no era eso lo que les tenía preocupados sino, como señaló Líster, que había pedido una reunión privada con la dirección del partido para discutir la situación, las consecuencias políticas del conflicto.
—Es imprescindible que se resuelvan esas huelgas y la iniciativa ha de ser del Gobierno —les dijo a Pasionaria y a José Díaz, en uno de sus despachos—. Los patronos buscan de manera descarada que haya alteraciones de orden público. Quieren cargarlo a la cuenta de la clase obrera. ¿No lo ve eso el Gobierno? ¿No lo entiende Casares Quiroga, con toda la perspicacia que se le supone? La resistencia de los patronos de la calefacción a acatar decisiones gubernamentales es la prueba más clara de que hay motivación política. Y el Gobierno debe anticiparse, porque a medida que la huelga se convierta en conflicto de orden público, se barrena su crédito. Y debe intervenir, porque si los partidos de la clase obrera están trabajando para organizar el abastecimiento y resistir, los patronos también empiezan a recibir apoyo de otras empresas que los respaldan para que mantengan el desafío. Lo que persiguen es generar tensiones entre socialistas y anarquistas. Quieren resquebrajar la unidad del Frente Popular. Quieren que aquí ocurra como en Málaga, donde la guerra entre socialistas y cenetistas es nefasta para todos los trabajadores y para la estrategia del Partido.
José Díaz y la Pasionaria no decían nada. De vez en cuando asentían. Los dos compartían su análisis.
—Y a todo esto —continuó Líster—, las derechas siguen conspirando. Según mis informadores en el ejército, el general Mola y el general Cabanellas, aunque masón y republicano, se han entrevistado de noche en una carretera apartada. Mola le ha pedido fusiles y cartuchos. Dice que en Pamplona solo dispone de mil armas y poca munición. Y Cabanellas promete enviárselo. Mola también se ha visto con Kindelán, para hablar de la manera de llevar a Franco de Canarias a África y ponerlo al frente de los regulares. La participación de falangistas y requetés se da por descontada. Al igual que la CEDA y Renovación. Goded es casi seguro que se ha comprometido a ocuparse de Cataluña, actuando desde Baleares. Y en lo financiero, Acción Popular ha enviado al general Mola medio millón de pesetas y los monárquicos a Sanjurjo trescientas mil. Camaradas Pasionaria y José Díaz, tenéis que hacer entender al resto del partido que lo que se está preparando no es un mero pronunciamiento, sino una auténtica operación de guerra donde el elemento civil no será más que el coro.
El tono de Líster era ominoso y logró trasladar la preocupación que experimentaba.


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