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5 poemas de John Landry

John Landry nació en New Bedford (Massachusetts, EEUU) y ha pasado la mayor parte de su vida en la península de las cinco millas, en la bahía de Sconticut. Ha sido parte de la actividad literaria local desde 1970. Trabajó con Allen Ginsberg en la Jack Kerouac School of Disembodied Poetics in 1977 y fue asistente bibliográfico de la obra de Robert Creeley en la Universidad de Brown en 2004. Dirige la colección de libros de la editorial Patmos Press y ha editado la revista Collision (1994-1997). Ha enseñado poesía y escritura, y dictó una serie de cursos sobre las figuras del Black Mountain College en la Universidad de Massachusetts, donde organizó una serie de Lecturas Internacionales. Vivió en Washington, donde trabajó en la Comunidad Creativa para la No Violencia, en el movimiento antiguerra de Vietnam y como activista junto a sus amigos Daniel Berrigan, Allen Ginsberg, Robert Lax, Denise Levertov, Robert Creeley y Jack Hirschman. Además, ha sido obrero de fábrica, bibliotecario, mariscador y auxiliar médico en la Whitman-Walker, en Washington DC. La única traducción de su obra a nuestro idioma es ¿Quién va a podar los ciruelos cuando me vaya?, publicado por Editorial Cuneta en Chile en 2010 con traducción de Germán Carrasco.

***

Cuando la noche es un golpe de suerte

Una lámpara de sobrio diseño
ilumina la sobremesa de la cena:
ya no hay platos sobre la mesa
y el llavero de pata de conejo
cae con gracia desde la puerta del closet
Es la hora en que los sueños hechos de números
se entremezclan y tosen en la mano
un aliento parecido al contabilizar cuántos sueños
fuimos capaces de hurtar
O quizás a esos breves instantes de suerte.
Así, el tiempo se congrega
y se hacen anotaciones y listas
en una pequeña libreta
y se presenta ese ensamblaje
que hurga y rastrea
las huellas de la familia
Ahora
sobre los restos de comida
y los cartones de bingo
Ahora
en que los números cuentan historias
de generaciones completas
arbitrariamente dispuestas
sobre la mesa
Y tantos jugadores clave
ahora están ausentes,
y la pregunta: qué integrante
de este juego de cartolas y fichas o porotos
permanece aquí para reemplazar
en mi cabeza y mi corazón cansado
tan cansado,
pregunto:
Quién va a podar los ciruelos
cuando yo abandone este juego.

***

Cada poética se pretende definitiva, pero son infinitas
Luciano Aneschi

Quién sea que haya sido “H”
llevo puesta su camisa
que compré por dos dólares
en la tienda del Ejército de Salvación
que ya no existe en Matapoisett.
Oh Aspartamia,
moderna diosa griega del material sintético,
por favor endulza este amanecer con un suspiro.
Nuestra Señora del Insomnio
se desprendió de todo
e instaló una fábrica de almohadas.
Nadador en su propia memoria,
el hombre rodeado de su arte
subvierte el mundo.
Ese mundo, que lo perforara con un fierro caliente
en castigo por sus prácticas poco ortodoxas
desafiantes de las convenciones.
Su mundo se volvía maravilloso
con sólo abrir los ojos en la mañana:
todo lo extraño se hacía familiar
como un dedo en una boca
o una canción en un oído
¿En qué otro lugar sino en este
tendría que darse la floración,
luego de años del ejercicio,
de escuchar y observar
para ver y entender realmente
el motivo de los latidos del corazón?
Es el hecho activo
el que tiene el impulso de la energía primigenia que empuja encabritada.
Lo que subsigue al acto
es lo que subsigue al hecho
“La única manera
es comerse el futuro”
–dijo Neeli Cherkovski–
y tomó una galleta china
y la engulló con papel y todo
sin leer su fortuna.
Oh honorable taza de té, ya leí las hojas
y se me aconsejó ser aconsejado
por la naturaleza:
hibernar por 6 días,
socializar 1;
recoger poco
dispersar mucho;
poseer menos
sentir más
para ser un poeta
ser el poema.

***

Si no hay túnel no hay luz al final
Hay pelusilla por todas partes
el teléfono suena. Es la grabación
de una voz humana
el teléfono habla: he sido reparado, dice, pero
vas a experimentar dificultades con mi servicio,
así que deja un mensaje después del bip.
No me está permitido hacerle preguntas
Ni me está permitido un último cigarrillo

***

Castigado por una buena acción (para Jack Mueller)
-fragmento-

Permitir a extraños la entrada a tu casa
puede desencadenar una serie de tragedias
ya que tarde o temprano hay que despedirse de ellos
O llevarlos al traficante o la clínica abortiva
o a donde sea que pertenecieran

***

La canción del viento

Las sombras no provocan sonidos
pero gritan en nuestros sueños.
¿Qué ansiada posibilidad de escape
destella siniestra y ladina
en el rabillo de nuestros ojos
mientras 10.000 nubes de Blake
se disuelven en lo árboles?
Cualquiera sea la mejilla que ofrezcamos,
jamás podremos competir
con la larga vida de una piedra,
no lo podremos siquiera indagar
con la reseca razón ni con rituales
de vudú por la paz;
admitamos entonces que hay cosas
que nunca podremos saber
a este o el otro lado de la montaña

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