Llega a mis manos la 3ª edición de Un estallido: Antología de la poesía española 2000-2025, de Raúl Molina & Álvaro López (eds.), editada por Cátedra dentro de su emblemática colección Letras Hispánicas, después de varias semanas encabezando las listas de los libros de poesía más vendidos. La pregunta surge de inmediato: ¿qué explica la repercusión de esta antología? Quizá la respuesta se encuentra en el mismo fenómeno que sostiene la recepción poética de las voces antologadas o mencionadas: la convergencia de su presencia en medios culturales y redes sociales, respaldo de premios, en especial de poesía joven, y de la crítica, su publicación en determinadas editoriales o revistas, así como la percepción de que estos autores encarnan las líneas estéticas y temáticas de su tiempo.
La cartografía cronológica se vertebra en cuatro etapas, tras un breve examen de la situación previa a ese estallido de 2000. La primera etapa (2000-2005) se esboza ante la imposibilidad de delinear unas características generacionales y la falta de referentes unánimes conducen a la aceptación de una heterogeneidad de voces. En esta etapa, editoriales como Hiperión o DVD Ediciones apuestan por estos poetas. Las temáticas que después se consolidan empiezan a surgir en este momento; sólo Elena Medel de todos los antologados publica en este quinquenio. En la siguiente (2006-2010) se construye un núcleo poético sin centro definido y con una pluralidad de líneas divergentes, en gran medida marcadas por el desasosiego. En este periodo comienzan a publicar los autores más destacados de esta antología, nacidos entre los 80 y 90. Entre 2011-2019 se delinean las dos estéticas principales: la vanguardista-rupturista, firmada por mujeres que experimentan con el lenguaje, y la figurativa-realista. Como ya apuntó la antología de Luna Miguel, Tenían veinte años y estaban locos, la influencia de redes sociales y plataformas digitales como epicentros de “visibilidad horizontal y complicidad poéticas” son imprescindibles para esta reafirmación generacional, a ello se añade la creación del Premio Nacional de Poesía Joven Miguel Hernández, que viene a refrendar nuevas voces vanguardistas al margen de otros premios jóvenes, como el Adonáis; más tarde surgirá el Ojo crítico de RNE. Este período es clave, pues en él también se fundan o dirigen sellos editoriales, en no pocas ocasiones de la mano de esos mismos poetas, desviando de las editoriales tradicionales el poder legitimador. Por último, desde la pandemia hasta el 2025 se asienta este nuevo marco y con él la hibridez. Asumen Raúl Molina & Álvaro López que: “este nuevo sistema de editoriales y de legitimación conllevará otras dinámicas todavía inexploradas de exclusión y desigualdad para los y las poetas ajenas a sus cauces” (p. 43). La observación es especialmente relevante, porque desplaza el foco de la creación poética a otros aspectos de su circulación. No obstante, la antología apenas profundiza en esas nuevas formas de exclusión. Si el periodo estudiado se caracteriza por la descentralización de los mecanismos tradicionales de consagración, cabría preguntarse hasta qué punto las nuevas estructuras han terminado reproduciendo dinámicas semejantes bajo apariencias más horizontales.
La pluralidad de registros estéticos es estudiada en profundidad en el siguiente apartado, aunque previamente ya se han fijado las tendencias estéticas, así como las temáticas, por lo que en algunos pasajes hay una cierta reiteración, que sólo el afán clasificador justifica. Tres estéticas predominan: la vanguardista, la figurativa y la híbrida. Se retorna a la importancia de las nuevas editoriales y revistas como espacios de resistencia, las geografías disidentes, y la inclusión de otras disciplinas artísticas en la poesía. Y advierten del riesgo de marginalización de las vanguardias en un futuro próximo tras casi dos décadas de experimentación y de desafío.
El último aspecto de análisis es el referido a las temáticas, tensionadas entre lo vanguardista y figurativo, donde dialogan el cuerpo y el género, el feminismo y lo queer, la maternidad y la violencia, la crítica social y política, la potencialidad revolucionaria de la poesía, la introducción de referentes culturales de los 80 y 90, también de lo audiovisual, internet y lo pop, la oposición entre el espacio urbano y el rural, y, finalmente, la más fértil y disruptiva de todas ellas, la (auto)reflexión en torno al lenguaje con las logofagias y la mecánica del “lenguajeo”. Así se confirma la falta de una tendencia dominante, de una hegemonía que clausure un panorama poético que huye de encorsetamientos, incluidos los de la propia antología.
Entre los principales logros de esta antología está el de visibilizar el complejo entramado (redes, festivales, revistas, editoriales, premios, residencias, ayudas…) que sustenta a las actuales redes de legitimación poética para exponer cómo estos poetas, aquellos que conforman la antología, son el fruto de una confluencia, interconexión y retroalimentación, que arrastra a los márgenes a aquellos que no entran dentro de sus dinámicas, incluso con el peligro evidente de crear guetos o espacios de legitimación cada vez más autorreferenciales, donde los mecanismos de reconocimiento terminen reproduciendo sus propios criterios de pertenencia. Por otro lado, el confirmar un aspecto que venimos defendiendo en distintos espacios: la poesía actual más interesante en España está siendo escrita por mujeres; de los veinticinco poetas, quince son mujeres.
Un estallido. Antología de la poesía española 2000-2025 constituye un estudio excepcional para comprender la poesía española actual. Ya el título aboga por una explosión, una proliferación de voces y líneas difícilmente reducibles que han irrumpido en la poesía española con estruendo, sin embargo, como toda antología, hay un propósito de encauzamiento, no sólo en la selección de los ocho poemas o trescientos versos de cada autor, sino en el estudio de las condiciones desde las cuales estos poemas se leen como parte de la historia de la literatura. Es obvia la imposibilidad de abarcar en una antología de “poesía joven”, que en el fondo subyace en el paréntesis temporal, la totalidad de los nombres, pero ¿qué sucede con aquellos poetas que quedan fuera de las actuales redes de legitimación? Porque existen márgenes incluso dentro de las poéticas que se presentan como marginales. Las redes de afinidad y las comunidades de «fraternidad epistémica», que el propio volumen describe, terminan revelando también sus límites, dejando fuera a autores que desarrollan sus trayectorias en circuitos distintos o ajenos a estos espacios de reconocimiento. En este sentido, la antología parece asumir que compartir una determinada franja biográfica, unas preocupaciones temáticas y unos espacios de visibilidad produce una comunidad identificable. Pero quizá la pregunta siga abierta: a pesar de la voluntad declarada de los editores por rehuir las etiquetas rígidas y ceñirse al “panorama”, ¿estamos realmente ante una generación literaria o ante un mapa de complicidades estéticas y de mercado? ¿La antología identifica una generación ya existente o, en cierta forma, contribuye a crearla al reunir en esta obra a autores que tal vez no se percibían como parte de un mismo grupo?
La relevancia de Un estallido tal vez resida precisamente en esa tensión. Más que un espejo de la poesía española contemporánea, funciona como una intervención en ella. No se limita a describir un panorama: participa activamente en su construcción crítica. La introducción no acompaña la antología; produce las condiciones de legibilidad que permiten leerla como panorama. Ahí radica tanto su mayor fortaleza como su principal punto de discusión crítica.
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Autores: Raúl Molina & Álvaro López (eds.). Título: Un estallido: Antología de la poesía española 2000-2025. Editorial: Cátedra. Venta: Todos tus libros.


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