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La farsa detectivesca de Pynchon: Swing y colapso

La farsa detectivesca de Pynchon: Swing y colapso

Thomas Pynchon, a sus ochenta y ocho años, despliega una infatigable agilidad mental con su nueva obra, A oscuras (Tusquets, 2025). Bajo una impostada estética clásica de Hollywood, el enigmático Pynchon (quien no realiza apariciones públicas, no concede entrevistas y no permite que se publiquen fotografías recientes) rompe doce años de silencio editorial desde la aparición de Al límite. La nueva novela transita entre la parodia y lo trágico y emplea el humor como una forma de resistencia frente al horror histórico.

A oscuras —en especial los primeros capítulos— es heredera de Raymond Chandler, pero con la mirada surrealista, lisérgica y posmoderna de Pynchon. La obra crea una atmósfera de detectives cínicos, misterios criminales, corrupción y diálogos sarcásticos en un ambiente urbano, en este caso entre la gris ciudad de Milwaukee, de Chicago y, más allá, Budapest y las fronteras difusas de Hungría. Al menos hasta la mitad de la obra adopta una estructura de farsa detectivesca lineal, ágil y juguetona que recuerda directamente a Vicio propio, novela que gira en torno a “Doc” Sportello, un detective de apariencia hippie en Los Ángeles de comienzos de los años setenta.

La acción de A oscuras se sitúa se 1932, con el tenso trasfondo de la Gran Depresión. El protagonista es Hicks McTaggart, un atípico detective privado que opera en Milwaukee, un entorno industrial que se va mimetizando —dada la cercanía y la vida compartida del lago Míchigan— con la peligrosa Chicago de la época. Pynchon subvierte el arquetipo clásico del detective duro, hosco y violento. En lugar de resolver las cosas a golpes o con armas —aunque estuvo a punto de matar a alguien en una huelga comunista antes de encontrar su norte profesional—, Hicks es un virtuoso bailarín de swing. Hicks vive con sus tíos Peony y Leftie tras el abandono de su madre —fugada con un domador de elefantes de circo— y la huida de su padre hacia el oeste.

"Hicks enfrenta las confabulaciones del FBI para sabotear la candidatura presidencial de Franklin D. Roosevelt y las insólitas células de bolicheros de ideología nazi"

La primera mitad de la novela sumerge al lector en un submundo del Medio Oeste de Estados Unidos repleto de tabernas, puros La Corona, whiskies Real MacCoy u Old Log Cabin y cerveza Wildcat. Hicks debe esquivar las trampas del Third Ward, el barrio italiano de Milwaukee controlado por el capo mafioso Pete Gardalabene. En estas páginas, el detective descifra la MISOI (Mecanismo Infernal de Supuesto Origen Italiano), que se traduce en la colocación frecuente de bombas Made in Italy. Una de esas bombas italianas explota la furgoneta de contrabando de alcohol de un pintoresco personaje secundario, Stuffy, luego de lo cual la paranoia lo lleva a creer que se ha convertido en un fantasma y escapa en un submarino austrohúngaro de la Primera Guerra Mundial que navega de forma clandestina bajo las aguas del lago Michigan, lo que nos trae como recuerdo las bombas Orsini de fabricación italiana explotadas en el Gran Teatro del Liceo de Barcelona en 1893 por el anarquista Santiago Salvador Franch.

Entre lo rocambolesco y lo histórico aparecen los usuales delirios conspirativos de Pynchon, cuando Hicks enfrenta las confabulaciones del FBI para sabotear la candidatura presidencial de Franklin D. Roosevelt y las insólitas células de bolicheros de ideología nazi. Son años en los que el nombre de Adolf Hitler empieza a colarse con naturalidad incluso en las cenas de familia: “En Wisconsin, donde encuentras muchas variedades de pensamiento social —más que encurtidos de Heinz—, con el paso de los años la política germanoestadounidense se ha vuelto un juego complicado”.

"Equipado con marcas del período, como bombillas Mazda y una máquina de escribir Underwood, el investigador combina sus pesquisas con un talento casi sobrenatural para las pistas de baile"

Pynchon emplea con maestría frases largas, que no pierden su sentido ni derivan en circunloquios o historias y tramas paralelas difíciles de seguir. Lo que existe, en sus digresiones frecuentes, es un ritmo de creación que demanda la atención del lector. Lo absurdo se hace presente, además de que nos topamos con denominaciones desternillantes como la de un Guiso Sorpresa, la Hora Roja, el SinInQue, Niños de los Chicago Latins o la Heredera del Queso a la Fuga. En algunos pasajes se entra de lleno en el esoterismo (mentalista y telepático), y se aproxima a la ciencia ficción al combinar la física teórica y complots imposibles, todo lo cual desdibuja la frontera entre lo real y lo alucinatorio, siempre con el humor presente: “La fijación de April con los hombres casados conlleva sus propios riesgos para la salud”.

Equipado con marcas del período, como bombillas Mazda y una máquina de escribir Underwood, el investigador combina sus pesquisas con un talento casi sobrenatural para las pistas de baile. McTaggart se inscribe en la tradición de los rastreadores pynchonianos, pero arranca desde un lado oscuro, trabajando como un violento rompehuelgas contra los sindicatos bolcheviques, como antes señalamos. Su reconversión ocurre tras un milagro metafísico típicamente posmoderno, cuando su bastón reglamentario se esfuma en el aire justo antes de golpear a un manifestante. Con la conciencia despierta trabaja para Boynt Crosstown en Unamalgamated Ops (U-Ops) —nombre de por sí hilarante—, quedando, tras una absorción estatal, bajo la órbita de J. Edgar Hoover, debido a la psicosis anticomunista de la época. Hicks cuenta con un asistente y aprendiz de detective llamado Skeet —que luego huye a Los Ángeles para abrirse un camino independiente y es quien le dirige una carta que cierra la novela—. Hicks se convierte en un antihéroe que elude la violencia y canaliza su energía en los clubes de jazz.

"Mediante estas tramas esotéricas, donde las potencias europeas intentan predecir los movimientos de tropas mediante sesiones espiritistas, el autor satiriza la alta política como un conjuro de timadores"

Al mismo tiempo, los largos pasajes relativos a la industria de los lácteos subvierten la clásica tensión del misterio noir. Pynchon llega al punto de introducir elementos desquiciados como el de un queso fabricado con componentes radiactivos para que no caduque nunca, o el de un congreso donde los personajes debaten si el queso tiene conciencia, así que la obsesión con los lácteos es la base de la farsa detectivesca que inicia la odisea. El motor de la trama es la desaparición de Daphne Airmont, indómita heredera de una colosal fortuna láctea en Wisconsin, cuyo padre es apodado “el Al Capone del Queso”. Daphne se ha fugado con Hop Wingdale, el carismático clarinetista que lidera The Klezmopolitans, una inclasificable banda de swing con marcadas influencias judías. Lo que parecía una búsqueda local rutinaria muta en una odisea intercontinental delirante.

Hicks viaja por las ferrovías del North Shore Line con el fin de abordar un transatlántico hacia el viejo continente, para finalmente recalar en una Hungría todavía debilitada por las secuelas de pérdidas territoriales y humanas de la Primera Guerra Mundial y por la Gran Depresión. Pynchon retrata una Budapest subterránea repleta de videntes y ocultistas adictos a la cocaína que asisten al contraespionaje británico y soviético. Mediante estas tramas esotéricas, donde las potencias europeas intentan predecir los movimientos de tropas mediante sesiones espiritistas, el autor satiriza la alta política como un conjuro de timadores. Toda esta densa red geopolítica se acentúa con la presencia de contrabandistas transilvanos.

"Si en El arco iris de la gravedad, su obra maestra, habitamos una Europa ya destruida por los cohetes V-2, aquí asistimos a la incubación de ese colapso"

El corazón simbólico de la novela reside en la hibridación musical de The Klezmopolitans. El swing de las big bands (en lugares desde el Allen’s Orchid Lounge en Milwaukee hasta el Cabaret Arizona en Budapest) y el folclore del klezmer (música tradicional de los judíos provenientes de Europa Oriental) operan como antítesis del orden totalitario. Frente a la cuadratura estética e ideológica del fascismo, el jazz y la tradición judía se erigen como lenguajes de resistencia contracultural y zonas autónomas frente a “los ordenadores del mundo” (gobiernos y corporaciones). El swing pasa a ser una vía de escape frente a la Gran Depresión: una sociedad que baila al borde del abismo mientras los monstruos totalitarios se infiltran silenciosamente. Al situar la acción en el umbral de 1933, la alegre gira musical por Centroeuropa funciona como un sombrío recordatorio del horror que aguardaba a esa cultura a la vuelta de la esquina. No deja de ser significativo el único epígrafe elegido por Pynchon: “Sobrenatural, es posible. Charlatanería… yo no estaría tan seguro”. Béla Lugosi, en Satanás (1934).

Si en El arco iris de la gravedad, su obra maestra, habitamos una Europa ya destruida por los cohetes V-2, aquí asistimos a la incubación de ese colapso. El lazo se formaliza con el contrabando de armas que anticipa el entramado corporativo de la posguerra. Incluso la paulatina disolución física de Hicks en los capítulos finales (“cuando Hicks empieza a comprender que no va a regresar a Estados Unidos… sucumbe por unos instantes al pánico”). Hicks McTaggart experimenta un proceso de disolución tanto narrativa como existencial que es clave para entender el desenlace de la novela.

"El clímax provee un sentido aterrador a la obra al introducir un drástico giro que plantea una reconstrucción lógica e hipotética partir de hechos reales"

El clímax provee un sentido aterrador a la obra al introducir un drástico giro que plantea una reconstrucción lógica e hipotética partir de hechos reales. Pynchon toma como base el Complot de los Empresarios (Business Plot o Wall Street Putsch) de 1933, una conspiración en la que industriales y financieros estadounidenses planearon un golpe de Estado para derrocar a Franklin D. Roosevelt e invalidar el Nuevo Pacto (New Deal), intentando reclutar para ello al general Smedley Butler. Mientras que en el mundo real el complot fracasó por la lealtad democrática de Butler, en la novela la traición corporativa triunfa por completo. El autor subvierte la cronología oficial para advertir que el totalitarismo no es un peligro exclusivo de Europa.

El capítulo 39, fragmentado en hasta tres ramificaciones paralelas, destaca el caos metafísico y existencial del desenlace. Pynchon traiciona —por fortuna, a los ojos de este reseñista: hay que dinamitar las convenciones— lo poco que queda del pacto con el lector de novela negra al cortar de golpe el hilo conductor de la investigación. Hicks McTaggart queda varado en Hungría y deja de actuar como el motor del cambio para convertirse en un testigo involuntario frente al avance del fascismo.

A oscuras es una potente alegoría política contemporánea sobre la inevitable fragilidad de las democracias occidentales. Pynchon nos recuerda que el fascismo no se impone mediante monstruos evidentes, sino que se infiltra silenciosamente aprovechando el colapso financiero, la apatía burocrática y el entretenimiento banal de una sociedad distraída, como en la novela, por el ritmo del swing. Al terminar la obra con un vuelco autoritario en su propio país nos obliga a mirar con atención nuestro presente. La libertad individual es una anomalía transitoria que solo persiste mientras logremos mantenernos un paso por delante de un sistema que nos persigue de manera implacable, reflexión más que oportuna por las derivas autoritarias del trumpismo, los movimientos de extrema derecha europeos o la instauración de gobiernos de mano dura en América Latina por elección popular. A oscuras es una lectura divertida, imprescindible y furibundamente política. Como lo dijo Richard Ford en una conferencia el 26 de mayo de 2026 en el CCCB a partir de Palabras sencillas (Feltrinelli Editores, 2026): “Para que una novela sea una gran novela política debe constituir, en su conjunto, un gran logro literario”. Eso, precisamente, es lo que hace Tomas Pynchon con A oscuras.

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Autor: Thomas Pynchon. Título: A oscuras. Editorial: Tusquets. Venta: Todos tus libros.

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