Foto: Adolfo Rozenfeld.
María Belgrano es una escritora y editora nacida en San Luis, Argentina, en 1979. Reside en Buenos Aires. Hace casi una década creó Mundo Agüero, sello independiente dedicado a difundir la obra del célebre poeta Antonio Esteban Agüero. Sus textos fueron publicados en distintos medios y revistas literarias, como Revista Internacional Poesía de Rosario, entre otras. Recientemente integró las antologías Fe, Breve, Libre y Diana —homenaje a Diana Bellessi— de Editorial Camalote, así como Toda poesía es hostil al anarcocapitalismo, de editorial Áskasis, publicadas en Argentina y Chile. Formó parte del taller literario del poeta Osvaldo Bossi. Además de su trabajo como autora, ha sido jurado en certámenes literarios y escribe columnas sobre literatura. En la actualidad se desempeña como editora en un reconocido sello de libros infantiles. Presentamos una selección de poemas de Cuando te fuiste alquilé un traje de astronauta deportivo, publicado por la Editorial Limbo.
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Como la verdadera estrella
Cualquier imitadora que se precie de tal, tiene que
vestirse como la verdadera estrella, decía mi abuela.
Es así: si imita a Isabel Sarli, luzca la misma solera, el
mismo arreglo de pelo, idéntico escote, rímel pegajoso,
grandes tetas, mismo pasado, incluso.
Si suponga es Eva Perón, tense su pelo amarillo,
ajústelo en rodete, enferme gravemente, salude al
pueblo desde su balcón.
No sé bien si yo podré.
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Por tu cuello viene algo de río
A Federico Jeanmaire
No, no es jazmín. Ni morera.
Por tu cuello viene algo de río. Sí, puedo sentirlo
y viene azul
raíces de maderas de barcos de otros viajes. Tu cuello,
el camino que me lleva de vuelta a mí, a tu piel cuando
más la siente mi espesura en la punta de la nariz,
tengo cerca el aroma mezclado con miradas, sabores
desconocidos, limo, ananá, pestañas
¿El perfume propio?
¿El sabor propio? nadie se lo conoce.
Nos reímos.
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Cuando me interesé en amarte
consulté con filósofos
y opinaron que
estaba muy bien pensar
para luego existir
que esa dosis de temor poco a poco también
es posible que
sea temblor
consulté con poetas y opinaron que
es muy saludable eso de tener
una esquina propia y también
por si acaso
una calle con la media agujereada.
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Scott labrador dorado
En el centro
del patio
de la casa
mi padre instaló una silla
y lee
de reojo atiende
si nuestro perro
mejora
el perro lo mira ignorando que ese despliegue
es por asuntos que le competen:
sus días sin comer
ni mover la cola
sus doce años
su columna
sus dolores
sus días sin comer, anota
el veterinario de guardia
que lo visita
y lo nombra
scott labrador dorado
por primera vez
tibio el lomo del perro
que pasó otra noche, anota
dame una manito, viejo,
le dice
ya falta poco, viejo,
le dice
estirándole los párpados
mirada ausente, anota
(y todos anotamos)
incluso mi padre
que en el centro
del patio
de la casa
instaló una silla
y lee.
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ME GUSTA: el helado de frutilla, la moda de las
ciudades, la situación política no es que me
guste exactamente tampoco la social, ni la
pechuga de pollo ni el chirrido de los colectivos
en la terminal
vengo de un pueblo que duerme siesta pero
nunca más pude dormir la siesta
amo la poesía cuando es inútil
y a los poetas inútiles y las manzanas
el dinero para épocas de desamor
el insomnio para no soñar con bestias.
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Araña nocturna
A Molina y Valentín
Atenta y parada en la mano izquierda de la oscuridad
trepo a ciegas por su brazo y me recuesto sobre su
hombro
me aferro un ratito, soy de la especie que teje poco en
las alturas
bajo de nuevo colgada de un hilo el brazo que me
prometió la calma
caigo con un poco de rebote en la palma arenosa del
centro de la noche
se cierran los dedos
de su mano
repliego mis ocho patas sin lastimar ninguna,
me quedo hecha un bollo
haciéndome la muerta,
seré lanzada en pocos minutos a una alcantarilla.
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Di Benedetto se va
A mi padre, Julito
Uno de los dos ya se iba en libertad. Antonio agarró el papel plateado del interior de un paquete de cigarrillos. Salir de la Unidad 9 tenía algo de sensación de no esca
patoria, podían fusilarte a unas cuadras, ya cuando es tuvieras libre. Salías con miedo. Te despedías incrédulo, contento y nostalgioso a la vez, con miedo.
Agarró el papel plata del interior de los cigarrillos, lo giró y me escribió un cuento sobre las anguilas, la resistencia de las anguilas, algo de un lago, me lo dio, me dijo que lo leyera y lo tirara. Dijo que me lo dedicaba, puso Para Julito, Antonio. Yo que jodía con algunos temas a veces, no sé por qué me asoció al lago Le Mans y las anguilas y qué sé yo qué más.
Antonio nunca superó el miedo, yo sí, era algo que se había hecho otra cosa, la cárcel era un infierno a veces divertido, el patio era el lugar donde yo siempre dije, un
lugar donde podíamos discutir de política con todos los compañeros, presos comunes, presos políticos, presos.
Escribió tan rápido el cuento, que algunas partes no entendí, más me lo contó que lo que pude leer. La tarea de Antonio era escribir para romper y tirar, no como práctica típica de un escritor, más bien para salvar los escritos de los milicos, para salvarse él, mejor dicho.
Yo tenía mi biblia con tapa de tela roja, teníamos ajedrez, una pava, un inodoro.
Antonio me preguntaba cómo podían ser así, por qué estábamos ahí.
Antonio no entendía la maldad. A veces, me parecía un
niño preguntando por qué eran tan malos.
Él de Mendoza, yo de San Luis, llegué en un avión con los ojos vendados, supe después dónde estaba. La Plata, lejos, La Plata, donde revisaban a mi madre, a mi novia, a mi hermana cuando iban a verme. Un lugar que Antonio nunca entendió, un lugar donde la literatura no lo pudo consolar. O sí, tal vez un poco, pero nunca pudo entender y pensaba en las anguilas.
Un lugar donde un milico paseaba orgulloso un llavero hecho con el pedazo de cráneo de una montonera. Un lugar donde en pocos metros llorábamos y reíamos a la par. Nos cagábamos de la risa, sí, y nos cagaban a palos. Un lugar donde éramos más de mil quinientos tipos.
La Unidad 9, pabellón 11, La Plata. En ese orden, mis hijas empezaron a escuchar una larga historia que se remonta desde el Chacho Peñaloza a la Juventud Peronista, desde el 24 a la noche, de esa noche a hoy.
Él arrancado de su silla de la redacción de Los Andes, yo arrancado de casa, me aconsejaron que llevara campera por si no volvía.
Salimos luego en libertad a destiempo. Él perdido por las calles de España, yo con libertad vigilada por las de San Luis. La gente te esquivaba, no vaya a ser que…
Él no reconocido como el gran escritor que era. Antonio, ya te verán, ya sabrán. Caminá, caminá por las calles de España, Antonio.
Guardé tus preguntas metafísicas, esas que se me explicaban mejor a mí, tal vez por la política.
¿Por qué eran tan malos? Tengo algunas respuestas que no podré darte. Y la memoria de la fuerza de las anguilas, la resistencia de la que me hablabas, la llevo conmigo, por los dos, por las anguilas también. Por qué no.
Y ese lago, solo nuestro, Antonio, un Le Mans, solo nuestro, Antonio.


Simple prosa cortada. Muy mal cortada (con total arbitrariedad) y sin el mínimo interés literario.
¡Qué manera de abusar de la palabra “poesía” !
Hermoso. Es un don convertir lo cotidiano en poesía, darle ritmo a las palabras para escaparnos un ratito sin irnos demasiado lejos.