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5 poemas de Seré yo el marido más bello, de Irene Mañero

5 poemas de Seré yo el marido más bello, de Irene Mañero

Este poemario describe la cronología de una belleza: tres años durante los que la autora transitó entre la niña (la inocencia ante un hombre terrible), el marido (de otras) y la amante (eterna), desmontando la idea de identidad fija. Con prólogo de Marta Vusquets e introducción de Laura Casielles.

En Zenda ofrecemos cinco poemas de Seré yo el marido más bello (Disbauxa).

***

la persona derrotada
no existió jamás

la persona quién coño es
si mis partes desguazadas
pretenden caminar solas
como muertas de risa
paralelas al mismo aullido
grito

de nadie

en qué curso se impartió
lo que cargo sobre mis dedos
quiero alcanzar diez nuevos y ser rubia
en qué se ha convertido
la flora completamente seca
después del error
estanco en esta persona
de nombre al revés

ya solo soy un chasquido neumático
un espasmo de riñón
ya ¿solo? Soy
el marido de otras

***

busco el sabor de cien mil peces
entre tus dientes:
ese es el Recuerdo

he comprado dos piedras carísimas
que tiro al mar compartido
no sé si lo piensas pero
mi pie bucea en tus mismas aguas
tus hijos corretean como yo de pequeña
con la impunidad del calco borrable
tu amor cruza el país
tú le esperas
yo dignifico una noche
pintando una concha encima

hoy acaricio la espina que queda
me guardo los besos en la boca
dime tú haces qué con ellos
si les limpias la sangre
les sacas las entrañas
como mamá limpia el pescado
con dos dedos
un gancho
y un cubo de agua sucia

***

sigo las edades desgastadas
de esta que fue hogar en otro tiempo
que albergó a un bichito abandonado
de corazón inmenso
tanto que se le desparramaba

al encontrarla
recién mojada
vi todavía un pedazo de ese órgano abundante
evidente para mí
así que lo protegí dentro de mi pelo
lo enrollé en escamas de sal
a ver si me lamía con gusto
a ver si me engullía
como a un pez abisal
y se empachaba

sigo las edades desgastadas
de esta que comparte hogar con otro tiempo
que cobija la carne temblorosa
de la que alimentarnos ambas
cortar pelar cascar
mutilar la pequeña mascota que se nos escapa
la que me susurra piando
que nunca me quisiste
que me confiesa bajito
que ya es vieja
y la historia común

***

si rodeo el moratón de mi rodilla
recreo la línea justo al borde
de tres manchas en tu pecho
veo un helado
quizá un sombrero
la señal de mí
de aquella que clavó un quiero
deseo
¿me dejas?
al nivel de la sangre

he imaginado cuarenta cuerpos para alcanzar el tuyo con cuarenta y uno
suficientes articulaciones se han colocado pésimas a mi lado
hasta perfeccionar el tiro al marido
soplar la fruta
y comerme el hueso

si respondo al silencio
con cualquiera de las otras
vuelvo a un gesto únicamente tuyo
al cristal que te conserva
cada vez más sucio
embarrado olvidado

poco queda de tu cara
en nuestra misma historia
es el pasado velocísimo
de dos medio extrañas

no encuentro ya ningún paso cercano
que me recuerde tu piel mudada
pero te dejaste una mecha en casa
un mechón que todavía me pongo
lo manoseo
y me miro al Espejo

***

sostengo la cuenca de tu hombre
el lugar mínimo
para dejar caer mis vértebras
el único gesto
para verterlas como manchas fragilísimas
hasta que te venza mi femur
y lo toques
y te quedes
y deje de existir para ambas

así me nace un cuerpo nuevo
que no es carne ni pastilla
es saliva en otra parte
fisura entre lo que imagino
y el tránsito hasta convencerte
de que me toques
te quedes
y dejemos de existir para el resto

—————————————

Autora: Irene Mañero. Título: Seré yo el marido más bello. Editorial: Disbauxa. Venta: Todos tus libros.

BIO

Para Irene Mañero (1995) cada palabra es una tentativa de abrazo: a la herida y a lo que insiste en permanecer. Adora crear imágenes sobre el cuerpo y sus pliegues, sobre la ternura como columna vertebral. Periodista especializada en cultura y cuestiones de género, es parte del grupo de poesía queer del C.S.O. La Rosa (Madrid), donde desarrolla su escritura en diálogo con otras voces amigas. Cuando se desespera, recuerda a Agnès Varda, y respira.

Irene Mañero. Foto de Aida Argüelles Molinuevo.

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Pablo75
Pablo75
9 horas hace

El caos mental sólo puede producir caos verbal. Esperar que de éste surja de repente y como por arte de magia la poesía es esperar milagros mayores aún que los de las religiones. Pero veo que hay gente tan ingenua que lo cree posible…