A veces el título de una novela consigue condensar toda la esencia de la novela. Es el caso de El libro de la desaparición, de Ibtisam Azem, escritora palestina exiliada en Nueva York. La historia, escrita originalmente en árabe, nos llega en traducción de María Luisa Prieto y publicada por la editorial Las Afueras.
El libro de la desaparición arranca con una situación desesperada. Una mujer palestina busca a su madre llamándola de puerta en puerta en Jaffa, antigua ciudad palestina que hoy forma parte de Tel Aviv. En esa búsqueda la acompaña su hijo Alaa, quien finalmente encuentra a la abuela. Tata ha muerto sentada en un banco de madera contemplando el mar de Jaffa. A partir de este momento, Alaa comienza a escribir un diario íntimo en el que reflexiona sobre su propia identidad y la identidad del pueblo palestino.
Al poco tiempo, se produce algo misterioso. De la noche a la mañana, cuatro millones de palestinos que viven entre Tel Aviv y los territorios ocupados por Israel, desaparecen sin dejar rastro. No han ido al trabajo ni a la escuela, no están en las calles ni en sus casas. De pronto, no existen, lo que provoca una gran estupefacción.
“¿No has oído las noticias? Los palestinos han desaparecido. Nadie sabe qué ha pasado, pero no hay ni rastro de ellos en el país ni en Judea y Samaria. ¡Han desaparecido!”
La novela plantea una historia en la que de forma fragmentaria se describe el panorama de la Palestina actual a través de los pensamientos de Alaa Assaf en su diario y también los de su amigo y vecino Ariel, periodista israelí que investiga la misteriosa desaparición. ¿Un complot? ¿Una estrategia? ¿Dónde han ido a parar los palestinos?
Ariel consigue entrar en el piso de Alaa. Allí encuentra el diario rojo que le servirá para conocer los pensamientos más íntimos de su amigo palestino y contrastarlos con sus propias convicciones. La narración nos lleva del pasado (la Nakba, nombre que usan los palestinos para referirse a lo que ocurrió en 1948 cuando se creó el Estado de Israel) al presente de los habitantes de Jaffa y al de los territorios ocupados: familias, vecinos, amigos, torturadores, policías, la historia de los monumentos y las calles… Los personajes viven entre el odio y la cotidianeidad, entre la supervivencia y la memoria.
La novela no avanza como una trama lineal, sino como un mosaico de símbolos, perspectivas y reacciones. Argumentalmente todo gira en torno a la ausencia, la de la abuela Tata y la de todo un pueblo: ¿qué pasaría si de pronto los palestinos, árabes como los denominan los israelíes, desaparecieran?
“Memoria blanca, memoria negra. ¿Tiene memoria un lugar?”
¿Es posible borrar la identidad de todo un pueblo, o siempre queda la identidad en el recuerdo? Esta pregunta flota a lo largo de toda la historia. Alaa, en su diario, le dice a su abuela Tata:
“Te extraño. Mi anhelo por ti es como una rosa llena de espinas”.
Tata es la abuela, pero también es Palestina.
Por su parte, Ariel decide traducir algunos fragmentos del diario de Alaa al hebreo con la idea de incluirlos en un libro que publicará sobre la desaparición de los palestinos, lo que plantea una reflexión inquietante sobre quién contará la historia y desde qué perspectiva. En este sentido, el gesto final de “cambiar la cerradura” del apartamento de Alaa por parte de Ariel resulta especialmente significativo.
El argumento de la novela no resuelve el tema de la ocupación israelí, pero sí manifesta la necesidad de conocer la realidad. La desaparición misteriosa es el símbolo de un grito en el silencio.
Ibtisam Azem construye una trama misteriosa que plantea dos preguntas fundamentales. Por un lado, ¿quién está escribiendo la historia de los palestinos? Por otro, ¿se puede borrar la existencia de todo un pueblo? Ahí queda la canción “Lejos de ti” de Umm Kulthum. Y la desaparición.
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Autor: Ibtisam Azem. Título: El libro de la desaparición. Traducción: María Luisa Prieto. Editorial: Las afueras. Venta: Todos tus libros.


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