Quizá la novela negra sea el género que más riesgos asume al tomar como materia literaria la crepitante actualidad del mundo y lanzarse de cabeza a su relato y a su interpretación, antes de que el tiempo la haya procesado y haya puesto cada cosa en su sitio.
La portada de la novela Muerte en San Mamés (2026), de Javier Sagastiberri, muestra un viejo balón de cuero que, medio desinflado, adquiere la forma de un cerebro, con sus paneles (veinte hexágonos y doce pentágonos) teñidos de rojo, blanco y negro, los colores del Athletic, pero también de la sangre. La imagen reproduce un óleo del pintor bilbaíno Ramón Pérez que, como las mejores portadas, ya sugiere su contenido: fútbol, violencia y neuronas para investigar un crimen cometido en San Mamés, con el consiguiente desorden que provoca todo asesinato repentino. Aparentemente, el motivo es el racismo, con la excusa de que un equipo que siempre ha mantenido el gen vasco, ahora incorpora a su plantilla a dos futbolistas negros, a los hermanos Iñaki y Nico Williams.
El escenario de la muerte resulta aquí muy importante. Como ocurría en la extraordinaria película El secreto de sus ojos, de Juan José Campanella, podemos cambiar de identidad, de domicilio, de profesión, pero nunca cambiamos de pasión por nuestro equipo de fútbol, que afecta por igual a un asesino (en la película) que a una víctima, que en la novela acude de incógnito a La Catedral para ver jugar a su equipo.
La novela de Javier Sagastiberri es un ejemplo más de cómo el fútbol —y el deporte en general— ha ido creciendo como tema literario. Y su lectura resulta oportuna en estos días del Mundial.
Muerte en San Mamés está escrita con una prosa suelta y vivaz que avanza a zancadas, con una forma alegre de enlazar las frases y los cortos capítulos, aunque tampoco es que vaya dopada con anfetaminas. Sagastiberri tiene buen oído para la oralidad, aunque en su afán por reflejar el áspero vocabulario de los ambientes policiales un personaje advierta de su crudeza: “A ver si cuidas un poco el lenguaje”.
Pero, sobre todo, la escritura acierta en una perspectiva múltiple que va concediendo la voz a todos los personajes, para que el lector los conozca de primera mano y los juzgue por sí mismo. Y así, todos disponen de su capítulo para expresarse, tanto el espía como el vigilando, tanto Beltza, un antiguo pistolero de ETA convertido en sicario y que sirve de lazo de unión con las novelas anteriores del autor, como las dos estupendas ertzainas encargadas de la investigación, Idoia Sagarduy y Ana Larburu, que me resultan los personajes más humanos y atractivos.
El resultado final es una novela ágil, divertida y muy actual en el reflejo de las tensiones y amenazas políticas del momento actual, sobre todo las de una extrema derecha rencorosa y narcisista, con sus tesis sobre el gran reemplazo. Hay una crítica radical hacia los incels, la manosfera y los discursos de intolerancia y odio que recorren el mundo y que no dejan de crecer, que son las páginas que más interpelan e inquietan al lector.
Muerte en San Mamés resulta incluso útil para conocer, mediante un diálogo entre los personajes, qué son los bitcoins, datos que el autor domina, quizá por su profesión de inspector de finanzas en la Hacienda Foral vizcaína.
Pero yo me quedo, más que con la acción y la intriga, con los apuntes de humor; con las notas sobre el Athletic; con las oportunas referencias cinematográficas y, más aún, literarias, que aportan sabor a la escritura y hasta sirven de claves para abrir archivos: Antonio Machado, Homero, Platón, Bertolt Brecht, Borges, Sábato o Mariana Enríquez; y con las páginas más amables dedicadas a las relaciones de afecto entre algunos personajes entrañables, ya conocidos en entregas anteriores.
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Autor: Javier Sagastiberri. Título: Muerte en San Mamés. Editorial: Bohodón. Venta: Todos tus libros.


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