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¿Cómo mataban las mujeres victorianas?

¿Cómo mataban las mujeres victorianas?

Trece mujeres respetables acusadas de crímenes atroces en el siglo XIX. De eso trata Asesinas victorianas (Siruela) de Mary S. Hartman. Y de mucho más. Es un análisis socio-antropológico en torno a la mujer burguesa europea en la Europa victoriana.

Pero, ¿no estaba ya todo estudiado y dicho sobre la era victoriana?

No. Se ha escrito mucho sobre el siglo XIX, las luchas de la clase obrera, la vida suntuosa de la aristocracia. Muy poco se sabe, sin embargo, de la intimidad de las familias burguesas, y menos de las mujeres burguesas más allá del retrato idealizado —e ideologizado— que de ellas hacía la sociedad masculina: oh, las féminas, las féminas eran criaturas pálidas y delicadas, inocentes y puras, que debían mantenerse, ensimismadas en sus labores femeninas, al margen de la sociedad y de la suciedad. Pero también al margen de la política, de la cultura y, por supuesto, del sexo.

Así que, como tales criaturas, eran incapaces de cometer crímenes atroces en plenitud de su conciencia, un argumento gracias al que varias mujeres de este ramillete de trece asesinas fueron absueltas de crímenes de los que probablemente eran culpables.

"A lo largo de las casi quinientas páginas del libro, Hartman relata no solo las vidas y crímenes de esas mujeres, sino el sentir de la opinión pública que seguía sus casos con pasión"

¿Y quiénes son esas trece asesinas? Tenemos jóvenes recién casadas con maridos viejos en matrimonios arreglados por sus padres que decidieron cortar por lo sano y envenenar a sus cónyuges. Tenemos esposas en apariencia felizmente casadas —terrible expresión— que odiaban a sus maridos y acabaron convenciendo a sus amantes para cargárselos. Tenemos solteras —ese estadio maldito en aquella época—: una degolló a su hermanastro pequeño y otra actuó como la perfecta institutriz de cuento que maltrató a las niñas a su cuidado hasta acabar con sus vidas. Tenemos jóvenes salvajes con relaciones antes del matrimonio que terminaron en tragedia: una envenenó a su amante y la otra mató al bebé que tuvo de su cochero. Tenemos, en fin, veneno a mansalva, sobre todo arsénico, revólveres, cuchillos, padres castradores, maridos maltratadores, institutrices retorcidas y madrastras malvadas. Lo tenemos todo en este libro. Se podrían escribir varias novelas victorianas con cada una de estas asesinas, pero Mary S. Hartman eligió escribir un ensayo. No un ensayo al uso, un ensayo interpretativo, a ratos gótico, a ratos científico, que ella describe como el dibujo de las mujeres “en su transición a la modernidad”. Hartman, catedrática emérita y fundadora del Instituto para el Liderazgo de la Mujer, una estudiosa clásica del feminismo, dice: “A pesar de haber cometido asesinatos, eran en muchos sentidos personas comunes y corrientes, incluso inquietantemente comunes. Una de las maneras en que intento analizar esto es mostrando la enorme fascinación y simpatía que las mujeres de clase media sentían por las acusadas”.

La simpatía que las mujeres de clase media sentían por las acusadas. Esta frase merece una explicación.

"Lo que sí está claro es que sus casos despertaron una conciencia de género que estaba ya empezando a dibujarse en el horizonte europeo"

A lo largo de las casi quinientas páginas del libro, Hartman relata no solo las vidas y crímenes de esas mujeres, sino el sentir de la opinión pública que seguía sus casos con pasión. Era el momento de la explosión del periodismo, y sus historias, tanto en Inglaterra como en Francia, convirtieron a las asesinas en estrellas mediáticas. Las mujeres asistían a los juicios, leían las crónicas en los periódicos, formaron ligas de defensa, firmaron peticiones e hicieron todo tipo de acciones para apoyar a esas supuestas asesinas. Y digo “supuestas” porque no está claro que todas cometieran los crímenes de los que se las acusaba. Algunas fueron absueltas, otras condenadas.

Tampoco está claro que la justicia acertara en los veredictos ni de unas ni de otras. Pero lo que sí está claro es que sus casos despertaron una conciencia de género que estaba ya empezando a dibujarse en el horizonte europeo.

A medida que el libro se va internando en el siglo XIX cambia la perspectiva de la mujer, que deja de ser una criatura pura y un poco tonta a ser una criatura que “elige” ser pura —y suponemos, un poco tonta—, que representa unos valores morales y que, en ocasiones, elige el camino equivocado, plenamente consciente de esa decisión. Esto es importante. Significa que la sociedad admite que la mujer es responsable de sus actos, y significa que la mujer empieza a luchar por ser ampliamente responsable: por poder votar, tener su trabajo, su negocio, su independencia.

Y elegir con quién se casa.

Y elegir ser malvada, claro.

"Es curioso que haya que estudiar a estas asesinas para sacar la conclusión de que las mujeres empezaron a convertirse en grandes lectoras ya en el siglo XIX"

Esa exposición mediática abrió la puerta a las esferas íntimas y cerradas de la vida de las mujeres burguesas, y la sociedad se enfrentó a temas que nunca se habían hablado en público: las relaciones pre y extra matrimoniales, el aborto, los métodos anticonceptivos, la satisfacción sexual en el matrimonio. Oh, oh. Las mujeres tenían vidas secretas.

Y además, cada vez más tiempo libre. El problema era que no sabían en qué emplear ese tiempo. Porque casi todo lo que hacían los hombres les estaba vedado. Así que leían. En el libro se habla a menudo de qué leían. Había manuales de la perfecta ama de casa, claro, pero sobre todo había novelas firmadas por mujeres: las hermanas Brontë, Jane Austen, George Sand. Es curioso que haya que estudiar a estas asesinas para sacar la conclusión de que las mujeres empezaron a convertirse en grandes lectoras ya en el siglo XIX.

Así que Asesinas victorianas no es solo un ensayo sobre eso, asesinas victorianas, sino un tratado fascinante sobre cómo vivían y pensaban nuestras antepasadas, sobre lo pequeño que era su círculo y sobre cómo fueron haciendo brechas —a costa de sus vidas— hasta lograr escapar de él.

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Autora: Mary S. Hartman. Título: Asesinas victorianas. Traducción: Raquel García Rojas. Editorial: Siruela. Venta: Todos tus libros.

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