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Poemas, de Howard Nemerov

Poemas, de Howard Nemerov

Howard Nemerov fue un poeta, novelista y crítico literario nacido el 29 de febrero de 1920 en Nueva York. Fue el tercer Poeta Laureado de los Estados Unidos y autor de más de veinte libros, entre volúmenes de poesía, crítica, ficción y relatos. Al momento de su muerte se desempeñaba como Profesor Distinguido de Inglés en la Universidad de Washington en San Luis. Su trabajo, reconocido con galardones como el premio Pulitzer (1978) o el premio Bollingen (1981), opta por el formalismo, el empleo de la métrica, la rima y las formas clásicas en lugar del verso libre que proliferó en la poesía norteamericana del siglo XX. Murió el 5 de julio de 1991. Presentamos una muestra de Poemas, antología de textos con traducción de Germán Carrasco publicada por la editorial chilena Deriva en 2026, propuesta en la que los textos de Nemerov destacan por lograr un delicado equilibrio entre la permanencia de lo clásico y la fugaz desmesura de lo moderno. Su experiencia como piloto en la Fuerza Aérea durante la Segunda Guerra Mundial o su larga trayectoria como académico no son más que circunstancias en las que se configura un sentido del humor que desdeña la épica y la ambición libresca. Su trabajo se nutre de una serie de libros sagrados y textos históricos que organizan un espacio abierto a la experimentación, lugar inestable desde el que contempla la permanencia del cambio y los vicios de la virtud, logrando generar una moral ambigua, de la cual se sirve para exhibir la dimensión más absurda presente en cualquier tipo o afán de trascendencia. El mundo provoca en Nemerov una extraña mezcla de repulsión y amor, una cierta esperanza vana sobre la que se impone el placer infantil del sabio que somete a escrutinio las cosas para desentrañar su abismo.

***

Virgen y mártir

Vi al marinero muerto en el mar,
al soldado aplastado contra la tierra.
Oí al sargento enfurecido gritar
que los combatientes debían seguir adelante
solo para morir. «Señor, déjame a mí también», dije,
«yacer sin valor junto a los heridos y muertos».

Vi a los locos atados con lonas,
a los enfermos, con llagas que les devoraban la espalda,
y a las enfermeras y cuidadores con mano dura
ocupándose de los restos humanos—
«Deja que sea yo», recé, «quien sea apartado
de la luz clara y del día del Señor».

Vi a ancianas fregar los suelos
a primera hora de la mañana, y comparé
las rodillas de las chicas en los vagones del metro,
y grité: «Deja que mis rodillas, oh Señor,
también se rompan en los pasillos de mármol
para tu placer, Señor, placer y alabanza».

En lugar del dolor, ¿por qué debería ver
la luz del sol sobre la herida sangrante?
¿O escuchar el grito del hombre herido
bendecir la Creación con un sonido brillante?
Me extiendo en la alegría como en el potro de tortura,
y soporto la carga de la gloria sobre mis espaldas.

***

Reasignación

Dicen que la guerra ha terminado. Pero el agua
aún fluye sangrienta de los grifos, y mi gato
en su desorden vomita gusanos que se arrastran
rápidamente. Quizás salen de casa,
son blancos y están salpicados con la sangre del gato.

Puede que la guerra haya terminado. Conozco a un hombre
que guarda un agradable recuerdo, guarda
los ojos azules muertos de un soldado que encontró
en algún lugar, duros como la tiza y azules como la pizarra.
Los hace chocar en su bolsillo mientras habla.

Y ahora hay cucarachas en la casa,
se emborrachan ligeramente con el pesticida
son rápidas, duras, escurridizas, se pueden ahogar
si se las sumerge un tiempo prolongado.
Hay una variante mexicana que puede volar.

El fin de la guerra. Lo acepté con bastante
calma. Intenté lavarme la suciedad
del pelo y bajo de las uñas,
me vestí con ropa blanca limpia y me fui a la cama.
Oí el polvo cayendo entre las paredes.

***

El terremoto en el oeste

En los centros turísticos, costeros, las madres corrían
gritando por las playas, buscando
a sus hijos, temían que
pudieran haber sido atrapados por las olas gigantes
que no llegaron a materializarse».

The New York Times, jueves, 14 de abril de 1949

El arte de escribir una prosa honesta
no es muy difícil y puede
ser dominado en poco tiempo por personas
dispuestas a obedecer reglas tan simples
como las que se encuentran en casi cualquier
manual de bolsillo sobre el tema.

Más allá de esto, como regla general,
uno debe aprender a mantener la compostura
en situaciones difíciles, en momentos
de crisis pública y desastre.
La actitud debe ser un poco distante,
quizás un poco divertida;
ser espectador requiere una paciencia peculiar
y algo fría.

Hay que reconocer que esto no es sencillo.
Cuando el mundo familiar se desmorona,
cuando las paredes planas comienzan a abombarse
y las madres corren gritando por la orilla,
es difícil no involucrarse demasiado
como para poder tener una visión pura
y distanciada.
Pero entonces el temor subterráneo
se agitará y dará vueltas en la sintaxis defectuosa
tanto del mundo como de la palabra,
hasta que las madres, los niños, todos,
se vean arrastrados juntos por la misma ola.

***

Singular metamorfosis

A Singular Metamorphosis

Veíamos el concurso de trivia en la tele
todos anoche, mezcla de ocio y placer,
cuando de pronto el antiguo escritorio del tío Henry
donde solía sentarse a hacer sus cuentas
comenzó a temblar y a mecerse como una mujer que llora,
entonces brotaron flores de cada rincón y luego floreció por todas partes
(por todo el mundo como un navío de setenta y cuatro cañones
cabalgando en el oleaje y disparando desde el cabo Finisterre)
¡Qué vista tan extraordinaria! Sus delicadas patas
engrosadas y nudosas, retorciéndose, comenzaron a enraizar
los pies hundidos en una alfombra de exuberante hierba
como estrellas puntiagudas con prímula. Animales pequeños
empezaron a pasearse y a trepar
este escritorio de reversión y reliquia al que se puede quitar el polvo
acumulado en el rincón más sombrío de la sala
lejos del televisor.

Yo solo,

en mi opinión, remarco la notable
transacción comentada anteriormente
las flores eran azules
el azul ardiente del iris, y había
un olor a hierba cálida y húmeda y a estiércol de caballo nuevo.

La pantalla, mientras tanto, nos comunicaba
con cierta fidelidad la imagen y la voz
de Narcisse, la ilustrada mujer policía de San Francisco
que ya había asumido el patrocinio con diez mil verdes
al saber discernir Montalets de Capegues,
Cordilleras de Gonorreas, las obras
de Shapesmoke Desmayo de Avalon,
un corazón de tigre envuelto en la piel de un actor
si alguna vez viste uno.

Cuando todo esto terminó,

y todos se fueron a casa a dormir, nadie
mencionó el escritorio, que ya estaba
inclinado por el peso de frutas y nueces
y pájaros y ardillas en sus extremidades superiores.
Estrellas enredadas con su muérdago y yedra.

***

Ciclo de vida del hombre común

Este hombre de complexión tosca y hábitos moderados,
este consumidor promedio de clase media,
consumió a lo largo de su vida media
casi medio millón de cigarrillos,
cuatro mil quintas de ginebras y aproximadamente
un cuarto más de vermut; bebió
quizás cien mil tazas de café,
contando la parte de sus padres, el costo fue
algo así como medio millón de dólares
para hacerle pasar la vida. Cuántas bestias
murieron para proveerle de carne, cinturón y zapatos.
No se puede decir con certeza.

De todos modos,

es de esta manera que el hombre viaja a través del tiempo,
dejando tras de sí un rastro cada vez más largo
de botellas vacías y huesos, de zapatos rotos,
cuellos deshilachados y desgastados o que ya no les quedan bien
pañales y esmóquines, corbatas de seda e impermeables.

Dada la energía y seguridad así logradas,
¿Qué fue lo que hizo? Lo de siempre, claro,
el comer, soñar, beber y el engendrar,
y trabajó a cambio del dinero
que se comió, etcétera, todo era necesario
por si fuera a seguir trabajando por el dinero, etcétera,
y se comunicaba de forma asertiva. Mientras botellas y huesos
se acumulaban tras de él, las palabras salían
constantemente desde el frente de su cara mientras él
avanzaba en el silencio y lo hacía verbal.
¿Quién puede contar la historia de sus palabras? Toda una vida
apenas bastaría para poder repetirlas;
si simplemente imprimiera todas sus comas, el resultado
sería un volumen muy grande y el número de veces
que dijo “gracias” o “muy poco azúcar, por favor”
asombraría la imaginación. También había
chistes, lugares comunes y afirmaciones que comienzan
con “Me parece” o “Como siempre digo”.
Considera el coraje en todo esto, y vean al hombre
caminando hacia un silencio profundo, con el ectoplasmático
globo de diálogo del comic junto a su rostro, las palabras
generadas por un aliento que es su espíritu
contando de nuevo la historia de su Palabra no contada
que hace del mundo su manzana y le obliga a comerla.

***

A los maniquíes

Imágenes adorables,
yeso blanco
lirios del campo,
no estás vivo así que el patetismo
estará fuera de lugar.

Pero he aprendido
un dato sobre tu destino,
y es este:

después de que pases de moda
bajo tus muchas modas,
o cuando tus codos y rodillas
hayan sido magullados hasta quedar blancos como el polvo,
para que no le sirvas a nadie

te quitarán tus vestidos,
tus trajes de luto y tus trajes de baño,
dejando expuesta ante todos los hombres
tus vientres inaccesibles
y nubilidades sin sentido.

Los transportistas vendrán por la noche
y te cargaran en camiones
y te llevaran a los campamentos,
donde los soldados, o la Policía Estatal,
te usarán como objetivos
para la práctica con armas pequeñas,

lo que me lleva a preguntarme,
ya que el patetismo está fuera de lugar,
¿qué es lo que están practicando?

***

Dinero 

una conferencia introductoria

Esta mañana dedicaremos unos minutos
al estudio del simbolismo, algo básico
a la naturaleza circular del dinero. Vean esta moneda.
Hay iconos y criptogramas escritos por ambas partes
de esta moneda de níquel: una de las caras muestra un bisonte jorobado
inclinando la cabeza y enroscando la cola para acomodarse
a la naturaleza circular del dinero. Sobre la bestia se lee
ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA, y sobre su grupa
unas letras apretujadas rezan: E PLURIBUS UNUM,
una referencia romana que parece significar
una gran cantidad indeterminada de cosas
que son lo mismo. Bajo el bisonte hay una línea recta
que le da una base sobre la cual pararse.
Dice CINCO CENTAVOS. En el reverso de nuestra moneda
tenemos el perfil de un hombre con cabello largo
y un par de plumas en el pelo; sabemos
de alguna manera que es un indio americano,
y lleva el número mil novecientos treinta y seis.
Justo delante de sus ojos está la palabra LIBERTAD, doblada
según la curva de la moneda, o de tal manera
que pareciera estar cayendo del cielo. El indio
mantiene la mirada baja y no se da cuenta de esto;
de hecho, sería un acto de miopía por parte de él darse cuenta de ello.
Hasta aquí llega la iconografía de una de nuestras monedas de cinco centavos
que se está convirtiendo en una rareza
o en una pieza de colección: es más
ya no se puede comprar casi nada con cinco centavos,
el representante indígena americano fue destruido
hace unos cien años, y la relación de sus descendientes
con la libertad se mantiene con reservas
o campos de concentración primitivos; mientras que el bisonte,
a excepción de unos pocos ejemplares mantenidos en jaulas,
ya está extinto. Algo así, creo
es lo que deber haber querido decir Keats
en su célebre Oda a una urna griega.

En conclusión, detengámonos

en una serie de circunstancias que a veces se suelen pasar por alto
incluso por los expertos: (a) indio y bisonte,
limitados al anverso y reverso de la moneda,
nunca pueden verse; (b) están mirando
en direcciones opuestas, el bisonte a través
de las plumas del indio, el indio a través
de la cola del bisonte; (c) están en sentidos contrarios
el uno del otro; (d) el bisonte tiene rostro humano
un poco parecido al de Júpiter Amón.
Espero que nuestro análisis de hoy haya arrojado algunas luces
sobre la importancia del simbolismo
o sobre la forma en que se simbolizan las cosas.

***

Con ganas de cambiar el mundo

Dos veces al año y durante el sueño dominical
la República se encuentra unánimemente
de acuerdo, excepto Indianápolis,
en desplazar quince grados el arco del sol
en un santiamén o dos, girando algunas perillas,
tras lo cual el sol se mueve obedientemente hacia adelante y hacia atrás
a la mera orden de la democracia.

Josué en el valle de Ajalón
no hizo más que detener el sol por un momento, mientras nosotros
con solo nuestra voluntad lo movemos por el cielo,
tomando una hora de luz del amanecer
para entregársela a la tarde, aunque
nosotros, donantes indios, la recuperamos después.
¿Qué se le negará a este pueblo
que con un pensamiento mueve así el cielo y la tierra?

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Autor: Howard Nemerov. Traductor: Germán Carrasco. Título: Poemas. Editorial: Deriva.

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