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La suerte que nos toca, de Jorge Fondebrider

La suerte que nos toca, de Jorge Fondebrider

Jorge Fondebrider es un poeta, ensayista, traductor y periodista cultural nacido en Buenos Aires en 1956. Cursó estudios en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, de donde egresó con el título de Profesor Especial en Letras. Desde entonces, ha dictado cursos y seminarios en la UBA, la Universidad Austral de Chile, la Universidad Diego Portales (Chile), la Universidad Nacional Autónoma de México, el Trinity College Dublin, el University College Cork, la Galway University, East Anglia University, la Sorbonne Nouvelle, Instituto Ramón Llull, etc. Ha colaborado con los principales diarios y revistas de su país, así como en un importante número de publicaciones del exterior. Entre 1986 y 1992 fue secretario de redacción de la revista Diario de Poesía, cuyo consejo de dirección integró durante los primeros diez años de existencia de la publicación. Desde 2002 hasta 2006 se desempeñó como coordinador de eventos y publicaciones del Centro Cultural Ricardo Rojas de la Universidad de Buenos Aires. Entre 2006 y 2013 estuvo a cargo de la elaboración de los números especiales de la revista Ñ, suplemento cultural del diario Clarín, donde también colaboró con artículos sobre literatura y música. Entre 2006 y 2014 colaboró de manera permanente escribiendo una columna mensual para el Periódico de Poesía, de la Universidad Nacional Autónoma de México, integrando asimismo el consejo asesor de la publicación. En 2003 recibió las Palmas Académicas del gobierno de Francia por servicios prestados a la cultura francesa. En 2009, junto con Julia Benseñor, creó el Club de Traductores Literarios de Buenos Aires, desde hace quince años en funcionamiento, organizando varios congresos y simposios internacionales (entre otros, sobre Georges Perec, sobre los setenta primeros años de la traducción del Ulises de Joyce al castellano, sobre la poesía galesa en galés y castellano, sobre Ezra Pound y el castellano, sobre el estado de la lengua en España y América, sobre la enseñanza de traducción, sobre las traducciones de literatura alemana en Argentina, etc.). Asimismo, dirige el blog del Club de Traductores, con entradas diarias desde 2009 a la fecha. Recibió cuatro veces la beca como traductor invitado del Centre National du Livre de Francia para traducir a Apollinaire, Perec y Flaubert, también en tres oportunidades, la beca como traductor invitado de Literature Ireland, institución irlandesa de la que es asesor para Latinoamérica. Fue becado como traductor residente por la Casa de Traductores Looren, de Suiza. Ha participado como invitado en numerosas Ferias del Libro y coordinó el Festival Internacional de Poesía de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, en su edición 2024. Entre sus libros de poemas destacan Elegías (sin mención editorial, 1983), Imperio de la luna (Libros de Tierra Firme, 1987), Standards (Libros de Tierra Firme, 1993 / México, Trilce Ediciones, 2017), Los últimos tres años (Libros de Tierra Firme, 2007), La extraña trayectoria de la luz: Poemas reunidos 1983-2013, con prólogo de Fabio Morábito (Bajo la luna, 2016) o Las cosas escondidas por el sueño: Antología 1983-2016 (Otramina 2021). Seleccionó y prologó antologías de autores como Joaquín O. Giannuzzi y Juan Gelman. Como traductor del inglés y del francés ha traducido la obra de autores como Georges Perec, Henri Deluy, Edward Jablonski, Yves Di Manno, Morris West, Susan Griffin, Claire Keegan, Patricia Highsmith, Gustave Flaubert, Jack London, Thomas S. Gowing o Joseph Conrad entre otros. Con Pablo Chacón, realizó el documental Los primeros fueguinos, para la serie DNI, de la Secretaría de Cultura de la Nación y con Ana Fondebrider, en 2013 realizó el documental Minton’s 20 años sobre la disquería de jazz homónima. Presentamos una selección de poemas de La suerte que nos toca, último libro de poemas publicado por Gog & Magog en el año 2022, una obra en la que reaparecen sus temas principales: lo cotidiano, sus viajes —Gran Bretaña, Francia, México, Irlanda—, su familia, su circunstancia habitual. Libro de una de las figuras clave de la literatura contemporánea argentina en el que, en palabras de Jorge Aulicino, el autor muestra «una poesía viva, en fin, que solo intenta cumplir su función: crearse —diría la recurrente frase de Huidobro— no a imitación de la naturaleza, sino cómo la naturaleza produce un árbol».

***

TELEVISOR

Hay musgo sobre el tronco porque así pasan las cosas en el bosque
donde no estoy ni estuve, pero vi.

Los osos destrozan los salmones a mordiscos después de la rompiente.
La luz del sol y su reflejo en las escamas.

Faltan la zarpa que no escucho,
el frío que no siento.
Después está la grava, hay una pausa,
el hilo de la historia que se pierde.

***

ELEGÍA POR EL CASQUETE POLAR ÁRTICO

No sé nada de espiritualidad,
palabra hueca, como es hueco el centro del bambú
cuando lo sopla un tipo con túnica violeta
y oye la música mientras vigila a China
con todos sus tambores detrás de las montañas.

Y tampoco tengo las respuestas
precisamente porque no me hago las preguntas. Dios no existe.
No hay forma de que crea.
Yo ya dije: no sé nada.

Apenas escribo estas palabras

sabiendo de antemano que el cielo y el infierno
son la mejor opción para esta especie
que a menudo se piensa superior, mientras el humo
se eleva desde siempre
y todavía hay gente que niega las cámaras de gas,
las pieles derretidas con fósforo y napalm.

Después, hay que saberlo, están las focas,
la foto de la sangre sobre el hielo,
lo que queda del hielo.
Y aquella otra con doscientos
osos polares comiendo una ballena.
Repito: dios no existe. Su alabanza
cuando se acaba el mundo y suenan las trompetas,
es mera estupidez.

***

UN MAL POETA

Me atraen los lobos y los cuervos por alguna razón que desconozco.
Emblemas de otra parte, patrimonio
del norte de la suerte que nos toca
Aquí, en el sur, abundan
guanacos y pingüinos.
La épica es esquiva.
Yo no sé qué hacer con esos bichos.

***

CROSS COUNTRY

I. Bristol

Dormidos, en taxi, temprano, nos fuimos
de Cardiff a Bristol,
72 km para viajar al norte.
Pero por causa del mal tiempo, se suspendió el avión.
Cansados, molestos, corrimos,
llegamos al andén,
vamos al norte en tren,
viajamos desde Bristol,
ciudad de iglesias bombardeadas
y casi nada más esa mañana de ansiedad.
Llevamos las ganas de llegar y tres valijas.
Llevamos los bostezos de una noche mal dormida.
Miramos por el vidrio. Richard lee.
Marina dice que el campo se termina en una huerta.
Detrás de la ventana vemos cielo, nubes negras,
los prados bien peinados y prolijos,
y el orden aparente de Inglaterra
después de su violencia soterrada, aunque latente,
expuesta en muchas guerras
y en su larga trayectoria criminal. 

II.Birminghan

En los años sesenta, para la música, fue tan importante como Liverpool:
Spencer Davis Group, Traffic, The Move son prueba suficiente.
Mercedes Álvarez un día me contó que vivió aquí:
una ciudad industrial, siempre muy gris, muy castigada.
Pero charlábamos de algo con Richard y Marina y no presté atención.
Puede vivir sin mí, les dije. Qué cosa, preguntaron.
La ciudad de Birminghan
puede vivir sin mí. 

III.Sheffield

Sheffield está en el sur de Yorkshire.
Se llama Sheffield por el río Sheaf, que la cruza y que no vi porque dormía.
Lo sé por la foto de Marina.
Roncabas –dijo ella.
Roncaba.

IV. Leeds

En el 616 o 626, el reino de Elmet fue invadido por Northumbria.
Loidis entonces ya fue Ledes, que fue Leeds,
que en los siglos XVII y XVIII la lana volvió próspera.
De lo demás, sé poco. Lo importante
es que, el 14 de febrero de 1970,
allí los Who grabaron un concierto.
Se lo digo a Marina que vive en otro mundo, con otras referencias.
No me entiende.
Richard, sí. Dice “los Who”,
y el tren, como el tiempo, avanza inexorable.

V. York

Ebocarum era un fuerte en la provincia romana de Britania.
Más tarde llegó a ser una ciudad amurallada
que un día de otro siglo ya fue York, en el norte de Yorkshire,
y quedó en manos de los anglos, de los vikings,
de Erico I de Noruega, echado por Eadred, el rey de los ingleses.
Después vino otro rey, pensaba contra el vidrio, mientras el tren avanza.
Digamos que una cosa es creer en las virtudes de la guerra,
llenarse la boca con la guerra
y otra cosa muy distinta es sentir olor a carne chamuscada,
ver gente sin cabeza,
tener hambre,
tener miedo
saberse responsable de la guerra.

VI. Durham

Aquí vivió Ric Caddel, con quien cambiamos cartas
y no nos conocimos
nunca porque un día se murió. Tengo sus libros.
Pronuncian “Duuran”, muy rápido y cortito,
y rápido y cortito pasa el tren por la ciudad.

VII. Newcastle

Bajamos en Newcastle. Todo un día.
La cruza el río Tyne de la canción.
Adriano estuvo aquí con su muralla
para impedir que los pictos se instalaran. Se instalaron,
de todas formas, poco a poco. Como Bill.
Bill Herbert es de Dundee y esa noche
nos presenta en la lectura de la universidad.
Histrión y buen poeta, le creemos.
Uno siempre debería creerle a un buen poeta,
sabiendo de antemano que no importa
que diga o que no diga la verdad.

VIII. Lindisfarne

Con marea baja se llega caminando.
Con marea alta es una isla en la costa de Northumberland.
Aidan, que era monje, le puso un monasterio,
donde estuvo San Cuthbert,
San Eadfrith,
San Eadberht,
todos santos de nombres imposibles, de siglos imposibles.
Después hubo los vikings, los normandos, los ingleses,
nosotros que pasamos con el tren.

IX. Berwick-upon-Tweed

Bryneich fue Beornice, fue Bernicia
que finalmente llegó a Berwick,
el pueblo o la granja de cebada según el traductor.
La cruza el río Tweed que bordea la frontera entre Inglaterra y Escocia.
Cuatrocientos años de peleas, de ser de unos y otros
para volverse un día la ciudad más al norte de Inglaterra y para siempre.
Por la ventana vimos Berwick-upon-Tweed como una exhalación,
sus muros medievales,
la noche que caía,
el fin del viaje.

***

LA VEZ QUE NO FUIMOS A VENECIA

estábamos en Londres, muy felices.
Pero la peste vino y se tragó palomas, góndolas y puentes y no fuimos.
Tampoco nos quedamos. Londres,
magnífica, insolente, siempre cara, estaba ahí,
en todo su esplendor y así de inaccesible.

La vez que no fuimos a Venecia fui feliz.
Tampoco nos quedamos.
Felicidad no dura en todas partes.
Felicidad te esquiva.
Reconocerla es fácil, lo difícil,
decía yo, es quedarse.

***

OERLIKON-HINVWIL, INVIERNO BOREAL DE 2017

En Wallisellen parecía que se había derrumbado el cielo
y había una grúa en la estación
que no lograba levantarlo.

En Dübendorf ya había puro campo.
Sin vacas.
Sólo cuervos.

En Schwerzenbach, el guarda.
Está en primera –dijo– y su boleto
no sirve, es de segunda.

Cambié de coche. Y ya era
Nänikon-Greifensee,
ciudad esta última donde, después de ser tomada,
el 27 de mayo de 1444
decapitaron a todos sus defensores, excepto a dos,
porque la ejecución masiva es siempre cruel e injusta.

En Uster cabeceé.

Aathal tiene un museo para los dinosaurios.

Y en Wetzikon hay un sitio prehistórico
y el desempleo supera el 2%.

Así se llega a Hinwil, que no es nada.
Apenas hay un pueblo perdido al pie de las montañas.
o en todo caso es final de un recorrido
que alumbran tenuemente las luces de estación.

Hacía frío.
No vino nadie.

***

CARDENCHEROS

Son tres viejos con voces destempladas
que cantan en estilo de Cohauila y de Durango
un género en peligro de perderse.
Y son canciones tristes, que hablan del trabajo y amores desairados.
Supongo que el sombrero los ayuda.

***

PENSIONISTA

Me muestra la sala, el baño, la cocina,
también mi dormitorio, donde dejó unas toallas bien dobladas,
la cama ya tendida,
y con orgullo señala la pecera donde nada
detrás de algunas piedras
su único habitante.
Todo el amor, toda la fe que hay en la casa
se concentra en ese pececito que vive entre burbujas.
pendiente del reflejo de la luz
de la vela
que brilla indiferente al lado de su acuario.
Para ella y para mí,
y acaso para todos,
la vida pende de un reflejo.

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Autor: Jorge Fondebrider. Título: La suerte que nos toca. Editorial: Gog & Magog.

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Pablo75
Pablo75
4 horas hace

Prosa cortada.

Y muy poco interesante…

(¿A quién podrían interesarle líneas tan prosaicas como éstas – ¿y dónde estará la poesía en ellas? – : “Aquí vivió Ric Caddel, con quien cambiamos cartas y no nos conocimos nunca porque un día se murió. Tengo sus libros. Pronuncian “Duuran”, muy rápido y cortito, y rápido y cortito pasa el tren por la ciudad” ?)