Tras una tragedia personal, tras una muerte en la familia o la muerte de tu mejor amigo, uno tiene que comenzar por perdonarle al mundo que no se detenga, que apenas nada cambie de un día para otro. ¿Cómo es posible que los desconocidos no sepan de la injusticia que acaba de caer sobre ti? ¿Cómo es posible que el mundo no se congele cuando lo que sientes es superior a cualquier moral y al impulso de los planetas? Hay que hacerse a la idea de que para seguir viviendo, uno debe comenzar por perdonar que la vida de los demás, sobre todo la de los desconocidos, no cambie. Es a la vez fácil y complicado imaginar en qué medida se exacerba esto en el caso de Sonali Deraniyagala (Colombo, Sri Lanka, 1964), que sobrevive al gran tsunami de 2004, pero pierde a su familia: a su marido, a sus dos hijos y a sus padres. El libro que tenemos entre manos es estremecedor, y aquí debemos aclarar que este adjetivo es un elogio, porque mientras leemos y tratamos de sentir lo que Deraniyagala siente nos damos cuenta de que somos humanos. Es un libro que infunde valor, que transmite ganas de vivir, aunque nos esté hablando literalmente de la muerte y el duelo.
El libro nos lleva de una etapa a otra con grandes saltos cronológicos. Y así vamos comprobando cómo el dolor se transforma en nostalgia, aunque no sabemos si a pesar de la propia Deraniyagala: «Durante meses y meses después de la ola, apenas podía soportar oír los nombres de los amigos de mis hijos. Y cuando empecé a verlos de nuevo, me daba miedo que me recordaran cómo serían ahora mis hijos, miedo a saber todo lo que se estaban perdiendo. Ahora veo a los amigos de mis hijos con frecuencia. Cuando nos encontramos, rebosan entusiasmo y me encanta su vitalidad. Y hacen que mis hijos sean reales de nuevo». De lo que sí estamos seguros es de que este es un caso de resiliencia que hace empalidecer a los que nos ponen como ejemplos habituales: «¿Cómo es posible que gran parte de mi vida ni siquiera parezca mía?». Que vaya aprendiendo a integrar esa gran tragedia lo demuestra el hecho de que a medida que avanzamos en la lectura descubrimos que Deraniyagala va siendo menos reflexiva, si entendemos reflexionar por una introspección, y más narradora. Va hablando de sus recuerdos, de su juventud, del cabeza loca de su marido, y reconciliándose con los lugares que compartieron y que llegó a odiar, en algunos casos incluso por ser demasiado hermosos. Y es que nada es lo bastante extenso como para contener el dolor. De eso trata este libro, de mostrarnos cómo reconciliarnos con el mundo cuando se hace más pequeño que el dolor que sentimos. Y que alguien sepa hacer eso sin caer en falsos sentimentalismos es duro, pero es una maravilla.
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Autora: Sonali Deraniyagala. Título: Ola. Traducción: Tania Gaviño. Editorial: Capitán Swing. Venta: Todos tus libros.


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