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Sobre la sensibilidad pública

Sobre la sensibilidad pública

Que se añada el adjetivo “político” a cualquier actividad no tiene por qué ser tratado como un tumor. En primer lugar, uno no debería asustarse. Y, en segundo lugar, convendría aclarar a qué se refiere este adjetivo, coordinar una definición. “Política” viene del griego politikós, que significa “de los ciudadanos”, y a su vez deriva de la palabra pólis, que se traduce como “ciudad”, es decir, el espacio común, todo lo que afecte a la vida que compartimos. En algún momento de este ensayo, pensado como una conferencia, Richard Ford (Jackson, Mississippi, 1944) habla de política refiriéndose a la sensibilidad pública, si es que fuera posible separarla de la sensibilidad privada: «La novela sería política solo si el lector interiorizaba de manera inconsciente la máxima de Aristóteles de que la vida pública es una extensión de la vida privada, y a continuación se olvidaba de la política». De la pregunta que parte Ford es la de cuestionarse si su obra, sobre todo sus novelas, son narraciones políticas.

"Parte de momentos autobiográficos, seleccionando aquellos que pudieron afectar más a su carrera creativa, a sus principios literarios y a las modificaciones que estos han ido sufriendo"

Ford no se asusta por la duda, porque sabe que no se trata de literatura que pretenda actuar, afectar a la vida política, a la vida de los ciudadanos como ciudadanos, pues los presupuestos de los que parte tienen que ver con la condición humana y sus conflictos. Lo cual, expone, es la fuente de la que beben los mejores novelistas. Pero sí quiere centrarse en resolver, si fuera posible, esa cuestión, dado que la convivencia del ámbito literario y político, su cooperación, beneficia al resultado de la obra. En caso de resolver esa tensión con acierto, se conectará «de forma explícita y desgarradora la historia con el destino de los individuos», en expresión que Ford utiliza para referirse a Huéspedes de la nación, un relato de Frank O’Connor.

Para explicar a lo que se refiere, Richard Ford recurre a lo vivido. Parte de momentos autobiográficos, seleccionando aquellos que pudieron afectar más a su carrera creativa, a sus principios literarios y a las modificaciones que estos han ido sufriendo. Conoció la segregación racial, padeció una dislexia que le obligó a ser un lector lento, y fue evolucionando en su idea de lo que debe ser una narración, en su idea de lo que es literatura, en cómo debe construirse un relato en el que poco a poco, inevitablemente, se van acumulando datos, hechos, cosas, y nada es desdeñable de afectarnos. Ford sabe que es importante elegir bien qué contar, y se rebela contra los tópicos: «Las convenciones intentan contarnos cómo funciona normalmente el mundo. Pero los escritores de ficción, como dice Frye, se esfuerzan por mantenerse imparciales en estos asuntos para poder plantear libremente lo novedoso». A lo que cabe sumar lo que uno hace con sus influencias, cómo las asimila y las traduce en obra personal.

"Para Ford, la novela es una forma de abordar el mundo, la suya, la que encuentra que justifica su vida, en la que él es un escritor más, alguien que no se trata a sí mismo como ejemplo universal"

Y luego viene la tarea con el lenguaje, ese pico y pala al que se suma un sentido placentero. Escribir una novela se gesta sobre la inquietud y se organiza de forma creativa. Pero para Ford no conviene perder de vista que habrá un lector: «las reglas las establece el escritor y pueden complacer al lector lo bastante como para que las acepte, aunque no se las crea de verdad». Eso sí, el autor debe poseer algo que desee insertar en la obra, y embutirlo en un contexto lógico, que tenga sentido, aunque sea provisionalmente. Para Ford, la novela es una forma de abordar el mundo, la suya, la que encuentra que justifica su vida, en la que él es un escritor más, alguien que no se trata a sí mismo como ejemplo universal y que viene a exponer aquí un parecer propio en palabras sencillas. «¿Acaso la narrativa no ha de pretender siempre aumentar nuestra porción de realidad disponible?». Esa frase, expuesta entre interrogaciones, resume la intención de esta exposición de ideas de uno de los grandes novelistas vivos.

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Autor: Richard Ford. Título: En palabras sencillas. Traducción: Damià Alou. Editorial: Feltrinelli. Venta: Todos tus libros.

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